La Iglesia celebra este domingo, 31 de mayo, la solemnidad de la Santísima Trinidad y la Jornada Pro Orantibus, dedicada a la vida contemplativa. El lema de este año, «Vida contemplativa: ¿por quién eres?», invita a mirar con gratitud a quienes sostienen la vida de la Iglesia desde la oración, el silencio y la entrega.
En la solemnidad de la Santísima Trinidad, la Iglesia contempla el misterio de un Dios que es comunión de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. No es casual que en este día se celebre también la Jornada Pro Orantibus, una ocasión para recordar, agradecer y apoyar a las comunidades contemplativas.
El lema de 2026 —«Vida contemplativa: ¿por quién eres?»— pone el acento en una pregunta decisiva para toda vocación cristiana. Las monjas y monjes contemplativos responden con su vida: son para Dios y, precisamente por eso, son también para la Iglesia y para el mundo. Su oración silenciosa abraza las alegrías, heridas y esperanzas de todos.
En la Diócesis de Lugo, esta jornada tiene una resonancia especial. Nuestra Iglesia diocesana, marcada por la tradición eucarística, la dispersión territorial, la vida rural, el envejecimiento de muchas comunidades y la fidelidad sencilla de tantas parroquias, necesita también ese corazón orante que recuerda lo esencial: antes que hacer muchas cosas, la Iglesia vive de Dios.
La vida contemplativa no está al margen de la realidad diocesana. La sostiene desde dentro. En Lugo, comunidades como las Salesas o el monasterio de la Purísima Concepción forman parte de esta presencia escondida y fecunda, que sigue ofreciendo a la diócesis un testimonio de gratuidad, intercesión y esperanza.
En esta Jornada Pro Orantibus, la Diócesis de Lugo invita a rezar por quienes rezan por todos. También a acercarse con afecto a los monasterios, valorar su misión y pedir al Señor nuevas vocaciones contemplativas.
Porque en el corazón de la Iglesia hacen falta manos que trabajen, voces que anuncien y, también, vidas que permanezcan ante Dios por todos.
Este año, además, la Jornada Pro Orantibus coincide con la fiesta de la Visitación de la Virgen María, celebrada el 31 de mayo. En ella contemplamos a María que, llevando a Cristo en su seno, sale al encuentro de su prima Isabel para servirla y compartir con ella la alegría de la salvación. Una coincidencia especialmente significativa para las religiosas de la Orden de la Visitación presentes en nuestra diócesis y para toda la vida contemplativa, llamada a ser, como María, presencia discreta de Dios en medio del mundo, llevando en la oración las necesidades y esperanzas de toda la Iglesia.
María José Campo





