Cinco décadas después de su ordenación sacerdotal, Mario Vázquez mira atrás con serenidad, gratitud y la convicción de que su vida ha estado marcada por el “servicio a Dios y a los hermanos”. Este año celebra sus bodas de oro sacerdotales, una fecha especialmente significativa que coincide con la festividad de San Juan de Ávila, patrono del clero secular español.
Conocido y querido en la diócesis de Lugo por su cercanía y por las numerosas responsabilidades pastorales que desempeñó a lo largo de estos años, Mario Vázquez recuerda que sus primeros pasos hacia el sacerdocio estuvieron marcados por una época de profundos cambios sociales y eclesiales.

Una vocación en tiempos de cambio
“Fue una época de muchas crisis y cambios, tanto a nivel social, político y eclesial”, explica al recordar los años posteriores al Concilio Vaticano II, cuando los seminarios comenzaron a vaciarse y muchos sacerdotes abandonaban el ministerio.
Aun así, asegura que la fidelidad a la vocación fue más fuerte que todas las dificultades: “Siempre digo que llegamos a sacerdotes porque Dios lo quiso, porque nos concedió la gracia de una vocación firme”.
Mario Vázquez pertenece a una generación que vivió la transformación de la Iglesia y también de la sociedad española. “Éramos los últimos de una etapa”, recuerda, evocando los años en los que el Seminario de Lugo comenzaba a cambiar profundamente.

Madrid, la pobreza y la pastoral juvenil
Tras sus primeros años como sacerdote y formador en el Seminario, continuó estudios en Madrid, donde desarrolló una intensa labor pastoral en barrios humildes y marcados por la droga y la exclusión social.
“Casi todos los días iba a la cárcel con las madres y algunos padres para visitar a jóvenes de la parroquia”, relata sobre su experiencia en el barrio de Tetuán.
Aquellos años dejaron una profunda huella en él, tanto por el contacto con la pobreza como por el trabajo con jóvenes y familias en situaciones muy difíciles.
Más tarde, ejerció también su ministerio en la Sierra de Madrid, una etapa que recuerda con especial cariño. “Fue muy gratificante ser cura de pueblo”, afirma. Allí impulsó iniciativas sociales y talleres para jóvenes afectados por la droga y el desempleo.
El regreso a Lugo
Con el tiempo regresó a Lugo, donde desempeñó distintas responsabilidades diocesanas, entre ellas la de vicario general. Reconoce que aceptar algunos encargos no siempre fue fácil, pero siempre respondió desde la obediencia y el compromiso.
“Siempre que se me ofreció algo dije adelante”, señala.
Ligado además durante años al ámbito de la comunicación diocesana, Mario Vázquez continúa siendo una voz cercana y reconocible para muchas generaciones de lucenses.

“Volvería a decir sí”
A sus cincuenta años de sacerdocio, asegura que sigue encontrando ilusión en aquello que dio sentido a toda su vida: “Celebrar la Eucaristía y presidir la Santa Mesa para el pueblo de Dios”.
Y cuando se le pregunta si volvería a escoger el mismo camino, su respuesta es clara:
“Por supuesto. Si Dios quiere y me deja, seguiré diciendo sí cada día”.
Escucha el podcast completo con la entrevista a Mario Vázquez
María José Campo





