Este domingo, la Iglesia celebra el Primer Domingo de Adviento, comienzo del Año Litúrgico y punto de partida de un tiempo marcado por la esperanza, la vigilancia y la preparación espiritual para recibir al Señor en la Navidad.
El Adviento, que comprende cuatro semanas, invita a los creyentes a renovar el corazón, avivar la fe y disponerse a acoger nuevamente el misterio del nacimiento de Jesús.
La primera vela: la Luz de la Esperanza
En las parroquias, comunidades y hogares se enciende la primera vela de la corona de Adviento, signo de la esperanza que ilumina el camino. Esta luz recuerda la llamada a mantener vivo el deseo de encontrarnos con Cristo, que viene a traer consuelo, paz y salvación.
Un tiempo para abrir el corazón
Este primer domingo, la liturgia anima a estar vigilantes y atentos a la presencia de Dios en lo cotidiano. El Adviento es un tiempo privilegiado para renovar la alegría y la esperanza cristiana.
En esta clave de esperanza profunda, resuena especialmente la conocida intuición del escritor G. K. Chesterton, que afirmaba que «la Navidad no es un día ni una estación, sino un estado de la mente». Con esta idea, invitaba a comprender que el misterio de la Encarnación transforma la manera de mirar la vida, llenándola de asombro, gratitud y confianza.
El Adviento nos invita a caminar juntos como Iglesia, atentos a la Palabra y abiertos al encuentro con el Señor que viene.
María José Campo