Las pinturas, ocultas durante siglos bajo varias capas de cal, recuperan para la Ribeira Sacra un valioso testimonio artístico y espiritual de finales de la Edad Media.
El obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco Rouco, inauguró este martes las pinturas murales descubiertas y restauradas en la iglesia del Monasterio del Divino Salvador de Ferreira de Pantón, una intervención que ha permitido recuperar uno de los conjuntos pictóricos más singulares del patrimonio religioso de la Ribeira Sacra.
Durante el acto, Mons. Carrasco destacó que el hallazgo trasciende su indudable valor artístico para convertirse también en una recuperación de la memoria histórica y espiritual de la comunidad cristiana que ha dado vida a este lugar durante siglos.
«Todos apreciamos su valor pictórico, pero sobre todo las sentimos como algo propio, como desvelar de nuevo un poco de nuestra historia y de nuestra tradición profunda», señaló el obispo.

Las pinturas representan la Anunciación y la figura de Cristo Pantocrátor, ofreciendo una síntesis visual del misterio de la Encarnación y de la salvación cristiana. Mons. Carrasco explicó que estas imágenes constituían una auténtica catequesis para los fieles de la época, permitiendo comprender de manera sencilla los contenidos fundamentales de la fe.
«Entrar en una iglesia con estas expresiones de fe ayudaba a abrir el horizonte verdadero de la vida. También las personas más humildes encontraban aquí la esperanza y la certeza de que su destino está en las manos del verdadero Señor», afirmó.

La importancia de una comunidad viva
El obispo quiso subrayar especialmente el papel desempeñado por la comunidad cisterciense de Ferreira de Pantón, que ha conservado este patrimonio a lo largo de los siglos y mantiene vivo el sentido espiritual del monasterio.
«Estas pinturas permanecen gracias a que existe una comunidad viva que habita este lugar. Forman parte de una historia mucho más grande, hecha de personas, de comunidades y de fe», destacó.
Mons. Carrasco recordó asimismo la relevancia de la presencia cisterciense en la diócesis y agradeció la generosidad de la benefactora que hizo posible la restauración del conjunto mural.
«La conservación del patrimonio necesita también de iniciativas personales y de personas que aman sus iglesias y sus lugares. Gracias a esa generosidad ha sido posible recuperar estas pinturas para todos», señaló.

Un descubrimiento inesperado
La comunidad monástica recibió con sorpresa el hallazgo. La abadesa, Madre Cruz, explicó que durante años las manchas visibles en la bóveda fueron interpretadas como simples humedades provocadas por antiguas filtraciones.
«Ha sido una sorpresa mayúscula. Sabíamos que había unas manchas, pero nunca imaginamos encontrar unas pinturas tan grandes y tan hermosas. Ha sido un momento muy emocionante para nosotras», afirmó.
La superiora recordó además que el monasterio, cuyos orígenes se remontan al siglo X, continúa siendo hoy el único monasterio cisterciense femenino habitado de Galicia, donde las monjas desarrollan su vida siguiendo la tradición benedictina del «ora et labora», centrada en la oración, el trabajo y la acogida.

Un minucioso trabajo de restauración
La restauradora, Vania López, responsable de la intervención explicó que las primeras catas realizadas bajo las capas de cal permitieron detectar indicios de decoración mural que pronto revelaron la existencia de un importante conjunto pictórico.
Los trabajos confirmaron la presencia de pinturas realizadas entre los siglos XV y XVI, correspondientes a una época en la que los templos se decoraban con escenas religiosas destinadas a transmitir la fe a una población que, en gran medida, no sabía leer.
La restauración requirió la eliminación manual, capa a capa, de los encalados acumulados durante siglos, así como la consolidación de los morteros originales y la reintegración cromática de las zonas perdidas mediante técnicas reversibles y respetuosas con la obra histórica.
Según explicó la especialista, el conjunto destaca por el gran tamaño de sus figuras, una característica poco habitual entre las pinturas murales conservadas en la Ribeira Sacra y en otros conjuntos gallegos de la misma época.
La recuperación de estas pinturas supone una nueva aportación al extraordinario patrimonio histórico, artístico y espiritual de la Ribeira Sacra, reforzando el valor del monasterio de Ferreira de Pantón como uno de los grandes referentes del monacato y de la vida contemplativa en Galicia.

María José Campo
























































