La Catedral de Lugo acogió este Viernes Santo la celebración de la Pasión del Señor, uno de los momentos más intensos del Triduo Pascual, presidido por el obispo de la diócesis y con la participación de numerosos fieles.
En esta jornada, la Iglesia contempla la pasión y muerte de Jesucristo en la cruz, misterio central de la fe cristiana en el que se revela el amor de Dios que salva al mundo.
El clamor de Cristo y la voluntad del Padre
En su homilía, el obispo, Mons. Alfonso Carrasco, situó la mirada en la oración de Jesús en Getsemaní, donde, cargando con el pecado del mundo, se abandona en manos del Padre: “Pide al Padre con gran clamor y lágrimas vida y salvación, que se realice su designio bueno”
Un momento en el que Cristo, en medio del sufrimiento, reafirma la confianza en Dios y su voluntad de salvación.
El peso del pecado y la misericordia de Dios
El obispo recordó que el mal no es algo abstracto, sino que afecta profundamente al corazón humano: “El Señor ve el daño en la persona, lo sufre como cosa propia”
Frente a ello, destacó que Cristo asume ese sufrimiento y lo transforma desde el amor, abriendo un camino de salvación para todos.
La cruz, camino de vida
La homilía subrayó que la entrega de Jesús en la cruz no es derrota, sino victoria sobre el mal y la muerte: “Con su disponibilidad a la cruz abre el camino a la victoria definitiva sobre el mal”
Una victoria que se ofrece a cada persona como posibilidad real de vida nueva.
La conversión del corazón
El obispo insistió en la necesidad de mirar al propio corazón y asumir la propia responsabilidad: “El camino pasa por la libertad de la persona y la conversión del corazón”
Una llamada a vivir desde la verdad, el amor a Dios y al prójimo, como respuesta al amor recibido.
Una esperanza que no defrauda
En un mundo marcado por el sufrimiento y la injusticia, el obispo invitó a no perder la esperanza: “El mal, el pecado y la muerte no son la ley que gobierna el mundo”
Y animó a sostener la dignidad de toda persona y la confianza en el designio de salvación de Dios.
La cruz, única esperanza
La homilía concluyó con una invitación a poner la mirada en la cruz de Cristo como fuente de vida: “Pongamos nuestro orgullo en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”
Una afirmación que resume el sentido profundo del Viernes Santo: en la cruz se revela la verdadera esperanza para la humanidad.
María José Campo




































































































