En el marco de la Campaña contra el Hambre 2026 de Manos Unidas, la Diócesis de Lugo recibe el testimonio de Marie Claire Silatchom, misionera de las Dominicas del Rosario, enfermera y fundadora de un hospital en Camerún con el apoyo de Manos Unidas.
Su historia personal es, en sí misma, testimonio de esperanza. Siendo niña, estuvo a punto de morir y fue atendida en un centro de salud construido gracias a Manos Unidas. Aquel gesto marcó su vida: “Las misioneras me salvaron la vida. Yo dije: quiero ser como ellas, ayudar a los que sufren”.

“Combatir el hambre es combatir una guerra estructural”
Desde su experiencia en Camerún, la República Democrática del Congo y Perú, Marie Claire explicó que el hambre no puede entenderse solo como falta de alimentos: “Hay una guerra estructural que nos mata poco a poco: sin escuelas, sin hospitales, sin carreteras, sin comida”.
Durante años trabajó con niños desnutridos y comunidades sin acceso a servicios básicos. En el Congo conoció proyectos educativos y sanitarios impulsados con el apoyo de Manos Unidas, convencida de que la ayuda sí llega y transforma vidas.
Un hospital que cura, educa y acompaña
De regreso a Camerún, fue enviada a un pueblo donde no existía ningún centro sanitario. Las mujeres daban a luz en casa y muchas morían por falta de atención. Marie Claire decidió actuar: “Dije: Señor, ábreme la puerta. Voy a hacer un proyecto”.
Ese proyecto fue aprobado por Manos Unidas y dio lugar a un pequeño centro de salud que hoy es un hospital de referencia, con quirófano, laboratorio, ginecología y atención integral a mujeres y niños.
Pero el hospital va más allá de la atención médica: “No solo damos medicinas. Educamos, escuchamos, acompañamos. A veces una mano en la espalda también cura”.
Allí se trabaja la nutrición, la vacunación, la educación sanitaria y el acompañamiento psicológico, implicando a la comunidad local, especialmente a las mujeres.

“Formar a una mujer es transformar una sociedad”
Marie Claire subrayó la importancia de la educación, especialmente de las niñas, en contextos donde aún se prioriza la escolarización de los varones: “Cuando se forma a una mujer, se forma una familia y se transforma una sociedad”.
Este compromiso conecta directamente con el carisma de su congregación, nacida para evangelizar y educar a los más pobres, allí donde la Iglesia es más necesaria.
Un llamamiento a compartir y comprometerse
En su mensaje final, la misionera recordó que el hambre es causa y consecuencia de la violencia: “Si tengo hambre y te veo comer, soy capaz de hacer cualquier cosa para no morir. El hambre genera violencia”.
Por eso pidió abrir el corazón y compartir: “Mano con mano podemos luchar contra esta guerra que mata. La solidaridad no tiene fronteras”.
Un testimonio que interpela y anima a seguir apoyando la labor de Manos Unidas, convencidos de que la paz se construye desde la justicia y el compromiso con los más vulnerables.

María José Campo





