Con el I Domingo de Cuaresma la Iglesia entra en el desierto con Cristo. Comenzamos cuarenta días de conversión, oración y preparación para la Pascua, siguiendo el ejemplo del Señor, que ayunó y fue tentado antes de iniciar su misión pública. Así da comienzo el venerable tiempo de la anual observancia cuaresmal, un camino de retorno al corazón de Dios.
Las tentaciones de Jesús y nuestras tentaciones
El Evangelio nos presenta a Jesús en el desierto, ayunando durante cuarenta días y siendo tentado. Las tentaciones de Cristo son también nuestras tentaciones. Él, que ha querido pasar por nuestra misma prueba, nos enseña a superar la tentación de creernos autosuficientes y a confiar plenamente en Dios.
Las tres tentaciones reflejan dimensiones muy concretas de la experiencia humana:
- La primera, convertir las piedras en pan, nos habla de la tensión por la subsistencia diaria, de la preocupación por lo material.
- La segunda, recibir poder y gloria, refleja el deseo de reconocimiento, dominio y éxito.
- La tercera, exigir a Dios que se manifieste con signos espectaculares, revela la tentación de poner a prueba a Dios y pretender que actúe según nuestros criterios.
Frente a cada una de ellas, Jesús responde con la Palabra de Dios, mostrando que la verdadera vida se fundamenta en la obediencia y en la confianza filial.
Que este tiempo santo sea para todos una ocasión de conversión sincera, de oración más intensa y de renovada esperanza en Cristo, vencedor del pecado y del mal.
María José Campo
