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De Lucus a la Ciudad del Sacramento


Cada junio, Lugo vuelve la mirada hacia sus orígenes. El Arde Lucus transforma las calles en la antigua Lucus Augusti y nos invita a recordar el tiempo de las legiones romanas, los pueblos galaicos y el nacimiento de una de las ciudades más antiguas de Galicia.

Durante unos días, la ciudad revive su pasado romano. Pero bajo el eco de los tambores, los mercados y los campamentos se esconde otra historia igualmente fascinante: la de cómo el cristianismo arraigó en aquella ciudad del Imperio hasta convertirse en una de las señas de identidad más profundas de Lugo.

Este recorrido se inspira en las investigaciones de Jaime Delgado Gómez, sacerdote, arqueólogo e historiador, cuya obra sigue siendo una referencia imprescindible para comprender los orígenes del cristianismo en la antigua Gallaecia.

Una nueva fe llega a la Lucus romana

Nadie puede afirmar con certeza cuándo surgió la primera comunidad cristiana en Lugo. Los documentos son escasos y la arqueología no siempre ofrece respuestas definitivas. Sin embargo, la tradición y diversos estudios históricos sitúan los orígenes de la evangelización de estas tierras en los primeros siglos del cristianismo.

Aquella comunidad nació en una ciudad que ocupaba una posición privilegiada en el noroeste peninsular. Lucus Augusti era un importante centro administrativo y comercial, protegido por una poderosa muralla y conectado con el resto del Imperio por una extensa red de comunicaciones.

Por sus caminos viajaban soldados, comerciantes y funcionarios. También, probablemente, las primeras noticias de aquella nueva fe nacida en Palestina que acabaría transformando el mundo romano.

Los primeros cristianos de Lugo vivieron inmersos en la cultura romana. Hablaron latín, utilizaron las mismas vías de comunicación y compartieron muchos de los lenguajes culturales de su tiempo. El cristianismo no surgió al margen de la ciudad; creció dentro de ella.

Cuando Lugo ya era una gran sede episcopal

Si los primeros siglos permanecen envueltos en cierto misterio, el siglo VI nos ofrece una realidad perfectamente documentada.

La Iglesia de Lugo aparece entonces plenamente consolidada. La participación de la sede lucense en los concilios de Braga demuestra la importancia que había alcanzado dentro de la organización eclesiástica de la antigua Gallaecia.

En el año 561 se celebró el I Concilio de Braga, una de las grandes asambleas del reino suevo. La presencia de la Iglesia lucense en aquel contexto refleja el peso religioso que Lugo había adquirido varios siglos después de su fundación romana.

El dato adquiere una dimensión especial si lo observamos desde la perspectiva actual. Cuando los obispos lucenses participaban en aquellos concilios, todavía faltaban más de dos siglos para el descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago y para el nacimiento de Compostela como gran centro de peregrinación.

Mientras la futura Santiago aún no había alcanzado el protagonismo que tendría después, Lugo era ya una ciudad consolidada y una de las principales sedes episcopales del noroeste peninsular.

El secreto bajo la Catedral: novecientos años sobre muchos más siglos de historia

En 2029 la Catedral de Lugo celebrará el noveno centenario del inicio de la construcción del actual templo románico. Sin embargo, la historia cristiana de este lugar es mucho más antigua que esos novecientos años.

Las investigaciones arqueológicas realizadas en su entorno han permitido documentar distintas fases constructivas anteriores a la actual catedral. Bajo el edificio iniciado en 1129 se conservan vestigios de épocas anteriores que remiten a la Lugo altomedieval y, más atrás aún, a la propia ciudad romana.

Los estudios arqueológicos apuntan a que en este entorno se desarrolló el complejo episcopal de la ciudad, centro de la vida religiosa de una sede que ya aparece plenamente consolidada en el siglo VI.

Pocas ciudades pueden presumir de una continuidad semejante. Bajo las piedras de la Catedral se superponen siglos de historia: la Lucus Augusti romana, la Lugo sueva y visigoda, la ciudad medieval y el templo que continúa siendo hoy el corazón espiritual de la diócesis.

Pero la singularidad de la Catedral de Lugo no reside únicamente en su antigüedad. Desde hace siglos conserva una tradición excepcional: la exposición permanente del Santísimo Sacramento, día y noche. Esta devoción ha dado lugar a una identidad única, la de Lugo Ciudad del Sacramento, convirtiendo a la Catedral lucense en un referente singular dentro de la Iglesia universal.

Por eso, la celebración del noveno centenario no será únicamente la conmemoración de una construcción iniciada en 1129. Será también la ocasión de recordar una historia de fe que hunde sus raíces en la antigua Lucus Augusti y que ha llegado viva hasta nuestros días.

Las huellas de los primeros cristianos

La historia de aquellos siglos sigue apareciendo bajo nuestros pies.

El enigma de la Plaza de Santa María

A escasos metros de la Catedral, bajo el suelo acristalado de la Plaza de Santa María, se conserva uno de los hallazgos arqueológicos más sugerentes de Lugo. Se trata de una estructura rectangular con escalinatas y mosaicos cuya interpretación continúa siendo objeto de debate entre los especialistas.

Para Jaime Delgado Gómez, este espacio podía estar relacionado con los primeros momentos del cristianismo lucense y con el complejo episcopal que comenzó a desarrollarse en el corazón de la ciudad durante la Antigüedad tardía. Entre las hipótesis planteadas figura la posibilidad de que se tratase de un baptisterio paleocristiano, vinculado a las primeras comunidades cristianas de Lugo.

Otros investigadores han defendido interpretaciones diferentes, pero todos coinciden en señalar la extraordinaria importancia del hallazgo para comprender la evolución de la ciudad entre el mundo romano y la época cristiana.

Si la Muralla es el gran símbolo de la Lucus romana, la Plaza de Santa María podría guardar una de las claves para comprender la Lugo cristiana.

El Crismón de Quiroga: un símbolo de una nueva época

Entre las piezas más importantes del patrimonio cristiano gallego destaca el célebre Crismón de Quiroga, conservado en el Museo Diocesano de la Catedral.

Datado en el siglo V, este monumental disco de mármol constituye uno de los testimonios más valiosos de la implantación del cristianismo en el noroeste peninsular.

Jaime Delgado lo consideró una pieza fundamental para comprender la transición entre el mundo hispanorromano y la nueva sociedad cristiana que comenzaba a configurarse en la antigua Gallaecia. En él conviven la tradición cultural romana y los nuevos símbolos de la fe cristiana.

 

La tapa del sarcófago de Temes: la fe cristiana llega por el Miño

Entre los testimonios más extraordinarios del cristianismo primitivo en la actual diócesis de Lugo destaca la tapa del sarcófago paleocristiano de Santa María de Temes, en el municipio de Carballedo.

La pieza, estudiada por Jaime Delgado Gómez, fue esculpida en mármol pentélico procedente de Grecia y realizada en un taller romano durante la época de Constantino, probablemente entre los años 312 y 325. Su llegada hasta el interior de Galicia constituye por sí sola un hecho extraordinario. Todo apunta a que alcanzó estas tierras a través de las rutas comerciales del Imperio, remontando el río Miño, una de las grandes vías de comunicación del noroeste hispano.

La escena representada en la tapa corresponde a la Adoración de los Magos, uno de los temas más difundidos por el arte cristiano de los primeros siglos. María aparece sentada sosteniendo al Niño mientras los Magos avanzan para ofrecerle sus dones. Esta iconografía ya era conocida en las catacumbas romanas y en los sarcófagos paleocristianos de Italia, lo que demuestra la estrecha relación cultural que existía entre las comunidades cristianas de Gallaecia y el resto del mundo romano.

Pero la importancia de la pieza va mucho más allá de su extraordinaria calidad artística. Su presencia en Temes constituye una de las evidencias materiales más antiguas del cristianismo gallego. Revela la existencia, ya en el primer tercio del siglo IV, de grupos cristianos capaces de participar de las corrientes culturales y religiosas que recorrían el Imperio.

Jaime Delgado interpretó este monumento como una prueba de la temprana implantación del cristianismo en estas tierras. La tapa del sarcófago no es únicamente una obra de arte; es también el testimonio silencioso de una comunidad cristiana que vivía en la Galicia romana cuando el cristianismo comenzaba a salir de la clandestinidad y a ocupar un lugar visible en la sociedad imperial.

Contemplar hoy esta pieza supone asomarse a una época en la que la fe cristiana daba sus primeros pasos en el noroeste peninsular. Desde una pequeña parroquia junto al Miño, Temes conserva así uno de los vínculos más directos entre la Galicia actual y el cristianismo de los tiempos de Constantino.

Santa Eulalia de Bóveda: el gran misterio

A pocos kilómetros de Lugo se levanta uno de los monumentos más enigmáticos de Galicia.

La función original de Santa Eulalia de Bóveda sigue siendo objeto de debate entre los especialistas. A lo largo de los años se han propuesto diversas interpretaciones para explicar su origen y significado.

Lo que sí sabemos es que el edificio acabó vinculado al culto cristiano, circunstancia que contribuyó decisivamente a su conservación hasta nuestros días.

Para Jaime Delgado, este singular monumento constituye un ejemplo privilegiado para estudiar la compleja transición entre el mundo romano tardío y los inicios del cristianismo gallego.

Una historia que sigue viva

Cuando estos días recorremos las calles engalanadas para el Arde Lucus, contemplamos mucho más que la memoria de una ciudad romana.

Contemplamos una ciudad que fue capaz de atravesar los siglos sin perder su identidad. Una ciudad donde la herencia romana, la tradición cristiana, la Catedral y la presencia permanente del Santísimo forman parte de una misma historia.

El Arde Lucus nos invita a recordar los orígenes de Lugo. La Catedral nos recuerda algo más: que aquella antigua Lucus Augusti nunca desapareció del todo.

Sigue viva en sus murallas, en sus calles, en sus piedras y en una comunidad cristiana que, después de más de quince siglos de presencia cristiana en estas tierras, continúa reuniéndose en el mismo corazón de la ciudad para celebrar la fe.

Quizá ahí resida la verdadera singularidad de Lugo. No solo en conservar uno de los conjuntos patrimoniales más valiosos de Europa, sino en haber mantenido vivo, generación tras generación, un legado espiritual que hunde sus raíces en la antigua ciudad romana y que encuentra hoy su expresión más visible en la Catedral y en la exposición permanente del Santísimo Sacramento que ha dado a Lugo el nombre de Ciudad del Sacramento.