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La Iglesia también es cosa mía


La Iglesia de Lugo reúne comunidades de tres provincias, con realidades muy diferentes y una misma misión. El Día de la Iglesia Diocesana, que se celebra el 8 de noviembre, invita a mirar más allá de nuestra propia parroquia y a reconocer la responsabilidad que compartimos en la vida de la Iglesia y en la sociedad.

Una pequeña parroquia de la montaña lucense, una comunidad del Deza y otra de la provincia de A Coruña pueden encontrarse a muchos kilómetros de distancia. Sus vecinos tienen costumbres diferentes, afrontan problemas distintos y, probablemente, apenas se conocen. Sin embargo, pertenecen a una misma Iglesia: la Diócesis de Lugo.

La Iglesia católica es universal, pero la vivimos en lugares concretos, con personas y comunidades que forman parte de nuestra historia. La diócesis es precisamente esa Iglesia cercana, que no coincide necesariamente con las divisiones administrativas y que, en nuestro caso, comprende territorios de Lugo, Pontevedra y A Coruña.

Lo que nos une no es una identidad provincial ni la necesidad de compartir una organización. Es la fe en Jesucristo, la celebración de los sacramentos, la comunión con el obispo y una misión que supera los límites de cada parroquia.

El próximo domingo, 8 de noviembre, celebramos el Día de la Iglesia Diocesana bajo el lema "Dios cuenta contigo". Una invitación a reconocer nuestra pertenencia a esta comunidad y la responsabilidad que tenemos en su vida.

Más allá de nuestra parroquia

La parroquia es para muchos cristianos el lugar donde comienza su experiencia de Iglesia. Allí fueron bautizados, recibieron los primeros sacramentos, celebraron acontecimientos familiares y encontraron una comunidad con la que compartir la fe.

Esa vinculación tiene un valor especial en Galicia, donde la parroquia ha sido durante siglos una referencia religiosa, social y cultural. Pero pertenecer a la Iglesia diocesana significa reconocer que nuestra comunidad es más amplia.

La vida de otras parroquias también nos concierne. Sus dificultades, sus necesidades y sus iniciativas forman parte de una responsabilidad compartida.

Esta conciencia resulta especialmente importante en una diócesis como Lugo, marcada por la dispersión de la población, las distancias y las diferencias entre las comunidades urbanas y rurales.

No todas las parroquias tienen las mismas posibilidades. Algunas cuentan con grupos numerosos y actividades estables; otras dependen de la dedicación de unas pocas personas. La pertenencia diocesana permite compartir recursos, experiencias y esfuerzos, sin que cada comunidad tenga que afrontar sus dificultades de manera aislada.

Una realidad que está cambiando

La despoblación y el envejecimiento han transformado profundamente la vida de muchas parroquias. También ha disminuido el número de sacerdotes disponibles para atenderlas.

En nuestra diócesis hay sacerdotes que se ocupan de numerosas comunidades, recorren largas distancias para celebrar la Eucaristía, visitan enfermos y acompañan a las familias. Es una dedicación que merece reconocimiento y que, con frecuencia, pasa inadvertida.

Pero su esfuerzo no elimina la necesidad de adaptar la organización pastoral a unas circunstancias que ya no son las de hace décadas.

La reorganización pastoral no consiste simplemente en modificar horarios o distribuir mejor las tareas. Busca que las comunidades puedan seguir celebrando la fe, anunciando el Evangelio y acompañando a las personas, aunque cambien las formas de organizarse.

Es comprensible que estos procesos despierten inquietudes. Hay personas mayores para las que desplazarse supone una dificultad real y comunidades muy vinculadas a sus celebraciones habituales. Estas circunstancias deben escucharse y atenderse.

También es necesario reconocer que algunas resistencias proceden de la costumbre, de la dificultad para aceptar que lo que siempre se hizo de una manera puede necesitar ahora otra solución.

Compartir una celebración con los vecinos de otra parroquia, ayudar a desplazarse a quien lo necesita o aceptar determinados cambios de horario son formas concretas de colaborar.

La corresponsabilidad no siempre exige asumir nuevas tareas. A veces comienza por facilitar el trabajo de los demás.

La Iglesia no es solamente cosa de sacerdotes

Durante mucho tiempo, la actividad de algunas comunidades ha dependido casi exclusivamente de la disponibilidad del sacerdote. Sin embargo, la misión de la Iglesia corresponde a todos los bautizados, cada uno desde su propia vocación.

León XIV ha recordado que la participación de los laicos no es una solución provisional ante la falta de sacerdotes. Forma parte de su condición cristiana.

Esto supone entender la comunidad de una manera diferente. Los fieles no son únicamente destinatarios de servicios religiosos ni colaboradores ocasionales cuando surge una necesidad. Están llamados a participar en la vida de la Iglesia, aportar sus capacidades y asumir las responsabilidades que les corresponden.

Esa participación necesita formación, confianza y cauces adecuados. También requiere reconocer el ministerio propio de los sacerdotes y evitar que su disponibilidad se convierta en la única medida de la vitalidad de una parroquia.

Una comunidad cristiana no puede depender exclusivamente de que alguien llegue desde fuera para organizar todas sus actividades. Su vida se expresa también en la oración compartida, la catequesis, la atención a quienes necesitan ayuda y las relaciones que mantienen sus miembros.

Lo que sostiene a la Iglesia de Lugo

La actividad de una diócesis necesita recursos económicos, edificios, profesionales y una organización que permita desarrollar su misión. Las aportaciones de los fieles son importantes y su administración exige transparencia.

Pero la Iglesia no se sostiene únicamente con dinero.

Detrás de muchas iniciativas hay personas que dedican tiempo y conocimientos sin esperar una compensación. Catequistas, voluntarios, responsables de actividades parroquiales, personas que colaboran en la liturgia, acompañan a enfermos o participan en proyectos educativos y sociales.

Hay también quienes contribuyen mediante la oración o con aportaciones económicas que permiten mantener servicios y actividades.

El Día de la Iglesia Diocesana recuerda estas distintas formas de participación: la oración, el tiempo, las cualidades personales y la colaboración económica.

No todos tenemos las mismas posibilidades ni estamos llamados a desempeñar las mismas tareas. La corresponsabilidad consiste en reconocer qué podemos aportar y hacerlo con sentido de pertenencia a una comunidad.

Dios cuenta conmigo fuera de la parroquia

Pero la participación en la Iglesia no termina en las actividades parroquiales.

La vocación de los laicos se desarrolla especialmente en medio de la sociedad: en la familia, en el trabajo, en las relaciones personales y en las responsabilidades que cada uno asume.

Dios cuenta conmigo cuando realizo bien mi trabajo, cuando actúo con honradez, cuando trato con respeto a los demás o cuando no permanezco indiferente ante una injusticia.

Cuenta conmigo también en las decisiones pequeñas, en la manera de afrontar un conflicto, de escuchar a quien piensa de forma diferente o de acompañar a una persona que atraviesa un momento difícil.

En su carta para esta jornada, el obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco, nos recuerda una advertencia de León XIV frente a la tentación de cerrar los ojos ante el mal, convencidos de que nuestra actuación no puede cambiar nada.

Es una llamada a asumir la responsabilidad personal sin esperar necesariamente grandes oportunidades o acontecimientos extraordinarios.

La fe cristiana se expresa en la vida cotidiana, en decisiones que pueden parecer poco importantes, pero que contribuyen a construir relaciones más justas y humanas.

Una pertenencia que compromete

La visita de León XIV a España permitió experimentar de una manera especial la universalidad de la Iglesia. Sin embargo, esa experiencia no queda reservada a los grandes encuentros.

Como recuerda don Alfonso en su carta, la misma gracia de Dios está presente en nuestras comunidades, en la proclamación del Evangelio, en la Eucaristía y en los sacramentos. La Iglesia diocesana hace cercana esa experiencia de comunión y nos permite vivirla en las circunstancias ordinarias.

Cuidar nuestra pertenencia a ella significa también cuidar los vínculos que nos unen, reconocer las necesidades de otras comunidades y participar en la misión que compartimos.

El obispo lo expresa con una invitación que relaciona directamente la vida de la Iglesia con nuestra responsabilidad hacia los demás: “Para cuidar nuestra vida, nuestras familias, nuestro mundo, cuidemos nuestra Iglesia diocesana, nuestra pertenencia y nuestra participación en ella”.

La Diócesis de Lugo afronta desafíos que exigirán cambios, colaboración y una mayor participación de los fieles. Pero la responsabilidad cristiana no se limita a mantener las estructuras o las actividades que ya existen.

El lema de esta jornada puede leerse también en primera persona: "Dios cuenta conmigo". En mi parroquia, en la diócesis y en cada ámbito de mi vida. Para participar cuando puedo, facilitar lo que otros hacen y asumir las responsabilidades que me corresponden.

Porque formar parte de la Iglesia no es solamente recibir algo de ella. Es compartir su vida y su misión, también fuera de sus templos.