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Mons. Alfonso Carrasco: Educar es amar a la persona tomando en serio su inteligencia, su libertad y su futuro


El obispo de Lugo presidió en Salamanca una eucaristía por las víctimas del accidente ferroviario, antes de la primera entrega de los Premios Stella. La ceremonia se desarrolló en un ambiente de sobriedad, tras suspenderse la parte festiva del programa.

La primera edición de los Premios Stella, celebrada el miércoles 28 de octubre en la Universidad Pontificia de Salamanca, estuvo marcada por el recuerdo de las víctimas del accidente ferroviario ocurrido en Toledo. La organización decidió suspender la parte festiva de la ceremonia y mantener la entrega de los galardones en un formato sobrio, como expresión de duelo y solidaridad con los fallecidos y sus familias.

Antes del acto, el obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco, presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, presidió una eucaristía en la iglesia de la Clerecía, concelebrada por el obispo de Salamanca y Ciudad Rodrigo, Mons. José Luis Retana y el obispo de Mallorca, Mons. Sebastià Taltavull, en la que se pidió por el eterno descanso de las víctimas y el consuelo de quienes sufren las consecuencias de la tragedia.

Una solidaridad que nace de la comunión

Durante la homilía, Alfonso Carrasco recordó que la oración por las víctimas no responde únicamente a las circunstancias del momento, sino que forma parte de la propia vida cristiana. La fe, explicó, lleva a reconocer una comunión profunda con los demás, también con quienes han fallecido, y a no permanecer indiferentes ante su sufrimiento.

“El fallecimiento de estas personas no nos es ajeno, no queremos mirarlo así”, afirmó el obispo, que insistió en la responsabilidad de acompañar a las familias y pedir para ellas consuelo y esperanza.

En su reflexión relacionó esta comunión con la tarea educativa. Educar, señaló, implica mirar a la otra persona con amor y esperanza, compartir con ella lo recibido y acompañarla en su crecimiento. Desde esta perspectiva, el cuidado del otro, especialmente en las situaciones de mayor vulnerabilidad, no puede separarse de la educación.

Educar es amar a la persona

Tras la eucaristía, la entrega de los Premios Stella reunió en el Aula Magna de la Universidad Pontificia a representantes de distintas iniciativas educativas, culturales y sociales reconocidas en esta primera edición.

Durante su intervención, el obispo de Lugo recordó que la educación ha constituido a lo largo de los siglos una de las grandes expresiones de la caridad cristiana. Citando al papa León XIV, destacó que la preocupación por la formación de las personas nace de una experiencia de fraternidad que se traduce en iniciativas concretas.

“Educar es amar a la persona tomando en serio su inteligencia, su libertad y su futuro”, afirmó. Y añadió que también significa mirar con esperanza a quienes tienen más dificultades o cuentan con menos oportunidades.

Alfonso Carrasco explicó que las iniciativas educativas cristianas surgieron de comunidades en las que el cuidado de la persona tomó forma a través del aprendizaje, el razonamiento, la búsqueda compartida de la verdad y la escucha.

En este sentido, señaló que la educación no consiste únicamente en transmitir conocimientos. También supone introducir a cada persona en una herencia humana y cultural que la precede, ayudarla a comprender el mundo y acompañarla en el ejercicio de su libertad y de sus responsabilidades.

Nueve historias que han abierto caminos

Los Premios Stella, promovidos por el Consejo General de la Iglesia en la Educación (CGIE), nacen para reconocer trayectorias y proyectos que han contribuido al bien de las personas y de la sociedad desde ámbitos muy diferentes.

“Los Premios Stella quieren dar las gracias por nueve historias buenas”, expresó Alfonso Carrasco, que destacó la importancia de reconocer no solo los principios pedagógicos, sino también las experiencias concretas en las que estos se hacen realidad.

Entre los galardonados de esta primera edición figuran el seleccionador nacional de fútbol Luis de la Fuente, el filósofo y profesor Francesc Torralba, el ilustrador Fano y la Escolanía de Lluc.

También fueron reconocidos el Colegio Nuestra Señora de los Infantes de Toledo, la Cátedra de Innovación y Salud Mental Digital de la Universidad Pontificia Comillas, las Hermanas de Nuestra Señora de la Compasión, el proyecto de educación especial «El teatro vive en mi cole» y la Congregación Salesiana por su dedicación a la Formación Profesional de Grado Básico.

La ceremonia incluyó además un reconocimiento extraordinario a la Escuela de Salamanca, coincidiendo con su quinto centenario. El obispo destacó su contribución a la historia de las personas y de los pueblos, especialmente en ámbitos relacionados con la convivencia y la paz.

Un agradecimiento a todos los educadores

En la parte final de su intervención, Alfonso Carrasco quiso extender el reconocimiento a quienes, sin recibir premios ni alcanzar notoriedad, han dedicado su vida a acompañar el crecimiento de otras personas.

“Casi dan ganas de decir a nuestros maestros, a los que tuvimos nosotros y a nuestros educadores, muchas gracias, las merecen”, señaló.

El obispo añadió su agradecimiento a quienes continúan dedicando sus mejores energías a enseñar y cuidar, consciente de que muchas de las experiencias educativas más decisivas transcurren discretamente, en la relación cotidiana entre profesores y alumnos.

A su juicio, los Premios Stella quieren recordar una tradición educativa y humana que ha contribuido a construir nuestra sociedad, que continúa viva y que no debería quedar olvidada “debajo del ruido y las urgencias de nuestro tiempo”.

En una jornada en la que el dolor por las víctimas del accidente ferroviario estuvo presente desde el comienzo, Alfonso Carrasco expresó su deseo de que este encuentro sirva también para renovar el aprecio por la educación y por quienes hacen posible esa tarea.

Concluyó evocando el lema de san John Henry Newman, Cor ad cor loquitur —el corazón habla al corazón—, como expresión del encuentro personal que está en el centro de toda verdadera relación educativa.