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	<title>Homilías &#8211; Diócesis de Lugo &#8211; Obispado de Lugo</title>
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	<title>Homilías &#8211; Diócesis de Lugo &#8211; Obispado de Lugo</title>
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		<title>Homilía del Obispo en la Misa solemne de Corpus Christi</title>
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		<dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Jun 2023 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[Lugo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Transcripci&#243;n de la homil&#237;a pronunciada por el Obispo de Lugo, monse&#241;or Alfonso Carrasco, en la Misa de la fiesta de San Juan de &#193;vila, patr&#243;n del clero espa&#241;ol, celebrada en el Seminario Diocesano Conciliar de nuestra Di&#243;cesis el d&#237;a 10 de mayo de 2023.&#160; Queridos hermanos: Celebramos este d&#237;a de fiesta en el cual se [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[</p>
<p><br /></p>
<p>Transcripci&oacute;n de la homil&iacute;a pronunciada por el Obispo de Lugo, monse&ntilde;or Alfonso Carrasco, en la Misa de la fiesta de San Juan de &Aacute;vila, patr&oacute;n del clero espa&ntilde;ol, celebrada en el Seminario Diocesano Conciliar de nuestra Di&oacute;cesis el d&iacute;a 10 de mayo de 2023.&nbsp;</p>
<blockquote>
<p>Queridos hermanos:</p>
<p>Celebramos este d&iacute;a de fiesta en el cual se hace memoria del sacerdocio, que est&aacute; en el coraz&oacute;n de la Iglesia, de las Iglesias particulares, desde el origen; y tambi&eacute;n del nuestro en concreto.</p>
<p>Vivimos en esta inmensa tradici&oacute;n que viene desde los Ap&oacute;stoles, que viene desde Nuestro Se&ntilde;or. Escuch&aacute;bamos hoy al Ap&oacute;stol Pablo decir &laquo;la Palabra de Dios que vosotros no hab&eacute;is aceptado la anunciaremos a los paganos&raquo;. Pues nosotros estamos en esa tradici&oacute;n: &eacute;ramos paganos. Aqu&iacute; no vino el Ap&oacute;stol Pablo, quiz&aacute;s Santiago, pero es la misma Palabra de Dios. La Palabra que contiene muchas cosas, como luego nos dice el Evangelio, pero, en primer lugar y ante todo, es una palabra que habla de la fidelidad de Dios.</p>
<p>Dios es fiel. Es fiel a su obra y tambi&eacute;n ha sido fiel a su promesa. &Eacute;l se ha comprometido. &Eacute;l hizo una promesa y la mantendr&aacute;: le hizo una promesa a David y la mantendr&aacute;; le hizo una promesa al pueblo de Israel y la mantendr&aacute;. &Eacute;l es fiel. Completamente. La fidelidad de Dios se mantiene con el hombre que no cree en &Eacute;l muchas veces y que, desde el inicio, desde el para&iacute;so terrenal, fue desleal. Nosotros somos pecadores, con frecuencia, desleales; Dios es fiel. El Se&ntilde;or valora, el Se&ntilde;or juzga, &Eacute;l sabe sopesar las obras de los hombres. Nosotros no lo intentamos siquiera, sino que pedimos perd&oacute;n cada uno por sus pecados y nos alegramos del misterio de la misericordia y de la fidelidad. La Palabra de Dios es, en primer lugar, una palabra de fidelidad. Y esa palabra de fidelidad se realiz&oacute; en Jes&uacute;s para siempre. La palabra de Dios ha sido su entrega en la Cruz, su venir al mundo, su hacerse hombre y hermano nuestro.</p>
<p>Nosotros debemos mostrar ese amor, ese inmenso amor de Dios al hombre. Un amor que nosotros, por nosotros mismos, no tenemos. Ese amor que se ve bien en las dificultades de la propia vida. Nosotros tenemos que mostrar ese amor que el Se&ntilde;or tiene y que le mueve a hacerse hombre como nosotros, a morir por nosotros, a desvelar la verdad de las cosas.</p>
<p>En el misterio de la vida sacerdotal est&aacute;, antes de nada, un reconocimiento: el reconocimiento de una vocaci&oacute;n, el reconocimiento de una presencia que llama, que nos llama, que ha venido a nuestro encuentro. Y si nosotros olvid&aacute;semos el amor del Se&ntilde;or no podr&iacute;amos cumplir nuestra misi&oacute;n adecuadamente; no lo har&iacute;amos bien. Si olvid&aacute;semos esta fidelidad de Dios&hellip; S&iacute;, celebraremos la Eucarist&iacute;a pero nos olvidar&iacute;amos de que en el centro est&aacute; la maravilla del amor del Se&ntilde;or que se nos da. Y, &iquest;qu&eacute; es lo que en realidad celebrar&iacute;amos si perdi&eacute;semos este sentido del reconocimiento y de la gratitud? Predicar&iacute;amos mal porque predicar&iacute;amos otras cosas, no la Palabra de Dios que se ha hecho carne y que ha dado su propia carne por la vida del mundo. Predicar&iacute;amos cosas que no ser&iacute;an para el bien de las personas, ni para la salvaci&oacute;n de los hombres, ni para nuestra vocaci&oacute;n. Por eso para que &laquo;la sal no se vuelva sosa&raquo; tenemos que guardar memoria de la vocaci&oacute;n, del amor inmenso y reconocer esta presencia de Dios que ha acompa&ntilde;ado al pueblo de Israel, que ha acompa&ntilde;ado a la humanidad, que ha acompa&ntilde;ado nuestra vida. Esta memoria la necesitamos hoy y la celebramos volviendo la mirada al amor de Dios.</p>
<p>El Evangelio dec&iacute;a &laquo;sois la luz del mundo&raquo;. Este anuncio es un anuncio necesario para que la vida tenga sentido y que las personas puedan abrazar su existencia. Para que se ilumine el camino de la vida que no se ilumina sin Dios. Porque sin ese sentido no se coloca cada cosa en su sitio, no ves el valor de las acciones, no ves el valor de tu existencia ni el valor de los dem&aacute;s, no ves bien porque no hay luz suficiente. Cuando no est&aacute; esta presencia divina que irradia verdad, no ves. Y debemos tener conciencia de ello, nosotros que estamos llamados a esta misi&oacute;n.</p>
<p>Todos los sacerdotes nos encontramos con una objeci&oacute;n constante a nuestro alrededor. Todos los que est&aacute;n en la pastoral de cada d&iacute;a se enfrentan constantemente con una objeci&oacute;n que dice que no es verdad que sea necesario Dios para vivir porque la vida es otra cosa a la que le bastan las leyes de este mundo. Pero esto no es verdad: No se entiende la vida sin Dios. No es el horizonte de este mundo el horizonte de la vida de nadie. Y es que no valorar&iacute;as la dignidad de nadie si no hubiese un horizonte m&aacute;s grande, una dignidad trascendente. Nosotros tenemos que mantener claramente esta verdad porque somos llamados a ser luz en este mundo.</p>
<p>Resulta urgente precisamente porque la negaci&oacute;n de Dios en este sentido es muy antigua, pero tambi&eacute;n nueva. No necesitamos de Dios para vivir, dicen, pero no hay luz suficiente para vivir si la del Se&ntilde;or no est&aacute; presente.</p>
<p>Nosotros, si escondemos al Se&ntilde;or no hacemos un favor, no amamos. Si amas, &iquest;evitas ayudar a ver d&oacute;nde se equivoca aquel a quien amas? &iquest;No le ayudas a corregir? &iquest;No le dices c&oacute;mo est&aacute;n las cosas? T&uacute;, a quien no te importa, no le dices nada y si se equivoca, all&aacute; &eacute;l; pero si le quieres te importa. Si nosotros despreciamos la verdad de las cosas estamos haciendo un gesto de indiferencia para con nuestra gente; y los fieles lo ven. Tambi&eacute;n si cuidamos las cosas, si nos importan ellos, si atendemos a decir la verdad de las cosas fundamentales y la verdad de lo que forman parte de la vida de cada d&iacute;a, lo ven.</p>
<p>Este afecto cotidiano forma parte de nuestra misi&oacute;n y es una forma de explicitar la verdad profunda del amor de Dios que nosotros estamos anunciando. No es posible anunciarlo si luego no lo cuidas en la realidad, si luego te parece que cualquier cosa vale, que cualquier ley es importante. Chocamos muchas veces con la resistencia; ahora, por ejemplo, acaban de hacer sentenciar, como todos sabemos, en el Tribunal Constitucional, diciendo cosas como que el aborto es un derecho. No es un derecho el aborto sino es un mal intr&iacute;nseco. &iquest;Entonces nosotros qu&eacute; vamos a decir? La verdad; tenemos que decir la verdad; tenemos que pensar en nuestros fieles y decir la verdad, decirla bien, pero decirla. Por ese amor verdadero no podemos callar. &iquest;Qu&eacute; bien le har&iacute;amos a nadie si no le dij&eacute;semos que abortar es hacer un da&ntilde;o y no ejercer un derecho? Pero decir esto hoy es un problema porque la sociedad, del mismo modo que te dice que Dios no influye en la vida, te dice que hagas el favor de no criticar nada de lo que las leyes o los poderes p&uacute;blicos est&aacute;n afirmando. Y nosotros no queremos callar; no vamos a hacer ninguna guerra porque no somos ning&uacute;n ej&eacute;rcito pero tenemos que decir la verdad.</p>
<p>Vemos entonces que la misi&oacute;n del sacerdote tiene mucho bueno porque est&aacute; sobre la base de un don muy grande y nosotros no dependemos de la aprobaci&oacute;n de nadie, de que nos aplaude el mundo. Nosotros hemos cre&iacute;do, hemos dicho que s&iacute; un d&iacute;a ante el Se&ntilde;or, de coraz&oacute;n. Y no buscamos la gloria que nos dan algunos o que nos podamos dar unos a otros. Nosotros deseamos gozar de la gloria del Se&ntilde;or que hemos empezado a gustar con nuestra vocaci&oacute;n. No tenemos urgencias de otras glorias sino deseo de que el amor inicial se haga pleno, perfecto, y que la vida llegue cumplimiento. Esta certeza es lo que nos debe dar tranquilidad y paz a la hora de cumplir nuestra misi&oacute;n. No necesitamos aplausos, deseamos poder hablar y que nos escuchan, claro, pero no buscamos los aplausos porque no los necesitamos.</p>
<p>Ahora vamos a celebrar esta Santa Misa y a pedir a nuestro patr&oacute;n, San Juan de &Aacute;vila, que interceda por nosotros. Y pedirle al Se&ntilde;or que mande obreros a su mies, obreros mejores incluso que nosotros. Obreros coraz&oacute;n que amen de todo coraz&oacute;n, que conozcan el amor de Dios, que est&eacute;n llenos de alegr&iacute;a, que quieran de verdad servir a su reba&ntilde;o, cuidarlo. Pidamos hoy al Se&ntilde;or&nbsp; que mande obreros a su mies, que los mande muy buenos y que sean para toda la Di&oacute;cesis apoyo y sost&eacute;n.</p>
<p>Y pidamos los unos por los otros porque el Se&ntilde;or nos ha puesto aqu&iacute;, nos ha llamado a nosotros, nos ha hecho hermanos, nos ha puesto juntos. S&iacute;, nos ha llamado nosotros y ha confiado en nosotros y ahora nosotros tenemos que confiar en &Eacute;l. &Eacute;l ha dicho: &lsquo;t&uacute; puedes, yo estoy aqu&iacute;, contigo&rsquo;.&nbsp; Y nosotros no tenemos que hacer mucho sino decir &lsquo;aqu&iacute; estoy, T&uacute; me has enviado, conf&iacute;o&rsquo;. Y acompa&ntilde;arnos como hermanos, pedir los unos por los otros, ayudarnos los unos a los otros.</p>
<p>Y pidamos tambi&eacute;n por aquellos que hoy no est&aacute;n aqu&iacute; porque est&aacute;n enfermos o tienen un problema. Hay sacerdotes enfermos, todos lo sabemos; no los olvidemos y pidamos por ellos para que reciban tambi&eacute;n la gracia de este d&iacute;a. Y encomendemos a aquellos que han fallecido desde el &uacute;ltimo a&ntilde;o, desde el &uacute;ltimo San Juan de &Aacute;vila, para que el Se&ntilde;or les asocie al coro de los elegidos, al coro de los Ap&oacute;stoles y de los sucesores de los Ap&oacute;stoles con los cuales ser&iacute;a una gracia grande merecer estar. Qu&eacute; un d&iacute;a nosotros merezcamos tambi&eacute;n estar en tan buena compa&ntilde;&iacute;a.</p>
</blockquote>
<p class='kyrios_post_author' style="font-size: 10px;text-align: right">
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			</item>
		<item>
		<title>Homilía de Don Alfonso en la Misa de la fiesta de San Juan de Ávila</title>
		<link>https://www.diocesisdelugo.org/homilia-de-don-alfonso-en-la-misa-de-la-fiesta-de-san-juan-de-avila/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 May 2023 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Contenido]]></category>
		<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[Lugo]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Transcripci&#243;n de la homil&#237;a pronunciada por el Obispo de Lugo, monse&#241;or Alfonso Carrasco, en la Misa de la fiesta de San Juan de &#193;vila, patr&#243;n del clero espa&#241;ol, celebrada en el Seminario Diocesano Conciliar de nuestra Di&#243;cesis el d&#237;a 10 de mayo de 2023.&#160; Queridos hermanos: Celebramos este d&#237;a de fiesta en el cual se [&#8230;]</p>
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<p><br /></p>
<p>Transcripci&oacute;n de la homil&iacute;a pronunciada por el Obispo de Lugo, monse&ntilde;or Alfonso Carrasco, en la Misa de la fiesta de San Juan de &Aacute;vila, patr&oacute;n del clero espa&ntilde;ol, celebrada en el Seminario Diocesano Conciliar de nuestra Di&oacute;cesis el d&iacute;a 10 de mayo de 2023.&nbsp;</p>
<blockquote>
<p>Queridos hermanos:</p>
<p>Celebramos este d&iacute;a de fiesta en el cual se hace memoria del sacerdocio, que est&aacute; en el coraz&oacute;n de la Iglesia, de las Iglesias particulares, desde el origen; y tambi&eacute;n del nuestro en concreto.</p>
<p>Vivimos en esta inmensa tradici&oacute;n que viene desde los Ap&oacute;stoles, que viene desde Nuestro Se&ntilde;or. Escuch&aacute;bamos hoy al Ap&oacute;stol Pablo decir &laquo;la Palabra de Dios que vosotros no hab&eacute;is aceptado la anunciaremos a los paganos&raquo;. Pues nosotros estamos en esa tradici&oacute;n: &eacute;ramos paganos. Aqu&iacute; no vino el Ap&oacute;stol Pablo, quiz&aacute;s Santiago, pero es la misma Palabra de Dios. La Palabra que contiene muchas cosas, como luego nos dice el Evangelio, pero, en primer lugar y ante todo, es una palabra que habla de la fidelidad de Dios.</p>
<p>Dios es fiel. Es fiel a su obra y tambi&eacute;n ha sido fiel a su promesa. &Eacute;l se ha comprometido. &Eacute;l hizo una promesa y la mantendr&aacute;: le hizo una promesa a David y la mantendr&aacute;; le hizo una promesa al pueblo de Israel y la mantendr&aacute;. &Eacute;l es fiel. Completamente. La fidelidad de Dios se mantiene con el hombre que no cree en &Eacute;l muchas veces y que, desde el inicio, desde el para&iacute;so terrenal, fue desleal. Nosotros somos pecadores, con frecuencia, desleales; Dios es fiel. El Se&ntilde;or valora, el Se&ntilde;or juzga, &Eacute;l sabe sopesar las obras de los hombres. Nosotros no lo intentamos siquiera, sino que pedimos perd&oacute;n cada uno por sus pecados y nos alegramos del misterio de la misericordia y de la fidelidad. La Palabra de Dios es, en primer lugar, una palabra de fidelidad. Y esa palabra de fidelidad se realiz&oacute; en Jes&uacute;s para siempre. La palabra de Dios ha sido su entrega en la Cruz, su venir al mundo, su hacerse hombre y hermano nuestro.</p>
<p>Nosotros debemos mostrar ese amor, ese inmenso amor de Dios al hombre. Un amor que nosotros, por nosotros mismos, no tenemos. Ese amor que se ve bien en las dificultades de la propia vida. Nosotros tenemos que mostrar ese amor que el Se&ntilde;or tiene y que le mueve a hacerse hombre como nosotros, a morir por nosotros, a desvelar la verdad de las cosas.</p>
<p>En el misterio de la vida sacerdotal est&aacute;, antes de nada, un reconocimiento: el reconocimiento de una vocaci&oacute;n, el reconocimiento de una presencia que llama, que nos llama, que ha venido a nuestro encuentro. Y si nosotros olvid&aacute;semos el amor del Se&ntilde;or no podr&iacute;amos cumplir nuestra misi&oacute;n adecuadamente; no lo har&iacute;amos bien. Si olvid&aacute;semos esta fidelidad de Dios&hellip; S&iacute;, celebraremos la Eucarist&iacute;a pero nos olvidar&iacute;amos de que en el centro est&aacute; la maravilla del amor del Se&ntilde;or que se nos da. Y, &iquest;qu&eacute; es lo que en realidad celebrar&iacute;amos si perdi&eacute;semos este sentido del reconocimiento y de la gratitud? Predicar&iacute;amos mal porque predicar&iacute;amos otras cosas, no la Palabra de Dios que se ha hecho carne y que ha dado su propia carne por la vida del mundo. Predicar&iacute;amos cosas que no ser&iacute;an para el bien de las personas, ni para la salvaci&oacute;n de los hombres, ni para nuestra vocaci&oacute;n. Por eso para que &laquo;la sal no se vuelva sosa&raquo; tenemos que guardar memoria de la vocaci&oacute;n, del amor inmenso y reconocer esta presencia de Dios que ha acompa&ntilde;ado al pueblo de Israel, que ha acompa&ntilde;ado a la humanidad, que ha acompa&ntilde;ado nuestra vida. Esta memoria la necesitamos hoy y la celebramos volviendo la mirada al amor de Dios.</p>
<p>El Evangelio dec&iacute;a &laquo;sois la luz del mundo&raquo;. Este anuncio es un anuncio necesario para que la vida tenga sentido y que las personas puedan abrazar su existencia. Para que se ilumine el camino de la vida que no se ilumina sin Dios. Porque sin ese sentido no se coloca cada cosa en su sitio, no ves el valor de las acciones, no ves el valor de tu existencia ni el valor de los dem&aacute;s, no ves bien porque no hay luz suficiente. Cuando no est&aacute; esta presencia divina que irradia verdad, no ves. Y debemos tener conciencia de ello, nosotros que estamos llamados a esta misi&oacute;n.</p>
<p>Todos los sacerdotes nos encontramos con una objeci&oacute;n constante a nuestro alrededor. Todos los que est&aacute;n en la pastoral de cada d&iacute;a se enfrentan constantemente con una objeci&oacute;n que dice que no es verdad que sea necesario Dios para vivir porque la vida es otra cosa a la que le bastan las leyes de este mundo. Pero esto no es verdad: No se entiende la vida sin Dios. No es el horizonte de este mundo el horizonte de la vida de nadie. Y es que no valorar&iacute;as la dignidad de nadie si no hubiese un horizonte m&aacute;s grande, una dignidad trascendente. Nosotros tenemos que mantener claramente esta verdad porque somos llamados a ser luz en este mundo.</p>
<p>Resulta urgente precisamente porque la negaci&oacute;n de Dios en este sentido es muy antigua, pero tambi&eacute;n nueva. No necesitamos de Dios para vivir, dicen, pero no hay luz suficiente para vivir si la del Se&ntilde;or no est&aacute; presente.</p>
<p>Nosotros, si escondemos al Se&ntilde;or no hacemos un favor, no amamos. Si amas, &iquest;evitas ayudar a ver d&oacute;nde se equivoca aquel a quien amas? &iquest;No le ayudas a corregir? &iquest;No le dices c&oacute;mo est&aacute;n las cosas? T&uacute;, a quien no te importa, no le dices nada y si se equivoca, all&aacute; &eacute;l; pero si le quieres te importa. Si nosotros despreciamos la verdad de las cosas estamos haciendo un gesto de indiferencia para con nuestra gente; y los fieles lo ven. Tambi&eacute;n si cuidamos las cosas, si nos importan ellos, si atendemos a decir la verdad de las cosas fundamentales y la verdad de lo que forman parte de la vida de cada d&iacute;a, lo ven.</p>
<p>Este afecto cotidiano forma parte de nuestra misi&oacute;n y es una forma de explicitar la verdad profunda del amor de Dios que nosotros estamos anunciando. No es posible anunciarlo si luego no lo cuidas en la realidad, si luego te parece que cualquier cosa vale, que cualquier ley es importante. Chocamos muchas veces con la resistencia; ahora, por ejemplo, acaban de hacer sentenciar, como todos sabemos, en el Tribunal Constitucional, diciendo cosas como que el aborto es un derecho. No es un derecho el aborto sino es un mal intr&iacute;nseco. &iquest;Entonces nosotros qu&eacute; vamos a decir? La verdad; tenemos que decir la verdad; tenemos que pensar en nuestros fieles y decir la verdad, decirla bien, pero decirla. Por ese amor verdadero no podemos callar. &iquest;Qu&eacute; bien le har&iacute;amos a nadie si no le dij&eacute;semos que abortar es hacer un da&ntilde;o y no ejercer un derecho? Pero decir esto hoy es un problema porque la sociedad, del mismo modo que te dice que Dios no influye en la vida, te dice que hagas el favor de no criticar nada de lo que las leyes o los poderes p&uacute;blicos est&aacute;n afirmando. Y nosotros no queremos callar; no vamos a hacer ninguna guerra porque no somos ning&uacute;n ej&eacute;rcito pero tenemos que decir la verdad.</p>
<p>Vemos entonces que la misi&oacute;n del sacerdote tiene mucho bueno porque est&aacute; sobre la base de un don muy grande y nosotros no dependemos de la aprobaci&oacute;n de nadie, de que nos aplaude el mundo. Nosotros hemos cre&iacute;do, hemos dicho que s&iacute; un d&iacute;a ante el Se&ntilde;or, de coraz&oacute;n. Y no buscamos la gloria que nos dan algunos o que nos podamos dar unos a otros. Nosotros deseamos gozar de la gloria del Se&ntilde;or que hemos empezado a gustar con nuestra vocaci&oacute;n. No tenemos urgencias de otras glorias sino deseo de que el amor inicial se haga pleno, perfecto, y que la vida llegue cumplimiento. Esta certeza es lo que nos debe dar tranquilidad y paz a la hora de cumplir nuestra misi&oacute;n. No necesitamos aplausos, deseamos poder hablar y que nos escuchan, claro, pero no buscamos los aplausos porque no los necesitamos.</p>
<p>Ahora vamos a celebrar esta Santa Misa y a pedir a nuestro patr&oacute;n, San Juan de &Aacute;vila, que interceda por nosotros. Y pedirle al Se&ntilde;or que mande obreros a su mies, obreros mejores incluso que nosotros. Obreros coraz&oacute;n que amen de todo coraz&oacute;n, que conozcan el amor de Dios, que est&eacute;n llenos de alegr&iacute;a, que quieran de verdad servir a su reba&ntilde;o, cuidarlo. Pidamos hoy al Se&ntilde;or&nbsp; que mande obreros a su mies, que los mande muy buenos y que sean para toda la Di&oacute;cesis apoyo y sost&eacute;n.</p>
<p>Y pidamos los unos por los otros porque el Se&ntilde;or nos ha puesto aqu&iacute;, nos ha llamado a nosotros, nos ha hecho hermanos, nos ha puesto juntos. S&iacute;, nos ha llamado nosotros y ha confiado en nosotros y ahora nosotros tenemos que confiar en &Eacute;l. &Eacute;l ha dicho: &lsquo;t&uacute; puedes, yo estoy aqu&iacute;, contigo&rsquo;.&nbsp; Y nosotros no tenemos que hacer mucho sino decir &lsquo;aqu&iacute; estoy, T&uacute; me has enviado, conf&iacute;o&rsquo;. Y acompa&ntilde;arnos como hermanos, pedir los unos por los otros, ayudarnos los unos a los otros.</p>
<p>Y pidamos tambi&eacute;n por aquellos que hoy no est&aacute;n aqu&iacute; porque est&aacute;n enfermos o tienen un problema. Hay sacerdotes enfermos, todos lo sabemos; no los olvidemos y pidamos por ellos para que reciban tambi&eacute;n la gracia de este d&iacute;a. Y encomendemos a aquellos que han fallecido desde el &uacute;ltimo a&ntilde;o, desde el &uacute;ltimo San Juan de &Aacute;vila, para que el Se&ntilde;or les asocie al coro de los elegidos, al coro de los Ap&oacute;stoles y de los sucesores de los Ap&oacute;stoles con los cuales ser&iacute;a una gracia grande merecer estar. Qu&eacute; un d&iacute;a nosotros merezcamos tambi&eacute;n estar en tan buena compa&ntilde;&iacute;a.</p>
</blockquote>
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			</item>
		<item>
		<title>Homilía del Obispo de Lugo en la Misa del Domingo de Ramos</title>
		<link>https://www.diocesisdelugo.org/homilia-del-obispo-de-lugo-en-la-misa-del-domingo-de-ramos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 02 Apr 2023 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Contenido]]></category>
		<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[Lugo]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160;Transcripci&#243;n literal de la homil&#237;a pronunciada por el Obispo de Lugo, monse&#241;or Alfonso Carrasco, en la Misa del Domingo de Ramos celebrada en la Catedral de Lugo el 2 de abril de 2023. Queridos hermanos: Celebramos el Domingo de Ramos, inicio de la Semana Santa. En la bendici&#243;n de las palmas escuchamos el evangelio de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[</p>
<p><br /></p>
<p>&nbsp;Transcripci&oacute;n literal de la homil&iacute;a pronunciada por el Obispo de Lugo, monse&ntilde;or Alfonso Carrasco, en la Misa del Domingo de Ramos celebrada en la Catedral de Lugo el 2 de abril de 2023.</p>
<blockquote>
<p>Queridos hermanos:</p>
<p>Celebramos el Domingo de Ramos, inicio de la Semana Santa. En la bendici&oacute;n de las palmas escuchamos el evangelio de la entrada de Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n.</p>
<p>Era la venida del esperado, una luz que tra&iacute;a horizontes de esperanza y de alegr&iacute;a; era el que hablaba de ayuda y de salvaci&oacute;n por parte de Dios, de un futuro renovado, de una vida mejor, una vida nueva, libre. Era Aquel que iba a salvar a su pueblo, a liberarlo.</p>
<p>Ahora podemos pensar en el recorrido que se cumpli&oacute; aquella semana. El Se&ntilde;or entr&oacute; p&uacute;blicamente en Jerusal&eacute;n; muy p&uacute;blicamente, en modo festivo. Sab&iacute;a a d&oacute;nde iba. Sab&iacute;a que entraba en Jerusal&eacute;n y lo que le iba a suceder all&iacute;. No entr&oacute; porque fuese ignorante de su futuro sino al contrario: era muy consciente.</p>
<p>Entraba en Jerusal&eacute;n el rey verdadero, sin embargo, escuchando luego la narraci&oacute;n de la Pasi&oacute;n no podemos dejar de sentirnos impactados. Sabemos que celebraremos la Resurrecci&oacute;n, s&iacute;. Celebramos el fruto eterno de su muerte por muchos, de su sacrificio. Celebramos la riqueza de vida, de misericordia, de futuro. Pero la lectura que hoy escuch&aacute;bamos nos contaba la Pasi&oacute;n, nada m&aacute;s. La Resurrecci&oacute;n la miraremos de frente m&aacute;s claramente en el pr&oacute;ximo domingo, Domingo de Pascua.</p>
<p>Hoy las lecturas nos ped&iacute;an que pensemos un instante en esta muerte. Podemos decir que impresiona pensar que el que tra&iacute;a toda la verdad, termina. Impresiona pensarlo aunque sabemos que el Se&ntilde;or est&aacute; cumpliendo su misi&oacute;n, que iba a resucitar y que Dios no lo abandonaba; que la experiencia de muerte y de abandono formaba parte de su misi&oacute;n, de su camino de salvaci&oacute;n. Pero impacta que Aquel que es la vida, que es la verdad, no tenga cabida en nuestro mundo. Es impactante que se le mate sin justicia y sin raz&oacute;n, y que el &uacute;nico motivo fuera un griter&iacute;o y la envidia, el no querer convertir el coraz&oacute;n y no reconocer la luz que iluminaba de modo nuevo la existencia. Impresiona pensar que nuestro mundo no sea tan evidente como a veces queremos pensar. Impresiona darse cuenta de que bajo la superficie bonita de las cosas puede haber tambi&eacute;n pecado, obstinaci&oacute;n.</p>
<p>El Salvador, el Se&ntilde;or, muri&oacute; y as&iacute; se desvel&oacute; la profundidad del drama que habita en este mundo. Pero &Eacute;l no muri&oacute; s&oacute;lo porque hubiese quien lo quisiese matar, no. &Eacute;l muri&oacute; sabiendo lo que hac&iacute;a y, por eso, no podemos ver este misterio sin mirarlo tambi&eacute;n con sus ojos, con su intenci&oacute;n, con el gesto que &Eacute;l estaba cumpliendo. Porque el Se&ntilde;or estaba muriendo para compartir su vida y liberarnos a nosotros de un destino que, como vemos, ser&iacute;a malo. Cuando vemos morir a Jes&uacute;s en la Cruz, estamos viendo el destino que ser&iacute;amos capaces de dar al hombre m&aacute;s justo del mundo. Jes&uacute;s lo fue realmente: era el Hijo de Dios y, como Hijo de Dios, el hombre m&aacute;s justo. Jes&uacute;s era el hombre m&aacute;s santo, el mejor posible. Y lo matamos. Entonces, &iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a el destino de aquel que, en cambio, no fuesen tan justo, ni tan bueno?</p>
<p>El Se&ntilde;or es aquel que nos mira. Y no nos mira con una mirada cruel, negativa, con la de quien dice que el hombre no puede m&aacute;s. Porque nosotros ya sabemos: viene el mejor de todos, el profeta m&aacute;s grande, y lo liquidan pensando &laquo;ya vendr&aacute; otro&raquo;. La muerte en Cruz de nuestro Se&ntilde;or, dice lo contrario. La muerte del Se&ntilde;or dice: &laquo;yo, por estas personas que son mis hermanos, incluso cuando hacen el mal,, hago este sacrificio&raquo;.</p>
<p>Cuando el Se&ntilde;or mor&iacute;a en la Cruz estaba diciendo: &laquo;yo s&iacute; creo que Dios triunfar&aacute; y que los hombres se salvar&aacute;n. Yo s&iacute; creo que los hombres valen la pena. Yo s&iacute; quiero afirmar y cuidar de cada uno de ellos&raquo;.</p>
<p>Hoy vemos al Se&ntilde;or entrar en Jerusal&eacute;n como el verdadero rey. No es el que se iba a poner por encima de los dem&aacute;s sino aquel que iba a mirar, con un inter&eacute;s completo, la vida del otro, compartiendo de todo coraz&oacute;n el destino de cada persona. Es el que iba a mirar a los humildes, a los peque&ntilde;os, a los viejos, a los j&oacute;venes, a cada uno. Este rey es el que iba a percibir la necesidad de cada uno y atender a cada uno. Es el que podr&iacute;a hacer surgir, florecer, abrir el camino de la vida con un sentido profund&iacute;simo de la misericordia, de la mansedumbre.</p>
<p>Lo que de verdad somos las personas no lo reflejaba, sin m&aacute;s, la turba que gritaba &laquo;&iexcl;crucif&iacute;calo!&raquo;. Es verdad que ese grito demuestra alguna cosa de c&oacute;mo somos y seguramente se volver&iacute;a a gritar hoy si volviera a pasar. Pero tambi&eacute;n es verdad que m&aacute;s raz&oacute;n tiene el Se&ntilde;or: &Eacute;l estaba diciendo, con mansedumbre, cari&ntilde;o y con un amor profundo, que el cuidado y la entrega por cada uno es m&aacute;s verdad. Estaba diciendo que es m&aacute;s verdad lo que hay que hacer y aquello por lo que quiso morir.</p>
<p>Hoy parece que s&oacute;lo importa alcanzar un poder sobre los dem&aacute;s y subirse a no se sabe d&oacute;nde. Pero la realidad es otra cosa: la realidad son las personas que est&aacute;n en la calle y que te encuentras por el camino; las que est&aacute;n en las casas; las que est&aacute;n trabajando&hellip; La realidad son los padres con los hijos, son las madres, son las ni&ntilde;as: esa es la realidad. La&nbsp; realidad son las personas mayores y los enfermos. Son las personas que nos morimos poquito a poco. Esta es la realidad y esa realidad Dios quiere salvarla. Nosotros tenemos que aprender esa mirada del Se&ntilde;or y alegrarnos de ser queridos.</p>
<p>El Se&ntilde;or ha querido venir pac&iacute;ficamente a nuestro mundo y entr&oacute; como rey pac&iacute;fico. Vino pac&iacute;ficamente para construir la paz, para abrir y encender la luz de la verdad y salvar los corazones, de las personas que estamos necesitados de ese amor profundo.</p>
<p>Pues que la imagen de la muerte no nos confunda: no es lo m&aacute;s grande ni la ultima palabra. Lo que pretend&iacute;an quienes lo mataron, se equivocaron. La palabra de ellos no era la ultima; la &uacute;ltima palabra era m&aacute;s profunda, estaba en el coraz&oacute;n del Se&ntilde;or: era una palabra de amor. Que sepamos que el Se&ntilde;or nos mira as&iacute; y desea conducir, con su mirada, nuestras vidas. Y alegr&eacute;monos ello. Pensemos que es verdad la muerte, pero tambi&eacute;n fue verdad la entrada feliz en Jerusal&eacute;n y la verdad definitiva que celebraremos el Domingo de Pascua.</p>
</blockquote>
<p><strong><a href="https://www.ivoox.com/homilia-del-obispo-mons-alfonso-carrasco-misa-audios-mp3_rf_105677180_1.html" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Audio de la homil&iacute;a </a></strong></p>
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		<title>Homilía do Bispo de Lugo na Misa Exequial por Benedicto XVI</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Mar 2023 00:00:00 +0000</pubDate>
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<p><br /></p>
<p>Este m&eacute;rcores, 4 de xaneiro, o Bispo de Lugo, monse&ntilde;or Alfonso Carrasco, presidiu a Misa Exequial polo eterno descanso do Papa em&eacute;rito Benedicto XVI que se celebrou na Catedral de Lugo.&nbsp;</p>
<blockquote>
<p>Queridos hermanos,</p>
<p>Celebramos esta Santa Misa por el eterno descanso de Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, un hombre de Dios para nuestro tiempo. Su entrega y su obra en medio de la Iglesia, de muchas maneras a lo largo de su vida &ndash;aunque siempre sacerdote&ndash;, lo hizo un miembro vivo del Cuerpo de Cristo. Su respuesta de fe sencilla lo acerc&oacute; a Dios y le hizo dar mucho fruto para bien de su Pueblo.</p>
<p>Llamado por el Se&ntilde;or a la misi&oacute;n de sucesor de Pedro, principio visible de unidad en la fe y en la comuni&oacute;n de toda la Iglesia, es para nosotros tambi&eacute;n signo de paternidad, de nuestra pertenencia com&uacute;n a la gran familia nacida del amor redentor de Cristo.</p>
<p>Hoy queremos encomendarlo al Se&ntilde;or de la vida y de la misericordia, para que le revele la anchura, la altura y la profundidad de su Amor eterno, en quien crey&oacute; y por quien quiso vivir.</p>
<p>En su labor busc&oacute; siempre acoger la verdad de la fe, se esforz&oacute; en comprenderla y amarla, y en saber decirla en los modos adecuados al hombre de hoy. De hecho, ha llevado a cabo un di&aacute;logo epocal con la raz&oacute;n moderna y sus desaf&iacute;os, con las diferentes propuestas de comprensi&oacute;n o de reinterpretaci&oacute;n de lo cristiano; y ha pensado siempre tambi&eacute;n en horizonte ecum&eacute;nico, dialogando de modo destacado con la teolog&iacute;a protestante, tan presente en su mundo alem&aacute;n.</p>
<p>Quiso mostrar la anchura de la raz&oacute;n, superando sus estrechamientos y reducciones, la hondura de inteligencia a la que abre la fe, y la necesidad intr&iacute;nseca que tienen la una de la otra, la fe y la raz&oacute;n, como las dos alas con las que es posible volar. Pudo hacerlo gracias a su estudio constante, y a un gran conocimiento hist&oacute;rico, filos&oacute;fico y teol&oacute;gico. Fue sin duda, en este sentido, un gran cient&iacute;fico, que la historia de la teolog&iacute;a recordar&aacute; con gratitud.</p>
<p>En la ra&iacute;z de su obra estaba, sin embargo, una certeza de fe crecida en las duras experiencias de sus primeros tiempos de vida: la evidente inconsistencia de las pretensiones de ideolog&iacute;as contempor&aacute;neas, que hab&iacute;an destruido lo m&aacute;s humano de la persona y extendido la muerte, que hab&iacute;an devastado Europa y su patria alemana; junto con la convicci&oacute;n plena de que s&oacute;lo puede entregarse conciencia y coraz&oacute;n a Jesucristo, al Hijo de Dios, por quien perder la vida es ganarla. Desde esta experiencia elemental y profunda, que conform&oacute; su vida, defender&aacute; ya siempre la verdad de la fe cristiana, as&iacute; como la urgencia de no censurar de ning&uacute;n modo, de&nbsp; no&nbsp; reducir la b&uacute;squeda y los horizontes de la raz&oacute;n.</p>
<p>Esto proclamar&aacute; en las palabras iniciales de su primera enc&iacute;clica: &ldquo;Hemos cre&iacute;do en el amor de Dios: as&iacute; puede expresar el cristiano la opci&oacute;n fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisi&oacute;n &eacute;tica o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci&oacute;n decisiva&rdquo; (<i>Deus caritas est,</i> 1).</p>
<p>Para nosotros, ha llegado a ser un gu&iacute;a bueno, luminoso, con el que orientarnos en la selva de las opiniones y el conflicto de las interpretaciones. Su ense&ntilde;anza seguir&aacute; ayud&aacute;ndonos a entender y vivir la fe como adultos, con certeza y calma, sin miedos ni complejos ante ninguna ideolog&iacute;a; sin ceder a &ldquo;la dictadura de un relativismo&rdquo; con el que hoy se pone en cuesti&oacute;n lo fundamental de lo humano, ni a una pretensi&oacute;n de poder &ndash;tambi&eacute;n pol&iacute;tico&ndash; que piensa poder someter, transformar, dominar a voluntad nuestra propia naturaleza, lo que somos por don de Dios, alma y cuerpo. Ha sido, seg&uacute;n su deseo, &ldquo;cooperador de la verdad&rdquo;, contribuyendo a que podamos vivir la fe con &ldquo;la riqueza de su plena inteligencia&rdquo; (Col 2,2), sin que nos enga&ntilde;en &ldquo;con teor&iacute;as y vanas seducciones de tradici&oacute;n humana, fundadas en los elementos del mundo y no en Cristo&rdquo; (Col 2,8).</p>
<p>En su di&aacute;logo amplio y profundo con la raz&oacute;n y el mundo moderno, en su b&uacute;squeda de expresar convincentemente la verdad del Evangelio y de manifestar la luz de la fe, Benedicto XVI fue un hombre del Concilio Vaticano II, llamado luego providencialmente a contribuir de modo decisivo a su recepci&oacute;n, a su comprensi&oacute;n y puesta en pr&aacute;ctica, evitando posiciones alejadas de la intenci&oacute;n conciliar, que pod&iacute;an distorsionar sus ense&ntilde;anzas.</p>
<p>Tambi&eacute;n por esta misi&oacute;n suya, sabiamente llevada a cabo, hemos de dar gracias a Dios. Porque ha significado acompa&ntilde;ar a su Pueblo en una etapa tan decisiva de su historia como la que fue introducida por la renovaci&oacute;n conciliar, que sigue siendo determinante de nuestra experiencia eclesial.</p>
<p>Dios ha querido darnos en Benedicto XVI tambi&eacute;n un pastor inteligente en estos momentos singulares del postconcilio, que, desde la sede petrina, ha sabido cuidar de las &ldquo;ovejas&rdquo; d&eacute;biles o enfermas y alimentar a las &ldquo;robustas&rdquo; del reba&ntilde;o del Se&ntilde;or. A todos nos consuela percibir as&iacute; que nuestra historia creyente, como Pueblo de Dios, est&aacute; en las manos seguras y sabias del Se&ntilde;or Jes&uacute;s, que podemos caminar tranquilos en la comuni&oacute;n de su Iglesia, en nuestra tierra y en nuestro tiempo, ciertos de que &Eacute;l nos dar&aacute; los ministerios y los carismas necesarios, la gracia adecuada y oportuna en cada momento.</p>
<p>Benedicto XVI ha vivido una fe que procur&oacute; siempre y apasionadamente la inteligencia, la comprensi&oacute;n de la verdad, la forma mejor de entenderse y de decirse. La fe, sin embargo, es esencialmente sencilla, es un reconocimiento, una adhesi&oacute;n de coraz&oacute;n a Jes&uacute;s, en quien Dios se nos entrega visible y humanamente, y se dirige as&iacute; al Padre, al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo. Tambi&eacute;n para Benedicto la fe ten&iacute;a esta sencillez profunda, estaba enraizada en el coraz&oacute;n y el afecto, estaba conformada por su experiencia de Iglesia desde ni&ntilde;o, por su cultura y su tierra.</p>
<p>No es posible separar su fe de su historia personal, pero tampoco de su Baviera natal, de sus templos barrocos, llenos de luz, de ternura y calor; ni separarla de la participaci&oacute;n en la liturgia, popular y cuidada, bella, expresiva en sus ritos y en su arte, particularmente en la m&uacute;sica.</p>
<p>La fe en Benedicto era concreta, vinculada a lo particular de su tierra natal, a sus formas y tradiciones. Pero as&iacute; vemos c&oacute;mo la fe verdadera, que es universal, que podr&aacute; hablar a todas las gentes, dialogar con todas las culturas, incluso desde la misma c&aacute;tedra de Pedro, es siempre tambi&eacute;n concreta, tiene color y sonido, se transmite en el propio pueblo, como una perla precios&iacute;sima envuelta en lo mejor de la propia tierra y de la propia historia: en el cari&ntilde;o y el afecto, en la familiaridad y la cercan&iacute;a, en la madurez de personas profundamente cristianas, en la experiencia de la liturgia y de la m&uacute;sica, en la religiosidad popular.</p>
<p>Es una promesa tambi&eacute;n para nosotros. La fe, vivida en las formas m&aacute;s cercanas y queridas, las propias de nuestra tierra, seg&uacute;n nuestra tradici&oacute;n y religiosidad, est&aacute; cargada de las riquezas de la sabidur&iacute;a y de la inteligencia, del tesoro de la caridad y de la esperanza. Es universal y cat&oacute;lica, abre los horizontes del futuro y supera las fronteras; nos une, de todos los pueblos y lenguas, sin distinci&oacute;n ninguna ni discriminaci&oacute;n, en la &uacute;nica comuni&oacute;n de la Iglesia del Se&ntilde;or.</p>
<p>De Dios, y de los bienes inmensos que &Eacute;l ha querido darnos enviando a su Hijo Jes&uacute;s, nacido en Bel&eacute;n del seno de la Virgen Mar&iacute;a, nos ha hablado Benedicto XVI; a testimoniarlo ha dedicado su vida.</p>
<p>Son bienes que iluminan la existencia y la renuevan, que la introducen en la amistad con Dios y en la unidad de los hermanos; que traen el cielo &ndash;su luz, su gracia y su verdad&ndash; a la tierra y que llevan la tierra al cielo. Esto deseamos y pedimos hoy al Se&ntilde;or para Benedicto XVI: que sea llevado al hogar del cielo y entre en el gozo de su Se&ntilde;or, que vea la plenitud de lo que ha amado, libre ya de las limitaciones de este mundo y de todo pecado.</p>
<p>Y esto pedimos confiados tambi&eacute;n para todos nosotros y nuestros seres queridos: permanecer en la verdad de la fe, arraigados y edificados en Cristo Jes&uacute;s (cf. Col 2,7), tener la gracia de realizar todo lo bueno a lo que Dios ha destinado a cada uno, y alcanzar el gozo y la vida eterna a la que el Se&ntilde;or nos llama, y que pregustamos ya ahora, invitados por &Eacute;l a la mesa de la Eucarist&iacute;a, memorial de su muerte y de su resurrecci&oacute;n, alimento para el camino, sacramento de nuestra fe y sost&eacute;n de nuestra esperanza.</p>
</blockquote>
<blockquote>
<h3><strong>GALEGO</strong></h3>
<p>Queridos irm&aacute;ns,</p>
<p>Celebramos esta Santa Misa polo eterno descanso de Benedito XVI, Joseph Ratzinger, un home de Deus para o noso tempo. A s&uacute;a entrega e a s&uacute;a obra no medio da Igrexa, de moitas maneiras ao longo da s&uacute;a vida &ndash;a&iacute;nda que sempre sacerdote&ndash;, f&iacute;xoo un membro vivo do Corpo de Cristo. A s&uacute;a resposta de fe sinxela achegouno a Deus e f&iacute;xolle dar moito froito para ben do seu Pobo.</p>
<p>Chamado polo Se&ntilde;or &aacute; misi&oacute;n de sucesor de Pedro, principio visible de unidade na fe e na comu&ntilde;&oacute;n de toda a Igrexa, &eacute; para n&oacute;s tam&eacute;n signo de paternidade, da nosa pertenza com&uacute;n &aacute; gran familia nada do amor redentor de Cristo.</p>
<p>Hoxe queremos encomendalo ao Se&ntilde;or da vida e da misericordia, para que lle revele a anchura, a altura e a profundidade do seu Amor eterno, en quen creu e por quen quixo vivir.</p>
<p>No seu labor buscou sempre acoller a verdade da fe, esforzouse en comprendela e amala, e en saber dicila nos modos adecuados ao home de hoxe. De feito, levou a cabo un di&aacute;logo epocal coa raz&oacute;n moderna e os seus desaf&iacute;os, coas diferentes propostas de comprensi&oacute;n ou de reinterpretaci&oacute;n do cristi&aacute;n; e pensou sempre tam&eacute;n en horizonte ecum&eacute;nico, dialogando de modo destacado coa teolox&iacute;a protestante, tan presente no seu mundo alem&aacute;n.</p>
<p>Quixo mostrar a anchura da raz&oacute;n, superando os seus estreitamentos e reduci&oacute;ns, a fondura de intelixencia &aacute; que abre a fe, e a necesidade intr&iacute;nseca que te&ntilde;en a unha da outra, a fe e a raz&oacute;n, como as d&uacute;as &aacute;s coas que &eacute; posible voar. Puido facelo grazas ao seu estudo constante, e a un gran co&ntilde;ecemento hist&oacute;rico, filos&oacute;fico e teol&oacute;xico. Foi sen d&uacute;bida, neste sentido, un gran cient&iacute;fico, que a historia da teolox&iacute;a lembrar&aacute; con gratitude.</p>
<p>Na ra&iacute;z da s&uacute;a obra estaba, con todo, unha certeza de fe crecida nas duras experiencias dos seus primeiros tempos de vida: a evidente inconsistencia das pretensi&oacute;ns de ideolox&iacute;as contempor&aacute;neas, que destru&iacute;ran o m&aacute;is humano da persoa e estendido a morte, que devastaran Europa e a s&uacute;a patria alem&aacute;; xunto coa convicci&oacute;n plena de que s&oacute; pode entregarse conciencia e coraz&oacute;n a Xesucristo, ao Fillo de Deus, por quen perder a vida &eacute; ga&ntilde;ala. Desde esta experiencia elemental e profunda, que conformou a s&uacute;a vida, defender&aacute; xa sempre a verdade da fe cristi&aacute;, as&iacute; como a urxencia de non censurar de ning&uacute;n modo, de non reducir a procura e os horizontes da raz&oacute;n.</p>
<p>Isto proclamar&aacute; nas palabras iniciais da s&uacute;a primeira enc&iacute;clica: &ldquo;Cremos no amor de Deus: as&iacute; pode expresar o cristi&aacute;n a opci&oacute;n fundamental da s&uacute;a vida. Non se comeza a ser cristi&aacute;n por unha decisi&oacute;n &eacute;tica ou unha gran idea, sen&oacute;n polo encontro cun acontecemento, cunha Persoa, que d&aacute; un novo horizonte &aacute; vida e, con iso, unha orientaci&oacute;n decisiva&rdquo; (Deus caritas est, 1).</p>
<p>Para n&oacute;s, chegou a ser un gu&iacute;a bo, luminoso, co que orientarnos na selva das opini&oacute;ns e o conflito das interpretaci&oacute;ns. O seu ensino seguir&aacute; axud&aacute;ndonos a entender e vivir a fe como adultos, con certeza e calma, sen medos nin complexos ante ningunha ideolox&iacute;a; sen ceder a &ldquo;ditadura dun relativismo&rdquo; co que hoxe se pon en cuesti&oacute;n o fundamental do humano, nin a unha pretensi&oacute;n de poder &ndash;tam&eacute;n pol&iacute;tico&ndash; que pensa poder someter, transformar, dominar a vontade a nosa propia natureza, o que somos por don de Deus, alma e corpo. Foi, segundo o seu desexo, &ldquo;cooperador da verdade&rdquo;, contribu&iacute;ndo a que podamos vivir a fe coa &ldquo;riqueza da s&uacute;a plena intelixencia&rdquo; (Col 2,2), sen que nos enganen &ldquo;con teor&iacute;as e vas seduci&oacute;ns de tradici&oacute;n humana, fundadas nos elementos do mundo e non en Cristo&rdquo; (Col 2,8).</p>
<p>No seu di&aacute;logo amplo e profundo coa raz&oacute;n e o mundo moderno, na s&uacute;a procura de expresar convincentemente a verdade do Evanxeo e de manifestar a luz da fe, Benedito XVI foi un home do Concilio Vaticano II, chamado logo providencialmente a contribu&iacute;r de modo decisivo &aacute; s&uacute;a recepci&oacute;n, &aacute; s&uacute;a comprensi&oacute;n e posta en pr&aacute;ctica, evitando posici&oacute;ns afastadas da intenci&oacute;n conciliar, que pod&iacute;an distorsionar as s&uacute;as ensinanzas.</p>
<p>Tam&eacute;n por esta misi&oacute;n s&uacute;a, sabiamente levada a cabo, habemos de dar grazas a Deus. Porque significou acompa&ntilde;ar ao seu Pobo nunha etapa tan decisiva da s&uacute;a historia como a que foi introducida pola renovaci&oacute;n conciliar, que segue sendo determinante da nosa experiencia eclesial.</p>
<p>Deus quixo darnos en Bieito XVI tam&eacute;n un pastor intelixente nestes momentos singulares do posconcilio, que, desde a sede petrina, soubo coidar das &ldquo;ovellas&rdquo; d&eacute;biles ou enfermas e alimentar &aacute;s &ldquo;robustas&rdquo; do raba&ntilde;o do Se&ntilde;or. A todos nos consola percibir as&iacute; que a nosa historia crente, como Pobo de Deus, est&aacute; nas mans seguras e sabias do Se&ntilde;or Xes&uacute;s, que podemos cami&ntilde;ar tranquilos na comu&ntilde;&oacute;n da s&uacute;a Igrexa, na nosa terra e no noso tempo, certos de que El nos dar&aacute; os ministerios e os carismas necesarios, a graza adecuada e oportuna en cada momento.</p>
<p>Benedito XVI viviu unha fe que procurou sempre e apaixonadamente a intelixencia, a comprensi&oacute;n da verdade, a forma mellor de entenderse e de dicirse. A fe, con todo, &eacute; esencialmente sinxela, &eacute; un reco&ntilde;ecemento, unha adhesi&oacute;n de coraz&oacute;n a Xes&uacute;s, en quen Deus se nos entrega visible e humanamente, e dir&iacute;xese as&iacute; ao Pai, ao Fillo e ao Esp&iacute;rito Santo. Tam&eacute;n para Benedito a fe ti&ntilde;a esta sinxeleza profunda, estaba enraizada no coraz&oacute;n e o afecto, estaba conformada pola s&uacute;a experiencia de Igrexa desde neno, pola s&uacute;a cultura e a s&uacute;a terra.</p>
<p>Non &eacute; posible separar a s&uacute;a fe da s&uacute;a historia persoal, pero tampouco do s&uacute;a Baviera natal, dos seus templos barrocos, cheos de luz, de tenrura e calor; nin separala da participaci&oacute;n na liturxia, popular e coidada, bela, expresiva nos seus ritos e na s&uacute;a arte, particularmente na m&uacute;sica.</p>
<p>A fe en Benedito era concreta, vinculada ao particular da s&uacute;a terra natal, &aacute;s s&uacute;as formas e tradici&oacute;ns. Pero as&iacute; vemos como a fe verdadeira, que &eacute; universal, que poder&aacute; falar a todas as xentes, dialogar con todas as culturas, mesmo desde a mesma c&aacute;tedra de Pedro, &eacute; sempre tam&eacute;n concreta, ten cor e son, transm&iacute;tese no propio pobo, como unha perla precios&iacute;sima envolta no mellor da propia terra e da propia historia: no agarimo e o afecto, na familiaridade e a proximidade, na madurez de persoas profundamente cristi&aacute;s, na experiencia da liturxia e da m&uacute;sica, na relixiosidade popular.</p>
<p>&Eacute; unha promesa tam&eacute;n para n&oacute;s. A fe, vivida nas formas m&aacute;is pr&oacute;ximas e queridas, as propias da nosa terra, segundo a nosa tradici&oacute;n e relixiosidade, est&aacute; cargada das riquezas da sabedor&iacute;a e da intelixencia, do tesouro da caridade e da esperanza. &Eacute; universal e cat&oacute;lica, abre os horizontes do futuro e supera as fronteiras; &uacute;nenos, de todos os pobos e linguas, sen distinci&oacute;n ningunha nin discriminaci&oacute;n, na &uacute;nica comu&ntilde;&oacute;n da Igrexa do Se&ntilde;or.</p>
<p>De Deus, e dos bens inmensos que El quixo darnos enviando ao seu Fillo Xes&uacute;s, nacido en Bel&eacute;n do seo da Virxe Mar&iacute;a, falounos Benedito XVI; a testemu&ntilde;alo dedicou a s&uacute;a vida.</p>
<p>Son bens que iluminan a existencia e ren&oacute;vana, que a introducen na amizade con Deus e na unidade dos irm&aacute;ns; que traen o ceo &ndash;a s&uacute;a luz, a s&uacute;a graza e a s&uacute;a verdade&ndash; &aacute; terra e que levan a terra ao ceo. Isto desexamos e pedimos hoxe ao Se&ntilde;or para Benedito XVI: que sexa levado ao fogar do ceo e entre no gozo do seu Se&ntilde;or, que vexa a plenitude do que amou, libre xa das limitaci&oacute;ns deste mundo e de todo pecado.</p>
<p>E isto pedimos confiados tam&eacute;n para todos n&oacute;s e os nosos seres queridos: permanecer na verdade da fe, arraigados e edificados en Cristo Xes&uacute;s (cf. Col 2,7), ter a graza de realizar todo o bo ao que Deus destinou a cada un, e alcanzar o gozo e a vida eterna &aacute; que o Se&ntilde;or nos chama, e que pregustamos xa agora, convidados por El &aacute; mesa da Eucarist&iacute;a, memorial da s&uacute;a morte e da s&uacute;a resurrecci&oacute;n, alimento para o cami&ntilde;o, sacramento da nosa fe e sost&eacute;n da nosa esperanza.</p>
</blockquote>
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		<title>Homilía del Obispo de Lugo en el Miércoles de Ceniza</title>
		<link>https://www.diocesisdelugo.org/homilia-del-obispo-de-lugo-en-el-miercoles-de-ceniza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Feb 2023 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[Lugo]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Transcripci&#243;n de la homil&#237;a del Obispo de Lugo en la Misa de Mi&#233;rcoles de Ceniza. Queridos hermanos: Con el Mi&#233;rcoles de Ceniza iniciamos el camino de la Cuaresma. Aunque s&#243;lo sea por curiosidad podemos recordar que cuarenta fueron los d&#237;as que Nuestro Se&#241;or ayun&#243; en el desierto antes de empezar su tarea p&#250;blicamente. Fue como [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[</p>
<p><br /></p>
<p>Transcripci&oacute;n de la homil&iacute;a del Obispo de Lugo en la Misa de Mi&eacute;rcoles de Ceniza.</p>
<blockquote>
<p>Queridos hermanos:</p>
<p>Con el Mi&eacute;rcoles de Ceniza iniciamos el camino de la Cuaresma. Aunque s&oacute;lo sea por curiosidad podemos recordar que cuarenta fueron los d&iacute;as que Nuestro Se&ntilde;or ayun&oacute; en el desierto antes de empezar su tarea p&uacute;blicamente. Fue como un s&iacute;mbolo pero lo hizo realmente. Era, s&iacute;, un ayuno grande que reflejaba el antiguo s&iacute;mbolo de los 40 a&ntilde;os que los israelitas hab&iacute;an peregrinado por el desierto camino de la tierra que Dios les hab&iacute;a prometido. Y los cristianos desde el inicio mismo han mantenido, hemos mantenido, esta tradici&oacute;n de los 40 dias previos a la llegada, no a la tierra prometida como los antiguos israelitas sino a la fiesta de la Pascua, a la victoria sobre la muerte y a la resurrecci&oacute;n. Esto simboliza muchas cosas: Podemos decir que simboliza el camino de la vida, que es una. Tiene una dimensi&oacute;n evidente de lucha, de tarea, de trabajo, de fatiga, de esfuerzo&hellip; Tambi&eacute;n significa m&aacute;s cosas pero, para nosotros, al final, despu&eacute;s de todo, es un <strong>tiempo que refleja nuestro ser cristianos, nuestro caminar hacia la Pascua y nuestra pertenencia a la Iglesia</strong>.</p>
<p>La Cuaresma s&oacute;lo la celebramos nosotros, los cristianos, y nos recuerda un poco qui&eacute;nes somos. Nos da certeza de qui&eacute;nes somos y nos anima en nuestro camino. Nos pone ante los ojos la meta que es la vida, la vida plena, la resurrecci&oacute;n, la victoria de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Pero tambi&eacute;n nos pone ante los ojos que <strong>hacemos un camino juntos</strong>, un recorrido que no har&iacute;amos solos. Un recorrido con el que le damos una forma a la vida que no le dar&iacute;amos si no fu&eacute;semos un pueblo que camina unido, miembros de una Iglesia. As&iacute;, la Cuaresma<strong> nos recuerda qui&eacute;nes somos, nuestra identidad y nos recuerda tambi&eacute;n que en el camino de la vida vamos a tener una cierta responsabilidad personal</strong>.&nbsp;Puede haber tiempos dif&iacute;ciles, luchas, victorias m&aacute;s o menos peque&ntilde;as pero que lo hacemos con determinadas ayudas, acompa&ntilde;&aacute;ndonos unos a otros y con la certeza de qui&eacute;nes somos y de cu&aacute;l es la meta. En este sentido, somos un pueblo que camina as&iacute;, en medio de las dificultades, como todos, pero con una profunda tranquilidad de coraz&oacute;n. No porque no vaya a haber luchas o problemas, que los habr&aacute;, sino por &nbsp;la tranquilidad y la certeza de saber de Dios, de su ayuda; y saber tambi&eacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a por la que no estamos solos. Todo esto da mucha confianza y todo esto lo simboliza la Cuaresma.</p>
<p>Despu&eacute;s de decir lo anterior para indicar qu&eacute; es para nosotros la Cuaresma, es necesario recordar tambi&eacute;n que este tiempo lit&uacute;rgico est&aacute; caracterizada por una cierta <strong>actitud de conversi&oacute;n para volver sobre nuestra verdadera identidad, sobre nuestra conciencia verdadera y luchar por ella</strong>. Tenemos que volver a nosotros mismos y luchar por ello. Y se nos dan algunos instrumentos que podemos usar; peque&ntilde;os pero eficaces, muy inteligentes, muy enraizados en la experiencia humana desde siempre.</p>
<p>Lo primero es que tenemos que <strong>volver a nuestra verdadera identidad de hijos de Dios, de bautizados: convertirnos</strong>. Conversi&oacute;n significa mirar de otro modo; significa que la mirada tiene que volverse hacia otras cosas, que tenemos que entender de otra manera, que no hay que equivocarse en la percepci&oacute;n de la vida, del mundo y de uno mismo. <strong>Conversi&oacute;n es verlo todo con otra luz.</strong>&nbsp;Esto llevaba dentro la invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s: &laquo;convert&iacute;os y creed en el Evangelio&raquo;. &Eacute;l estaba diciendo: `mirad, cambiad la manera de ver las cosas y creed lo que os digo porque es algo bueno, un bien inmenso&acute;.</p>
<p>Para nosotros, por lo tanto, <strong>convertirse significa volver a nuestra verdadera identidad</strong>. Dec&iacute;a la oraci&oacute;n del inicio de la Misa: &laquo;que en nuestras luchas espirituales tengamos el auxilio de la austeridad&raquo;. Quiere decir esto que <strong>cada uno de nosotros importa</strong>: las luchas espirituales s&iacute; pueden ser comunes, pueden ser las batallas de nuestra &eacute;poca, pero el terreno en el que suceden es en el coraz&oacute;n de cada uno. Nuestra lucha espiritual es la nuestra, es la m&iacute;a.</p>
<p>Dec&iacute;a Jes&uacute;s en el Evangelio de hoy: &laquo;Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no ten&eacute;is recompensa de vuestro Padre celestial.&raquo; Esto quiere decir que los dem&aacute;s podr&aacute;n opinar, podr&aacute;n decir, hacemos bien, hacemos mal, habr&aacute; quien quiera hacer las cosas solo para quedar bien&hellip; Y para ver c&oacute;mo te van a mirar las gentes, a ver qu&eacute; van a decir los unos, a ver qu&eacute; van a decir los otros&hellip;&nbsp; As&iacute; Nuestro Se&ntilde;or estaba diciendo: &lsquo;si lo hac&eacute;is as&iacute; para recibir el premio y te preocupas solo de a ver c&oacute;mo me van a mirar&hellip; pues ya te miraron, ya se acab&oacute;, ya no recibes nada m&aacute;s&rsquo;. Y nos invitaba a <strong>volver el coraz&oacute;n, a pensar, a hablar con Dios, que est&aacute; en los escondido</strong>.</p>
<p>Es en el fondo del coraz&oacute;n, en lo escondido, donde sucede lo m&aacute;s importante. As&iacute; lo que hacemos mal lo hacemos ah&iacute;, en nuestro interior, y nos mentimos a nosotros mismos, nos enga&ntilde;amos. Falta vida, falta autenticidad, falta luz en nuestros corazones. Y acabamos haciendo da&ntilde;o al vecino. Y vamos estropeando el camino de la vida.&nbsp;Esta falta de equidad, esta falta de luz, esta falta de verdad en el coraz&oacute;n acaba convirti&eacute;ndose en mentira hacia fuera. Por eso debemos volver al Se&ntilde;or. Dec&iacute;a &Eacute;l: &laquo;Entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que est&aacute; en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensar&aacute;&raquo;.</p>
<p><strong>Somos cristianos. Volvamos a la verdad de lo que realmente somos, de nuestra conciencia, de la certeza de nuestro coraz&oacute;n, del bien, de nuestra vida.</strong> Y ante Dios, no gui&aacute;ndonos por lo que diga la gente.&nbsp;Hoy parece hasta extraordinario decir esto, porque hoy todo gira en torno a lo que diga la gente, lo &uacute;nico que importa es lo que digan. Y a veces es muy cierto que importa much&iacute;simo porque te pueden arrasar en una campa&ntilde;a en los medios o te pueden arrasar con las redes sociales. Empiezan a hablar mal de ti y acaban contigo si realmente llega a tener mucha influencia lo que digan. Pero en verdad lo que importa somos cada uno, nuestro nuestro coraz&oacute;n.&nbsp;&iquest;Podremos vivir con esta actitud? <strong>S&iacute;, si caminamos juntos, s&iacute;</strong>; cuando estamos unidos, cuando nos podemos apoyar, cuando nos ayudamos como pueblo que camina unido.</p>
<p>Y luego la oraci&oacute;n hablaba de la austeridad y lo dec&iacute;a con respecto al ayuno y a la limosna. En la Iglesia desde siempre se nos pide esto y <strong>se nos pide poco</strong>: el Mi&eacute;rcoles de Ceniza, que es hoy, y el Viernes Santo; no es mucho. Deber&iacute;amos hacerlo porque con ello&nbsp; mostramos que somos nosotros quienes gobernamos incluso nuestro propio cuerpo. Con eso est&aacute;s haciendo un<strong> gesto de dominio sobre ti</strong>. Como hacer limosna que, como todos sabemos, significa much&iacute;simas cosas. Puede ser un gesto magn&iacute;fico de amor al pr&oacute;jimo, de solidaridad, pero es tambi&eacute;n un gesto de libertad, de afirmar que no adoras a los dioses de oro y de plata. Hoy d&iacute;a se puede comprar todo, incluso se puede comprar nuestra persona, nuestra conciencia, nuestra buena voluntad: todo est&aacute; en venta. Pero nosotros decimos no. El gesto de la limosna que cada uno podemos hacer libremente es extraordinariamente significativo. Significa much&iacute;simas cosas en la vida de cada uno y lo podemos hacer f&aacute;cilmente. Nadie lo va a ir a mirar y solo Nuestro Se&ntilde;or lo sabe.</p>
<p>Estas son como actitudes de fondo para vivir en este mundo donde <strong>nosotros somos quienes guardamos la conciencia y guiamos nuestra vida donde no la vendemos por bienes de este mundo porque somos hijos de Dios</strong>.&nbsp;El camino de la Cuaresma es como un s&iacute;mbolo del camino de la vida en el que tenemos alegr&iacute;as pero tambi&eacute;n dominio, trabajo, tambi&eacute;n penitencia y necesidad de pedir perd&oacute;n.</p>
<p>Qu&eacute; el Se&ntilde;or nos conceda vivir bien la Cuaresma, como un tiempo bueno para nosotros.</p>
</blockquote>
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		<title>HOMILÍA EN RESPUESTA  A LA OFRENDA DEL REINO DE GALICIA AL SANTÍSIMO SACRAMENTO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Jun 2020 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Contenido]]></category>
		<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[Lugo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Excelent&#237;sima Sra. Oferente, Queridos irm&#225;ns no Episcopado, Ilustr&#237;simo Cabido Catedral Queridos irm&#225;ns sacerdotes e membros de institutos de vida consagrada Excmas. e Ilmas. Autoridades, Queridas irm&#225;s e irm&#225;ns no Se&#241;or, Celebramos un a&#241;o m&#225;s la Ofrenda del Reino de Galicia al Sant&#237;simo Sacramento, continuando as&#237; una tradici&#243;n que alcanza ya los 351 a&#241;os. Agradezco sus [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[</p>
<p><br /></p>
<p>Excelent&iacute;sima Sra. Oferente,<br />
Queridos irm&aacute;ns no Episcopado,<br />
Ilustr&iacute;simo Cabido Catedral<br />
Queridos irm&aacute;ns sacerdotes e membros de institutos de vida consagrada<br />
Excmas. e Ilmas. Autoridades,<br />
Queridas irm&aacute;s e irm&aacute;ns no Se&ntilde;or,</p>
<p>Celebramos un a&ntilde;o m&aacute;s la Ofrenda del Reino de Galicia al Sant&iacute;simo Sacramento, continuando as&iacute; una tradici&oacute;n que alcanza ya los 351 a&ntilde;os. Agradezco sus palabras a la Sra. Oferente, Alcaldesa de Lugo, que ha asumido esta responsabilidad en un a&ntilde;o tan extraordinario como este 2020, en que el mundo y tambi&eacute;n Galicia&nbsp;sufre las consecuencias de la pandemia provocada por el covid-19. En este lugar recobra aliento el coraz&oacute;n al poder dirigir juntos nuestras peticiones al Se&ntilde;or, recordando su presencia real entre nosotros y sus palabras: quien come de este pan, vivir&aacute; para siempre.<br />
En el origen de este singular privilegio eucar&iacute;stico, seg&uacute;n vieja tradici&oacute;n, hubo una opci&oacute;n, un gesto de libertad tambi&eacute;n en tiempos dif&iacute;ciles: no bastan nuestros esfuerzos, nuestra organizaci&oacute;n o incluso una diferente disciplina personal, para superar nuestra fragilidad; ni confiaremos en el descubrimiento de sabidur&iacute;as que nos har&iacute;an entrar en la armon&iacute;a profunda de la naturaleza para superar los miedos y dificultades de la vida. As&iacute; pod&iacute;an hablar algunos en los inicios de la antigua Gallaecia, cuando ca&iacute;a el mundo del imperio romano, lo nuevo estaba a&uacute;n tomando forma y la inseguridad era grande. Y estos acentos, en formas renovadas, a&uacute;n pueden resonar entre nosotros hoy, que hemos pasado estos tiempos dif&iacute;ciles del confinamiento, bajo la amenaza de este virus mortal.<br />
&iquest;No podr&iacute;amos pensar que la respuesta es sencillamente mayor disciplina y organizaci&oacute;n de nuestras fuerzas, o que hemos de buscar los secretos de una nueva armon&iacute;a con la naturaleza que lo solucionar&aacute; todo? A pesar de haber visto c&oacute;mo un virus, una fuerza natural ciega pon&iacute;a en cuesti&oacute;n en un instante todos nuestros ritmos y formas de vida, nuestras relaciones con los dem&aacute;s y con nuestro entorno, podemos seguir creyendo: s&oacute;lo es cuesti&oacute;n de tiempo para&nbsp;que nuestra sabidur&iacute;a &ndash;m&aacute;s ecol&oacute;gica&ndash;, nuestra tecnolog&iacute;a, nos asegure una vida armoniosa libre de todo peligro.<br />
Pero si los antiguos pod&iacute;an so&ntilde;ar sistemas en que cada uno pod&iacute;a dejar atr&aacute;s las limitaciones de la carne y alcanzar una vida divina, en nuestra &eacute;poca la esperanza del progreso sit&uacute;a siempre en el futuro el bien perfecto que deseamos.<br />
Y &iquest;qu&eacute; es de nosotros hoy? &iquest;qu&eacute; es de nuestra carne sufriente, de nuestras enfermedades, de nuestros seres queridos, de tantos rostros amados?<br />
La opci&oacute;n que llev&oacute; a nuestros padres a poner un signo eucar&iacute;stico en el centro del Altar mayor de su Iglesia principal, fue reconocer otro camino: el del Hijo de Dios que se hizo carne, y en la carne realiz&oacute; la salvaci&oacute;n, la llev&oacute; a la gloria y a la resurrecci&oacute;n. Entendieron que no se bastaban a s&iacute; mismos, que no era suficiente organizar bien las propias fuerzas, que la respuesta al enigma de la vida viene de un don, de un amor.<br />
Descubr&iacute;an as&iacute; una dignidad singular de la propia existencia, de la propia persona. Quien no era nadie significativo para las fuerzas inmensas del universo, aquel cuyos dolores no importaban realmente, cuyos anhelos y esperanzas eran irrelevantes para el mundo, era alguien, amado definitivamente por Dios; de modo que sus actos, su coraz&oacute;n, su existencia, importaban, estaban ante los&nbsp;ojos del Se&ntilde;or del universo; ten&iacute;a valor no a pesar, sino por su humanidad vivida en la carne, aunque fuese m&aacute;s d&eacute;bil que fuerte, m&aacute;s sufriente que aparentemente triunfante.<br />
El Se&ntilde;or en el Altar mayor, en el centro de las miradas, es la afirmaci&oacute;n del valor de nuestra humanidad, de la carne y de la sangre en que se realizar&aacute; la salvaci&oacute;n. Es la defensa del humilde, del que llora, del que busca la paz, del que es misericordioso y manso, del que no niega la fe del coraz&oacute;n, del que conf&iacute;a en Dios Padre. Es la victoria del humilde, del que reconoce que no puede darse la vida, que sus fuerzas no bastan para asegurarle el bien que desea para s&iacute; mismo, para su familia y para su tierra. Es la victoria de los sencillos de coraz&oacute;n, que reconocen la verdad manifiesta tan humanamente en Jes&uacute;s de un Dios que es Padre y es Amor.<br />
Y es, al mismo tiempo, la afirmaci&oacute;n definitiva de la comuni&oacute;n: vivimos en la alegr&iacute;a de la unidad, de la comunidad plena de significado, que se manifiesta especialmente en el gesto de la Eucarist&iacute;a, de participar del mismo Pan de vida a la mesa del Se&ntilde;or. Y en esta mesa aprendemos a vivir en el agradecimiento y la entrega, en el sacrificio, el don y la fraternidad cotidiana.<br />
As&iacute; se ir&aacute; conformando mucho de lo mejor del pueblo gallego. Que puede afirmar sin miedo la vida y la dignidad de la propia existencia, en el campo o en la ciudad, la grandeza escondida de la familia, del amor, del hogar. Que no teme el trabajo y vive en medio&nbsp;de la naturaleza con realismo, como en la casa en que va preparando el hogar mejor y definitivo. Que sabe compartir las penas y las alegr&iacute;as, que sabe poner la mesa y abrir la casa a los suyos, a los vecinos, los invitados. Que no cierra la puerta al necesitado, sino que lo entiende y acoge. Que cuida de padres y abuelos, que no abandona a los suyos en las dificultades o en la enfermedad, y los honra con inmensa esperanza y oraci&oacute;n solemne en el momento de la muerte. Que se alegra por el esplendor de la humanidad de los propios santos patronos, en quienes ve la certeza de las promesas cumplidas y una ayuda constante en el camino; que celebra su fiesta sin miedos, ligeros de coraz&oacute;n, compartiendo la fe y la caridad, el agradecimiento y la alegr&iacute;a de vivir.<br />
En este tiempo nuestro, dif&iacute;cil como o m&aacute;s que tantos otros, recojamos de nuevo el desaf&iacute;o que expresan las palabras con que nuestros antepasados acompa&ntilde;aron este signo eucar&iacute;stico: aqu&iacute; profesamos con firmeza este misterio de la fe.<br />
Todos los esfuerzos son bienvenidos, todos los trabajos son necesarios. Todas las colaboraciones son causa de alegr&iacute;a y aligeran el camino. Cada gesto cuenta, cada palabra de consuelo, cada momento de compa&ntilde;&iacute;a. En estos d&iacute;as hemos aprendido de nuevo, a veces con dolor, qu&eacute; decisivo es decir siempre: cada uno importa.<br />
Que nada nos quite la esperanza, la fe del coraz&oacute;n, que celebramos ante el Sant&iacute;simo una vez m&aacute;s. Nuestros antepasados&nbsp;quisieron hace 351 a&ntilde;os establecer esta Ofrenda del Reino de Galicia. Continuando esta tradici&oacute;n, acudimos a esta Catedral para pedir hoy, en las urgencias que nos rodean y ante los trabajos que nos esperan, ser pueblo de corazones buenos y generosos, alimentados por un &uacute;nico Pan, verdaderamente bueno y generoso.<br />
Que Xes&uacute;s Sacramentado bendiga neste d&iacute;a abondosamente a Vd. Sra. Oferente e a s&uacute;a familia, a Lugo e todas as cidades e pobos do Reino de Galicia, e a cada un de n&oacute;s. E que nestes tempos dif&iacute;ciles nos acompa&ntilde;e a intercesi&oacute;n da s&uacute;a Nai e a nosa Nai, a Sant&iacute;sima Virxe Mar&iacute;a dos Ollos Grandes.</p>
<p class='kyrios_post_author' style="font-size: 10px;text-align: right">+ Alfonso Carrasco Rouco, Obispo de Lugo</p>
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		<title>HOMILÍA DOMINGO DE PASCUA</title>
		<link>https://www.diocesisdelugo.org/homilia-domingo-de-pascua/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Apr 2020 00:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Contenido]]></category>
		<category><![CDATA[Homilías]]></category>
		<category><![CDATA[Lugo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Queridos hermanos: Celebramos este Domingo de Pascua cantando y con la m&#250;sica del &#243;rgano, de nuevo, que suena solemne y alegre. No nos parece demasiado, aunque en la catedral no est&#233;n presentes los fieles como siempre; porque, todos tenemos hoy el deseo de que la alegr&#237;a de la Pascua reine en todos los corazones y [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[</p>
<p><br /></p>
<p>Queridos hermanos:<br />
Celebramos este Domingo de Pascua cantando y con la m&uacute;sica del &oacute;rgano, de nuevo, que suena solemne y alegre. No nos parece demasiado, aunque en la catedral no est&eacute;n presentes los fieles como siempre; porque, todos tenemos hoy el deseo de que la alegr&iacute;a de la Pascua reine en todos los corazones y en todas nuestras casas. Lo deseamos para cada uno: que la certeza de la Pascua llene de alegr&iacute;a la casa en la que vivimos, a la gente a la que queremos y a nosotros mismos.<br />
Escuch&aacute;bamos en el Evangelio el inicio de c&oacute;mo se conoci&oacute; el acontecimiento de la Resurrecci&oacute;n. Vale la pena considerarlo, porque la Palabra de Dios siempre nos dice alguna verdad profunda para nosotros. En ella escuchamos hoy que Pedro y otro disc&iacute;pulo, que siempre se pens&oacute; que era Juan, van corriendo al sepulcro. Juan lleg&oacute; el primero, quiz&aacute;s porque era m&aacute;s joven. La narraci&oacute;n contin&uacute;a contando c&oacute;mo Juan deja entrar antes a Pedro, el portavoz de todos, c&oacute;mo el sepulcro estaba vac&iacute;o, seg&uacute;n hab&iacute;an dicho las mujeres, y c&oacute;mo Juan entr&oacute;, &laquo;vio y crey&oacute;&raquo; (esto lo dice de &eacute;l mismo, no as&iacute; de Pedro). &laquo;Vio y crey&oacute;&raquo;. Fue una gracia. Es como si el Se&ntilde;or le hubiese hecho un don, un gesto de cari&ntilde;o hacia &eacute;l. Es curioso: Juan es el primero del que se dice &laquo;crey&oacute;&raquo;, a&uacute;n cuando todav&iacute;a no hab&iacute;a visto al Se&ntilde;or resucitado. Todos creer&aacute;n despu&eacute;s, vi&eacute;ndolo. Pero Juan empez&oacute; a creer enseguida. Ten&iacute;a una familiaridad especial con Jes&uacute;s, una cercan&iacute;a de coraz&oacute;n con &Eacute;l; record&oacute; que &Eacute;l lo hab&iacute;a dicho, no necesit&oacute; m&aacute;s, crey&oacute;.<br />
Hoy el anuncio del sepulcro vac&iacute;o sigue resonando. Todos podr&iacute;amos decir que sabemos de este anuncio; toda la sociedad, el mundo entero, sabe de este anuncio. Sabemos que ha resonado por todo el mundo la voz de que el sepulcro de Jes&uacute;s est&aacute; vac&iacute;o y tambi&eacute;n la explicaci&oacute;n de que &Eacute;l ha resucitado.<br />
Pensemos un instante: en estos tiempos de pandemia, si te llegase esta noticia, &iquest;no te interesar&iacute;a? Si alguien te dijese: &laquo;parece ser que el sepulcro estaba vac&iacute;o, no porque se hubieran llevado el cuerpo, sino porque de verdad ha resucitado&raquo;. Si alguien afirmase: &laquo;una persona ha vencido, no s&oacute;lo al coronavirus y ha salido del hospital (que nos da una gran alegr&iacute;a), no s&oacute;lo un ser querido nuestro ha vencido a la enfermedad, se ha recuperado (que nos llena de emoci&oacute;n el coraz&oacute;n), sino que &iexcl;ha salido del sepulcro!&raquo;; si nuestra sociedad, si nosotros obedeci&eacute;semos a las indicaciones elementales del coraz&oacute;n y de la raz&oacute;n, ir&iacute;amos a mirar, nos preocupar&iacute;amos, nos dir&iacute;amos &laquo;&iquest;ser&aacute; verdad?&raquo;. Porque razones para decir desde el principio &laquo;no puede ser verdad de ninguna manera&raquo;, no tenemos. Quiz&aacute;s tengamos prejuicios, pero no razones. Hoy, que vemos lo que significa el morir tan de cerca, que te digan &laquo;ha sucedido, en tal momento, en tal lugar, en tal sepulcro, con tal persona concreta, ha salido del sepulcro, est&aacute; vac&iacute;o y por m&aacute;s que busques no encontrar&aacute;s ni huesos, ni cad&aacute;ver, ni nada&raquo;, interpela profundamente. Para nuestra sociedad, &iquest;habr&aacute; noticia mejor? &iquest;Habr&aacute; noticia m&aacute;s significativa y m&aacute;s grande?<br />
Claro que falta sacar conclusiones, entender qu&eacute; significaba aquello. Como hizo Juan, que &laquo;vio y crey&oacute;&raquo;. Pero nosotros, la mayor&iacute;a de las veces, no vamos a hacer as&iacute;. Si somos como Pedro, ya est&aacute; bien. Llegaremos, miraremos y no entenderemos; diremos &laquo;bueno, qui&eacute;n sabe qu&eacute; pasar&aacute; aqu&iacute;&raquo;. Juan, que ten&iacute;a ya una familiaridad honda, vio y crey&oacute;,&nbsp;</p>
<p>entendió; fue una gracia de Dios. &iquest;No recibiremos nosotros una gracia para entender hoy? Pues sí. &iquest;Y de qué manera?<br />
Las lecturas narraban que Jesús se apareció, no sólo resucitó y se marchó; resucitó para nosotros, y quería ayudarnos a entender. Se apareció trayendo la paz; sus primeras palabras fueron &laquo;paz a vosotros&raquo;, contará otro pasaje del Evangelio. Esto no sólo era el saludo habitual, sino que era una profunda verdad. &laquo;Paz a vuestros corazones, paz a vosotros que me dejasteis solo en la cruz. Paz a vosotros que no sabíais ya si creer en mis palabras o no; que realmente no confiabais ya. Paz a vosotros, no os preocupéis, aquí estoy.&raquo; Jesús consolaba así los corazones doloridos, sanando del pecado, recuperando los amigos, relanzando el camino de la vida, con una esperanza nueva.</p>
<p>&iquest;Por qué se le apareció a los suyos y no a todos? Porque no se podía aparecer a todos, porque tenía que responder el corazón de la persona con fe. Y esta respuesta del corazón la podían dar los amigos; los enemigos, si lo viesen, repetirían lo mismo de antes: &laquo;este es un actor y esto suyo, un engaño&raquo;. Para multiplicar el mal, no tenía sentido aparecerse. Ni tampoco lo tenía para aparecerse glorioso y aplastar a aquellos que no lo habían entendido. Jesús quería el bien, siempre quiere nuestro bien. El Señor no quiere nuestra muerte, sino nuestra vida; no quiere castigar al pecador, sino que se convierta y viva. El Señor no desprecia el corazón de nadie, ni del último de los pecadores, porque murió por nosotros; sino que desea sanarlo, abrazarlo, hacerlo amigo, acercarlo. La victoria del Señor es nuestro éxito, nuestra vida, es el esplendor de nuestra persona, de nuestro corazón, es la gloria nuestra: esa es la gloria suya. Él quiere llevarnos a la gloria; por eso no podía aparecerse y machacar a sus enemigos, no habría sido Él.</p>
<p>El Señor nos dejó un signo a través de la comunión, de la renovación de la amistad de todos sus amigos, de la esperanza infinita que daba explicación de los hechos. Y desde entonces es así: los suyos, los que habían sido restaurados en su corazón, los que habían recobrado la paz, todas las esperanzas, los que podían vivir unidos y amarse unos a otros, serían la palabra justa para entender el signo del sepulcro vacío, de la Resurrección. Así hasta hoy.</p>
<p>Los cristianos, la palabra de la Iglesia te dice por qué está vacío el sepulcro, que lo estaba. Y la vida de la Iglesia te lo puede hacer creíble: por Ella puede venir la gracia, para que todos podamos decir &laquo;es verdad&raquo;, ya hay Alguien que ha salido del sepulcro, el primero de todos. La vida de los cristianos nos dice qué trajo como regalo el que salió del sepulcro. Cuando el Señor resucitó nos dijo cuánto amor había por nuestro corazón, pero también qué dignidad puede tener nuestra vida, qué dignidad la de nuestro corazón, qué dignidad tiene el rostro de cada uno, mirado por Dios desde toda la eternidad, qué grandeza pueden tener nuestros gestos, qué dignidad nuestras palabras, cómo es posible renovar el mundo, vivir de otra manera, no sólo cumpliendo los mínimos de la ley de Dios: &laquo;no robarás, no matarás, no mentirás&raquo;; sino muchísimo más: &laquo;amar como Él ha amado&raquo;.</p>
<p>El esplendor de la humanidad que el Señor resucitado hace posible en los suyos será el testimonio que nos diga &laquo;es cierto, el sepulcro está vacío, porque ha resucitado el Señor, porque su cuerpo y su alma están resucitadas&raquo;; que nos haga entender que la persona está destinada a la vida y ya puede vivir ahora la esperanza de que será definitiva, será plena y eterna.</p>
<p>Que el Señor nos dé vivir según su Espíritu, según este Espíritu capaz de resucitar hasta el cuerpo de una persona difunta. Que Él nos dé vivir este amor, que nos dé vivir con este Espíritu, para que un día nuestro corazón limpio de pecado pueda saludar, dar gracias, honrar, abrazar a todos los seres queridos en la Patria, en la gloria del Cielo.</p>
<p class='kyrios_post_author' style="font-size: 10px;text-align: right">+ Alfonso Carrasco Rouco, Obispo de Lugo</p>
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		<title>HOMILÍA VIGILIA PASCUAL</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Apr 2020 00:00:00 +0000</pubDate>
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<p class='kyrios_post_author' style="font-size: 10px;text-align: right"> + Alfonso Carrasco Rouco, Obispo de Lugo</p>
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		<title>HOMILÍA VIERNES SANTO</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Apr 2020 00:00:00 +0000</pubDate>
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<p>&nbsp;</p>
<p class='kyrios_post_author' style="font-size: 10px;text-align: right"> + Alfonso Carrasco Rouco, Obispo de Lugo</p>
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		<title>HOMILÍA JUEVES SANTO</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Apr 2020 00:00:00 +0000</pubDate>
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<p class='kyrios_post_author' style="font-size: 10px;text-align: right"> + Alfonso Carrasco Rouco, Obispo de Lugo</p>
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