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Acompañar dentro y fuera de prisión


La Iglesia de Lugo desarrolla, a través de la Pastoral Penitenciaria y Cáritas Diocesana, una labor de acompañamiento que comienza en los centros penitenciarios y continúa en procesos de reinserción como los que acoge la Casa da Misericordia

La celebración del Día de la Merced, patrona de las personas privadas de libertad y de Instituciones Penitenciarias, vuelve a poner el foco en una de las realidades que acompaña la Iglesia de Lugo: la de quienes cumplen condena y la de quienes, después de salir de prisión, necesitan apoyo para reconstruir su vida.

Buena parte de ese trabajo se desarrolla a través de la Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Lugo, cuyo director, José Río Ramilo, lleva cerca de veinte años como capellán del centro penitenciario de Bonxe.

Río resume estos años desde una experiencia muy ligada a las personas. “Estoy muy contento porque hay mucho compañerismo”, explica. Después de casi dos décadas en el centro, contempla ahora también con cierta nostalgia la jubilación de muchos de los funcionarios con los que ha compartido este tiempo y la llegada de una nueva generación.

Su labor ha sido reconocida este año por Instituciones Penitenciarias por el servicio desarrollado durante estos años en el ámbito penitenciario. El obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco, estuvo presente en el acto de entrega del reconocimiento. 

El propio José Río lo recibe  con agradecimiento, pero también con humildad: “Uno conoce también sus propios defectos y parece que tendría que dar mucho más”. Por eso valora especialmente que hayan sido otros quienes hayan querido reconocer el trabajo realizado durante estos años como capellán de Bonxe.

Reinserción y acompañamiento

La Pastoral Penitenciaria no se limita a la atención religiosa dentro de los centros. Su misión incluye también el acompañamiento personal y la colaboración en los procesos de reinserción y prevención.

José Río insiste en la importancia de que esta realidad no quede circunscrita al ámbito penitenciario. “Ojalá hubiera mucha más gente sensibilizada e involucrada”, señala.

Porque la salida de prisión no significa necesariamente que todas las dificultades hayan terminado. Volver a empezar exige recuperar autonomía, relaciones, rutinas, oportunidades laborales y, muchas veces, algo tan básico como disponer de un lugar al que ir.

La Casa da Misericordia

De esa necesidad nace la Casa da Misericordia, una iniciativa de la Iglesia de Lugo, desarrollada a través de Cáritas Diocesana y la Pastoral Penitenciaria.

El recurso está dirigido a personas procedentes de los centros penitenciarios de Bonxe y Monterroso que necesitan alojamiento y acompañamiento durante permisos penitenciarios, en el acceso al tercer grado o en otras fases de su camino hacia la plena incorporación a la vida en libertad.

La casa ofrece un entorno estable desde el que recuperar progresivamente la autonomía. Allí, las personas acogidas pueden realizar gestiones, acceder a formación, preparar un currículo, buscar empleo o volver a afrontar tareas cotidianas después de años de vida en prisión.

Pero el objetivo no es hacer las cosas por ellas, sino acompañarlas hasta que puedan volver a hacerlas por sí mismas.

La Casa da Misericordia prolonga así fuera de la cárcel una presencia que muchas veces comienza dentro, a través de la Pastoral Penitenciaria. Cáritas y Pastoral trabajan en distintos momentos de un mismo proceso: acompañar a la persona antes, durante y después de su salida de prisión.

Una segunda oportunidad

Coincidiendo con el Día de la Merced, Cáritas Diocesana de Lugo ha difundido también un video en el que pregunta en las calles de la ciudad qué piensa la sociedad sobre la reinserción.

La pregunta apunta a una cuestión de fondo: qué oportunidades encuentran quienes, después de cumplir una condena, intentan comenzar de nuevo.

La experiencia de la Pastoral Penitenciaria y de la Casa da Misericordia muestra que la reinserción necesita responsabilidad personal, pero también acompañamiento, confianza y oportunidades reales.

Ese es el trabajo que la Iglesia de Lugo desarrolla desde hace años: estar presente dentro de la prisión y seguir estando cuando llega el momento de volver a empezar.