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El Santiago escondido de la Catedral de Lugo


Cada 25 de julio, Galicia celebra la solemnidad del Apóstol Santiago. Las miradas se dirigen inevitablemente hacia Compostela, pero la huella jacobea se extiende mucho más allá de la ciudad en la que se conserva su sepulcro. También está profundamente grabada en la historia, el arte y la arquitectura de la Catedral de Lugo.

Documentos antiguos, esculturas, pinturas, relieves y hasta una capilla dedicada al Apóstol muestran una vinculación que va mucho más allá del paso del Camino Primitivo por la ciudad. Son las huellas de un Santiago que permanece a la vista de todos, aunque muchas veces pase inadvertido.

Una tradición conservada durante siglos

La documentación del Archivo de la Catedral permite comprobar la importancia que tuvo la tradición jacobea en la Iglesia lucense durante la Edad Moderna.

Un estatuto episcopal de 1672 recoge una antigua tradición según la cual el propio Apóstol habría predicado en la ciudad de Lugo, entonces colonia romana, y habría dejado al frente de la primera comunidad cristiana a su discípulo san Capito.

No se trata de un hecho que pueda demostrarse históricamente, sino de una tradición mantenida durante siglos y que llegó a formar parte de la conciencia de la Catedral. San Capito aparece representado en distintos lugares del templo: en la fachada principal, en el coro de Francisco de Moure y en documentos conservados en el archivo.

La identificación de Lugo con Santiago fue tan intensa que, en el siglo XVII, el Cabildo lucense intervino en una de las grandes controversias religiosas del momento.

En 1627, cuando se promovía que santa Teresa de Jesús compartiese el patronazgo de España con el Apóstol, el Cabildo defendió que no se modificase un patronazgo que consideraba asentado por la historia y por la devoción. Los documentos lucenses alegaban precisamente la antigua tradición que vinculaba la fundación de la Iglesia de Lugo con Santiago.

El Apóstol que cambia con los siglos

Las colecciones del Museo Diocesano Catedralicio permiten realizar un recorrido por las distintas formas de representar a Santiago.

Una escultura del siglo XV lo muestra sentado en una cátedra. No aparece todavía como el peregrino que avanza por los caminos, sino como Apóstol y maestro: una figura revestida de autoridad, con un rostro idealizado y un tocado propio de los peregrinos de alta condición de finales de la Edad Media.

Otra imagen procedente de Santiago de Meilán, realizada en el primer tercio del siglo XVI, conserva al Apóstol sentado, pero introduce un lenguaje diferente. El rostro resulta más humano y realista, las vestiduras adquieren movimiento y el oro llena la composición. El arte del Renacimiento buscaba acercar el santo al fiel sin disminuir su dignidad.

En otras obras, Santiago ya aparece como peregrino. Lleva el bordón, el sombrero y la esclavina con las conchas que permiten reconocerlo. Así puede contemplarse en un atril de plata de 1793, en una pintura del siglo XVIII conservada en la sala capitular y en diferentes esculturas de las colecciones del museo.

No son imágenes repetidas. Cada una refleja el modo en el que una época comprendió al Apóstol: como maestro, peregrino, intercesor o testigo de Cristo.

Santiago entre los apóstoles del coro

Una de sus representaciones más importantes se encuentra en el coro de la Catedral, tallado por Francisco de Moure y concluido en 1625.

Entre las numerosas figuras que habitan la sillería aparece Santiago con sus atributos de peregrino. Forma parte de un gran relato visual que acompaña la oración cotidiana del Cabildo y recuerda que la peregrinación cristiana no consiste únicamente en desplazarse hacia un lugar: es también un camino interior de seguimiento de Cristo.

Santiago aparece igualmente en el antiguo retablo mayor de Cornielles de Holanda, de 1532, dentro de la escena de la Transfiguración en el monte Tabor. El Evangelio lo sitúa allí junto a Pedro y Juan, contemplando la gloria de Jesús antes de afrontar el camino hacia Jerusalén.

Una capilla propia en la girola

La presencia jacobea adquiere un espacio propio en la capilla de Santiago el Mayor, situada en la girola, junto a las capillas de la Virgen de los Ojos Grandes y de san Juan Bautista.

La capilla conserva una reja realizada por Pedro de Sobrado en 1572 y un retablo presidido actualmente por una imagen devocional del Apóstol. Fotografías y documentos históricos permiten conocer también los retablos anteriores y las transformaciones experimentadas por este espacio a lo largo de los siglos.

En la Catedral, por tanto, Santiago no es únicamente una figura representada en una escultura. Tiene un lugar propio dentro de la arquitectura y de la vida devocional del templo.

Lugo también forma parte del relato jacobeo

Desde 2015, la Catedral de Lugo forma parte del conjunto declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO como bien vinculado a los Caminos del Norte de Santiago. Miles de peregrinos llegan cada año hasta ella siguiendo el Camino Primitivo.

Sin embargo, su relación con Santiago es mucho más antigua que este reconocimiento. Está escrita en documentos de archivo, tallada en la madera del coro, pintada sobre lienzo, modelada en esculturas y conservada en una capilla que lleva su nombre.

Este 25 de julio puede ser una oportunidad para volver a mirar la Catedral y descubrir esas huellas. Porque el camino hacia Santiago también atraviesa la historia y el patrimonio de Lugo.

Este artículo ha sido elaborado a partir de la investigación presentada por Marcos Gerardo Calles Lombao, director del Museo Diocesano Catedralicio de Lugo, en las XVII Lecciones Jacobeas Internacionales de la Universidade de Santiago de Compostela, celebradas en julio de 2026.