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Un eclipse para recordar a Ramón María Aller


El próximo 12 de agosto, Galicia será uno de los mejores lugares de Europa para observar el eclipse parcial de Sol. Durante unos minutos, miles de personas dirigirán la mirada al cielo para contemplar un fenómeno que no volverá a repetirse en las mismas condiciones hasta dentro de varios años.

En nuestra diócesis, esa invitación ofrece también la oportunidad de recordar a una de las figuras más destacadas de la astronomía española del siglo XX: Ramón María Aller Ulloa (1878-1966), sacerdote, matemático y astrónomo, cuya pasión por el estudio del universo situó a Galicia en el mapa de la investigación científica.

Nacido en Lalín y ordenado sacerdote en 1900, Aller comenzó observando el cielo desde un pequeño observatorio instalado en el jardín de su propia casa. Aquellos primeros trabajos, realizados con medios modestos, pronto despertaron el interés de la comunidad científica nacional e internacional. Sus investigaciones sobre estrellas dobles le valieron un reconocido prestigio y contribuyeron decisivamente al desarrollo de la astronomía moderna en España.

Su trayectoria fue mucho más allá de la investigación personal. Impulsó el Observatorio Astronómico de la Universidad de Santiago, fue el primer catedrático de Astronomía de la institución compostelana y formó a nuevas generaciones de científicos. Uno de sus telescopios apocromáticos fue donado al Seminario Diocesano de Lugo, testimonio de un vínculo que unía la formación sacerdotal con el amor por el conocimiento.

Quienes lo conocieron destacaban en él dos rasgos inseparables: el rigor científico y la sencillez personal. El profesor Carlos Brandido resumía esa vida afirmando que “ciencia e virtude foron os dous polos de atracción da vida de D. Ramón”. Y añadía una observación que ayuda a comprender su legado: “máis importante que o anteollo é o ollo do observador”. Una frase que resume toda una forma de entender la investigación: antes que los instrumentos, importa la capacidad de observar con paciencia, curiosidad y constancia.

Al recordar su figura, el eclipse del próximo 12 de agosto no solo invita a mirar el cielo. También recuerda que los cristianos nunca hemos visto la inteligencia como un límite para la fe, sino como un don de Dios. Si el universo puede ser conocido es porque ha sido creado con un orden, y si el ser humano puede estudiarlo es porque también ha recibido la capacidad de comprenderlo. Ramón María Aller dedicó su vida a contemplar ese mismo cielo con la fe del sacerdote y la mirada del científico, sin sentir nunca que una contradijera a la otra.