Cáritas Diocesana de Lugo alerta de las dificultades de acceso a la vivienda y comparte dos testimonios que muestran la importancia del acompañamiento personal, más allá de las ayudas económicas.
Cuando Yesly llegó a España desde Colombia, en 2021, lo hizo con dos hijos pequeños, de uno y siete años. Durante los primeros seis meses, los tres vivieron en una habitación por la que pagaba 200 euros mensuales. Mientras buscaba trabajo y trataba de conseguir estabilidad, aquel pequeño espacio era todo lo que tenían.
Hoy vive en un piso con sus tres hijos, después de conseguir que el mayor también pudiera reunirse con ellos. Ha trabajado en el cuidado de personas mayores y ha atravesado períodos de desempleo. Su situación económica sigue siendo complicada, pero reconoce que ha conseguido avanzar.
“Me encuentro bien, me encuentro contenta, voy tirando”, explica. Lo más importante para ella es que sus hijos tienen ahora un hogar: “Tengo mis hijos en un piso acomodados, que es lo importante porque vivir en una habitación todos amontonados es un poco complicado”.
Su historia es una de las que acompañan diariamente los profesionales y voluntarios de Cáritas Diocesana de Lugo. Familias que intentan salir adelante, pero para las que mantener una vivienda se ha convertido en una preocupación constante.
Una pobreza que está cambiando
En Lugo, el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales factores de vulnerabilidad.
Mónica Yáñez, secretaria general de Cáritas Diocesana de Lugo, explica que en los últimos años se ha producido un cambio significativo en el perfil de las personas que acuden a la entidad.
“La pobreza ya no afecta únicamente a quienes carecen de ingresos, sino también a personas que trabajan y que, pese a sus esfuerzos, no consiguen mantener unas condiciones de vida dignas”, señala.
Junto a las situaciones de exclusión social más graves, Cáritas encuentra cada vez más familias que tienen un empleo o perciben alguna prestación, pero no llegan a fin de mes. El alquiler, la precariedad laboral, la insuficiencia de ingresos y la falta de redes familiares o sociales aparecen entre las principales dificultades.
Preocupa especialmente la situación de las familias con menores que viven en habitaciones compartidas, las mujeres que asumen solas el cuidado de sus hijos y las personas migrantes que encuentran barreras para acceder a una vivienda.
Más de 150.000 euros en ayudas para vivienda
El informe La vivienda como eje de exclusión, elaborado por Cáritas Diocesana de Lugo en octubre de 2026, confirma la importancia que está adquiriendo este problema.
El precio medio de oferta del alquiler en Lugo alcanzó en septiembre los 8,7 euros por metro cuadrado, un 10,8 % más que un año antes. Una vivienda de 70 metros cuadrados supone así unos 609 euros mensuales, sin incluir suministros ni otros gastos.
Estas cantidades resultan difíciles de asumir para hogares con ingresos reducidos. En algunos casos, el alquiler absorbe prácticamente todos sus recursos, obligándolos a reducir gastos de alimentación, calefacción o educación. En otros, la única alternativa es compartir vivienda o alquilar una habitación.
Mónica Yáñez advierte también de las consecuencias que esta situación tiene sobre los menores. La falta de un espacio adecuado para estudiar, descansar o desarrollar su vida cotidiana, unida a la incertidumbre sobre dónde vivirán, genera inseguridad y un importante desgaste emocional en las familias.
En lo que va de 2026, Cáritas Diocesana de Lugo ha destinado más de 150.000 euros a ayudas directas para vivienda, destinadas a afrontar situaciones de necesidad relacionadas con el alojamiento.
Pero estas ayudas, aun siendo fundamentales, constituyen solamente una parte de su intervención.

Yesly: “Más que lo económico, las palabras de aliento”
Yesly acudió a Cáritas en 2025. Desde entonces ha recibido acompañamiento social, psicológico y económico para afrontar las dificultades familiares.
Recuerda especialmente a las profesionales que han estado a su lado, interesándose por sus hijos, sus problemas y su situación personal.
“Siempre están apoyándolo a uno. No puedo decir sino que han sido súper excelentes personas conmigo”, explica agradecida.
Sin embargo, cuando habla de lo que ha significado Cáritas en su vida, insiste en que no todo se reduce a recibir una ayuda económica.
“Para mí, esencialmente, es ese apoyo que le dan a uno que necesita unas palabras de aliento”.
Sus hijos están escolarizados y el mayor cursa Formación Profesional de electricidad. La familia ha conseguido una mayor estabilidad, aunque Yesly continúa afrontando dificultades laborales y económicas.
No presenta su experiencia como una historia en la que todos los problemas hayan desaparecido, sino como un proceso en el que ha podido avanzar acompañada.
Carmen: “Me devolvieron la dignidad, las ganas de vivir”
También Carmen sabe lo que significa llegar a una situación en la que parece difícil encontrar una salida.
Llegó a España hace algo más de cuatro años. Al principio las cosas fueron bien, pero sus circunstancias personales terminaron complicándose hasta sentirse desbordada.
Fue entonces cuando acudió a Cáritas.
“Me encontré a un ángel que se llama Cáritas”, recuerda al hablar de la acogida que recibió.
Carmen participó en un taller para mujeres y conoció los programas de acompañamiento y orientación laboral de la entidad. Pero, como Yesly, destaca especialmente la atención personal: “Me devolvieron la dignidad, las ganas de vivir”, afirma.
Recuerda la cercanía con la que fue recibida y la importancia de sentirse escuchada y tratada con respeto en un momento especialmente difícil.
Por eso, desde su propia experiencia, anima a otras personas que atraviesan circunstancias semejantes a buscar apoyo.
Cáritas, explica, “no solamente da acompañamiento, comida, ropa, sino que da calidad de vida”.
Sus palabras muestran otra dimensión de la pobreza: la soledad, el desánimo y la pérdida de confianza que pueden acompañar a las dificultades materiales.
Acompañar, no solamente ayudar
Los testimonios de ambas mujeres reflejan la manera de trabajar de Cáritas Diocesana de Lugo.
Mónica Yáñez explica que la atención comienza escuchando a cada persona, conociendo su situación familiar y tratando de responder a las necesidades más urgentes, como la alimentación, la vivienda o los suministros.
Pero el trabajo no termina ahí. “Nuestro objetivo es que la persona sea protagonista de su propio proceso”, subraya la secretaria general de Cáritas.
Para ello, la entidad desarrolla itinerarios personalizados que pueden incluir orientación laboral, formación, apoyo educativo, asesoramiento social y acompañamiento emocional.
La finalidad es ofrecer las herramientas y oportunidades necesarias para que cada persona recupere la confianza, pueda tomar sus propias decisiones y avance hacia una vida autónoma.
Este acompañamiento resulta especialmente importante en situaciones de pobreza que no responden a una única causa. La pérdida del empleo puede poner en riesgo la vivienda, y la falta de estabilidad residencial dificulta encontrar trabajo o mantener un proceso de formación. Cuando hay menores, estas dificultades afectan además a su educación, a la convivencia y al bienestar de toda la familia.
Una realidad que también nos concierne
El Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza invita a mirar más allá de las estadísticas y reconocer las situaciones de vulnerabilidad que existen en nuestro entorno.
Mónica Yáñez recuerda que cualquier ciudadano puede colaborar con Cáritas a través del voluntariado, las aportaciones económicas o la participación en sus programas de acompañamiento.
Pero señala también otra forma de implicarse: “no permanecer indiferentes ante las dificultades de quienes tenemos cerca, escuchar sin juzgar y contribuir a una sociedad más acogedora”.
La labor de Cáritas, como expresión de la acción caritativa y social de la Iglesia, nace precisamente de esa cercanía a las personas y de la convicción de que toda vida merece ser acompañada y respetada.
Las historias de Yesly y Carmen recuerdan que, detrás de cada solicitud de ayuda, hay alguien que busca estabilidad, oportunidades y la posibilidad de construir su propio futuro.
Y que, a veces, junto a la ayuda necesaria para pagar una vivienda o afrontar un gasto urgente, lo que permite seguir adelante es saber que hay alguien dispuesto a escuchar y acompañar.
Quienes deseen conocer los programas de Cáritas Diocesana de Lugo o colaborar con su actividad pueden encontrar más información en www.caritaslugo.es.
María José Campo





