La Jornada Mundial del Turismo invita a repensar el uso de la inteligencia artificial y a preservar aquello que ninguna tecnología puede sustituir: el encuentro con las personas, la cultura, la belleza y la fe.
La Iglesia en España celebra este domingo, 20 de septiembre, la Jornada Mundial del Turismo bajo el lema “Repensar el turismo con la IA”. La campaña propone reflexionar sobre las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías para organizar los viajes, mejorar la accesibilidad y conocer el patrimonio, pero también sobre sus límites.
Una aplicación puede recomendar un destino, trazar una ruta o explicar una obra de arte. Sin embargo, no puede reemplazar la primera mirada a un paisaje, la emoción ante un lugar sagrado ni el diálogo con las personas que lo habitan. La tecnología debe estar al servicio de una experiencia turística verdaderamente humana, sin reducir al viajero a un dato, un consumidor o un producto.
Una oportunidad para el encuentro
En su reflexión con motivo de esta jornada, el obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco, invita a superar una visión superficial o exclusivamente económica del turismo. Viajar ofrece la posibilidad de conocer otros lugares y personas, y de descubrir lo que quienes vivieron antes han creado, conservado y transmitido.
Para el obispo, cuando uno se detiene, en lugar de hacer una foto y salir corriendo, el viaje se convierte en un diálogo que implica también a la fe y a la propia persona.
Frente a una concepción del turismo asociada únicamente a la industria y al beneficio económico, Mons. Carrasco recuerda que la persona que viaja “no es un producto”. El turismo es, en sus palabras, “una ocasión magnífica de encuentro, incluso de renovación del corazón y, en todo caso, de libertad”.
Lo importante es viajar desde “el verdadero respeto por uno mismo y por aquellos con los que uno se encuentra”.
Una diócesis abierta al visitante
Esta forma de entender el turismo puede vivirse en numerosos lugares de la Diócesis de Lugo. La Catedral y el Museo Diocesano Catedralicio constituyen dos de sus principales referentes, pero no son los únicos.
El Camino de Santiago permite descubrir la hospitalidad, la historia y el patrimonio de localidades como O Cebreiro, Portomarín, Palas de Rei o Melide. En la Ribeira Sacra, las iglesias románicas, los monasterios y el paisaje formado por los ríos Miño y Sil hablan de siglos de vida contemplativa y de la estrecha relación entre la fe y el territorio.
A ellos se suman templos y santuarios profundamente unidos a sus comunidades, como la iglesia de A Ermida, en Quiroga, cuya romería de la Virgen de los Remedios ha sido declarada Bien de Interés Cultural.
Son lugares que no se comprenden del todo desde una pantalla. Necesitan tiempo, silencio y contacto con las personas que mantienen vivas sus tradiciones. En ellos, el patrimonio no pertenece únicamente al pasado: continúa acogiendo celebraciones, peregrinaciones, romerías y encuentros.
El Museo, un refugio de paz
El Museo Diocesano Catedralicio de Lugo ofrece un ejemplo concreto de esa unión entre patrimonio, acogida y experiencia espiritual. Su director, Marcos Calles, recuerda que acercarse a su realidad turística supone “tomar conciencia de que es mucho más que un espacio de conservación artística”.
“Es un refugio de paz que acoge a quienes buscan conectar con lo sagrado a través de la belleza”, explica.
Aunque la mayor afluencia se concentra tradicionalmente durante julio, agosto y septiembre, con agosto como el mes de mayor número de visitas, el Museo recibe público durante todo el año. Este verano, aproximadamente un 70 % de sus visitantes procedía de distintos lugares de España y el 30 % restante, de otros países. Entre estos últimos sobresalen los llegados de Francia, Estados Unidos, Italia, Portugal, Reino Unido y Alemania.
“Quienes cruzan las puertas de nuestro Museo lo hacen impulsados por una búsqueda íntima, un deseo de llegar a lo sagrado a través de la contemplación estética”, señala Marcos Calles.
Durante el recorrido pueden contemplarse piezas como el crismón de A Ermida de Quiroga, el cancel de Saamasas, el brazo relicario de san Froilán o la custodia de Diego Castejón y Fonseca.
Desde la zona central del triforio, el visitante puede acercarse también a una de las grandes singularidades de la Catedral lucense: la exposición permanente del Santísimo Sacramento en el altar mayor. Una contemplación que, según el director del Museo, “deja una huella imborrable en quien lo visita”.
Los visitantes destacan “el mimo con el que está cuidado cada rincón y la altísima calidad de las piezas”. Pero, por encima de todo, añade Marcos Calles, muchos concluyen el recorrido después de haber vivido “una experiencia única y profundamente emotiva”.
Más allá del algoritmo
La inteligencia artificial puede ayudar a descubrir estos lugares, preparar una ruta, traducir una explicación o facilitar el acceso al patrimonio. Pero el verdadero viaje comienza cuando el visitante se detiene, contempla y se deja interpelar.
La Jornada Mundial del Turismo invita a emplear los avances tecnológicos sin perder de vista lo esencial: detrás de cada destino hay personas, comunidades, historias y una herencia espiritual que no pueden reducirse a una pantalla.
María José Campo




