Cristo, resurrección y vida
En el V Domingo de Cuaresma la Iglesia nos sitúa ante el umbral del misterio pascual. El camino cuaresmal se acerca a su culmen, y la liturgia nos invita a contemplar a Cristo como Señor de la vida, Aquel que vence la muerte y abre para nosotros un horizonte de esperanza definitiva.
En este domingo la Iglesia nos prepara ya de manera más intensa para la celebración de la Pascua.
“Yo soy la resurrección y la vida”
El Evangelio nos presenta la resurrección de Lázaro, uno de los signos más elocuentes del poder de Cristo sobre la muerte. Ante el dolor de Marta y María, Jesús no permanece indiferente: comparte el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, revela una verdad decisiva.
Marta expresa su fe en la resurrección final, según la esperanza del pueblo de Israel. Pero Jesús va más allá: no solo anuncia la resurrección en el último día, sino que proclama que Él mismo es la resurrección y la vida. Quien cree en Él, aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en Él no morirá para siempre.
Esto significa que la vida nueva comienza ya ahora, cuando nos unimos a Cristo y acogemos su gracia. La muerte no tiene la última palabra: puede afectar a nuestro cuerpo, pero no puede destruir la vida que Dios nos regala.
Una esperanza que transforma la vida
La fe en Cristo resucitado ilumina toda nuestra existencia. El Espíritu que resucitó a Jesús habita en nosotros y nos llama a vivir ya como hombres y mujeres nuevos, sostenidos por la esperanza.
Jesús resucitado es la manifestación plena de la gloria de Dios y la respuesta a la búsqueda más profunda del corazón humano. En Él encontramos la vida verdadera, la que no termina.
Al acercarnos a la Semana Santa, la Iglesia nos invita a renovar nuestra fe, a confiar en la fuerza de la vida que viene de Dios y a caminar con esperanza hacia la Pascua.
Jornada del Seminario
En este domingo puede celebrarse el Día del Seminario (en torno al 19 de marzo), una ocasión para orar por las vocaciones sacerdotales y colaborar con la formación de quienes se preparan para el ministerio sacerdotal.
María José Campo
