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Don Alfonso: «Celebramos la gracia de Dios por la que podemos mirar a la muerte sin miedo»

Foto: Dani Gil.


En la tarde de este miércoles, conmemoración de todos los fieles difuntos, el Obispo de Lugo, monseñor Alfonso Carrasco, presidió la Eucaristía en la capilla del cementerio municipal de la ciudad de Lugo. A ella asistieron un gran número de fieles y varios párrocos de la capital.

Transcribimos la homilía pronunciada por el Obispo en esta celebración:

Queridos hermanos:

Queridos hermanos sacerdotes de las parroquias de Lugo:

Celebramos hoy la conmemoración de los fieles difuntos. No celebramos la muerte; para nosotros no es tiempo de celebrar la muerte sino la gracia de Dios por la cual podemos mirar a la muerte sin miedo.

Si nos fijamos en lo que ahora se pone de moda en esas celebraciones de muertos, nos damos cuenta de que son reflejo de un mundo que ha perdido la vida, que está en la sombra, que sufre la oscuridad. Pero nada de eso es la fiesta de los difuntos según nuestra fe. Nosotros llevamos dentro una paz y una libertad muy grandes ante la muerte; no porque nosotros la podamos vencer sino porque estamos con Aquel que la ha vencido y, por Él, estamos ciertos de la vida.

Hoy nosotros estamos en una celebración en la cual contemplamos a todos los fieles difuntos. Pero no nos quedamos en esa contemplación sino que los miramos para ponerlos en las manos de Dios. En esta celebración hablamos con Él pidiéndole que se cumpla su voluntad, sabiendo que es la que reveló en Jesús: no la muerte sino la vida plena, una vida no limitada por nada. Así, por Jesús, conocemos a Dios, lo entendemos y lo amamos.  

Nuestro Dios es el Dios de la vida, de una vida que tiene que pasar por la libertad, por el amor, por la fe. Así, nosotros confiamos en Dios y miramos a la muerte a la luz más grande que es nuestra relación con Él, con su amor, del que estamos seguros. Por eso nosotros no tenemos miedo: sabemos adónde vamos y con quién vamos. Si estuviéramos solos, razonablemente tendríamos miedo porque la muerte sería la destrucción y ¿quién no teme  la destrucción?

No estamos solos. Nos recordaba el Evangelio de hoy: «cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Hay un amor profundísimo en el Hijo de Dios que se hizo hombre por nosotros, que murió y resucitó por nosotros y con esta conciencia nosotros miramos a la muerte sin miedo.

Así hoy nos presentamos ante Él, con confianza, y le pedimos humildemente en esta Santa Misa por todos los difuntos, por todos los que han muerto en el mundo. Todos han sido creados por Él y por todos murió nuestro Señor y Dios. Y con esta confianza, con la seguridad de que formamos parte de una familia inmensa. El Padre no deja de amar y no excluye a nadie sino que a todos ofrece la luz, la luz que ilumina al corazón, si uno quiere recibirla.

Nosotros pedimos hoy por todos los difuntos porque no carecemos de esperanza sino que pedimos con toda esperanza por ellos: que la vida que el Señor Jesucristo nos ha prometido, ese amor, ese bien, habite en los corazones.

No estamos solos. La muerte es el signo de la soledad pero nosotros celebramos que no estamos solos, que cuando muramos estamos con el Señor, como cuando vivimos. Celebramos que, aunque nosotros puede que algún día nos olvidemos de los que han muerto, sabemos que la Iglesia no los olvidará nunca, siempre rezará. Esta solidaridad profunda, inmensa, cierta, es nuestra fe, lo que nosotros creemos.

Demos hoy gracias a Dios que nos ha abierto el camino de la vida, que nos permite vivir con libertad, acompañarnos los unos a los otros, también ante la muerte, para decir la palabra que sostiene el corazón, que ilumina para afrontar los desafíos más grandes.

Pidamos que el Señor nos ayude a estar unidos y a acompañarnos en las dificultades de la vida, especialmente los momentos de la muerte. Él, que murió y resucitó por nosotros, lleve desde la muerte hasta la resurrección a todos nuestros difuntos, especialmente a los enterrados en este cementerio.

Momento de la comunión duranta la Eucaristía celebrada en la capilla del cementerio municipal de Lugo.