El Evangelio recuerda miradas que supieron ver antes que nadie: la de María en Caná, la de una mujer que se acercó a Cristo camino de la cruz, la de las primeras que descubrieron el sepulcro vacío.
Miradas de mujer que cambiaron la historia.
Quizá no fue un 8 de marzo.
Pero un día los ojos de una mujer cambiaron la historia.
El Evangelio nos habla de ojos que supieron ver antes que nadie.
En las bodas de Caná, María descubrió lo que otros no habían visto: “Les falta vino”.
Su mirada atenta abrió el camino al primer signo de Jesús.
Más tarde, cuando Cristo caminaba hacia la cruz, una mujer se atrevió a mirarlo cuando muchos apartaban la vista.
Y al amanecer del tercer día fueron mujeres quienes llegaron primero al sepulcro.
Ellas descubrieron que estaba vacío.
Ellas fueron las primeras en anunciar que Cristo había resucitado.
A veces se repite que las mujeres no han tenido, o no tenemos, un papel importante en la Iglesia.
Basta abrir el Evangelio para descubrir lo contrario.
Dios confió a mujeres algunos de los momentos más decisivos de la historia de la salvación.
Muchas de las miradas decisivas de la historia de la salvación fueron miradas de mujer.
Y aquellas miradas que cambiaron la historia siguen vivas hoy.
En Lugo conocemos bien esa mirada.
Desde hace siglos, la Virgen de los Ojos Grandes acompaña la fe de esta ciudad.
Su mirada serena sigue recordándonos algo sencillo y profundo: que la fe también se aprende mirando.
Porque quizá no fue un 8 de marzo.
Pero un día
los ojos de una mujer
cambiaron la historia.
Y siguen cambiándola cada día.
Y en Lugo tiene unos ojos muy grandes.

María José Campo




