El obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco, participó en el encuentro celebrado en la parroquia de San Xoán Bautista, marcado por las próximas efemérides del cardenal vilalbés
La parroquia de San Xoán Bautista de Carballo acogió este martes un encuentro de fraternidad vinculado a la Jornada Mundial de la Juventud de 1989, en el que participó el obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco.
La jornada tuvo como protagonista al cardenal Antonio María Rouco Varela, natural de Vilalba, quien compartió una reflexión personal ante dos acontecimientos próximos: su 90 cumpleaños, el 20 de agosto, y el cincuentenario de su ordenación episcopal, que se cumplirá el 31 de octubre.
“Cincuenta años de una gracia de nuestro Señor desbordante”. Con estas palabras resumió el cardenal el medio siglo transcurrido desde que recibió la ordenación episcopal. Al mirar atrás, reconoció la acción de Dios en su vida interior, en la salud y, sobre todo, en la posibilidad de haber servido a la Iglesia.
Una vida al servicio de Cristo y de los demás
Para Mons. Rouco Varela, la misión de un obispo no puede separarse de la persona de Cristo. "El que sirve a la Iglesia o trata de hacerlo entregando la vida está sirviendo al Señor", afirmó.
La Iglesia, explicó, permanece unida a Cristo, que es su cabeza, su maestro, su salvador y su sacerdote supremo. Por ello, el servicio eclesial es también una forma de entrega al Señor y, por medio de Él, a los hermanos.
Esa entrega alcanza a personas de toda condición y se dirige de un modo particular a quienes padecen dificultades materiales o espirituales. El cardenal situó así su ministerio dentro de las comunidades concretas a las que fue enviado.
Su trayectoria episcopal comenzó en Santiago de Compostela, donde fue ordenado obispo auxiliar en 1976 y posteriormente ejerció como arzobispo. Más tarde fue llamado a Madrid, archidiócesis que pastoreó hasta 2014.
Ante todo lo vivido en ambas Iglesias particulares, Mons. Rouco reconoce que la respuesta solo puede ser el agradecimiento: “Desde tu pequeñez, al lado de lo que el Señor hace contigo, lo que te sale del corazón es decirle a Él gracias”.
El agradecimiento a toda la Iglesia
El cardenal quiso compartir esa gratitud con las personas que lo acompañaron durante sus años de ministerio en Santiago de Compostela y Madrid.
Recordó a sus colaboradores más cercanos, entre ellos los obispos auxiliares y los vicarios, así como a los sacerdotes, religiosos y fieles laicos que participaron en la vida pastoral de ambas archidiócesis.
Tuvo una mención especial para las religiosas contemplativas, cuyo apoyo consideró fundamental tanto para la Iglesia como para su propio ministerio. En sus palabras estuvieron presentes también las muchas personas que entregan su vida para que la Iglesia sea “testigo vivo, eficaz y reconocible de que Cristo nos está salvando”.
“Gracias también a la Iglesia”, resumió el cardenal al recordar a todos los que han compartido con él estas cinco décadas.
Una historia que comienza en Santa María de Vilalba
Al hablar de la presencia de la Virgen en su vida, Mons. Rouco regresó a sus orígenes en la Diócesis de Lugo. Nació en Vilalba el 20 de agosto de 1936 y creció en la parroquia de Santa María.
Recordó que su madre eligió el nombre de Antonio María no por san Antonio María Claret, que todavía no había sido canonizado cuando él nació, sino expresamente en honor de la Virgen.
La presencia de María continuó acompañándolo en las distintas etapas de su formación. En sus años de estudio en Salamanca estuvo vinculada a la Virgen de la Vega. Durante su estancia en Múnich conoció la devoción a Nuestra Señora de Baviera, cuya imagen ocupa un lugar central en la Marienplatz de la ciudad.
También encontró numerosas expresiones de devoción mariana durante su ministerio en Santiago de Compostela. Posteriormente, en Madrid, quedó especialmente unido a la Virgen de la Almudena. El cardenal recordó que la devoción a la patrona madrileña estaba adquiriendo un nuevo impulso cuando llegó a la archidiócesis, por lo que le correspondió ser, según sus propias palabras, “un poco apóstol de la Virgen de la Almudena”.
Una jornada de fraternidad y oración
Junto a Mons. Alfonso Carrasco participaron el arzobispo de Santiago de Compostela, Mons. Francisco José Prieto Fernández; el obispo emérito de Tui-Vigo, Mons. Luis Quinteiro Fiuza, así como varios vicarios y sacerdotes. Los asistentes fueron recibidos por el párroco de San Xoán Bautista y anfitrión de la jornada, José García Gondar.
El programa comenzó con una tertulia en el Centro Social San Xoán Bautista. En un ambiente distendido, los participantes recordaron experiencias compartidas desde la Jornada Mundial de la Juventud de 1989 y conversaron sobre el presente de la Iglesia.
A continuación, se trasladaron al templo parroquial para compartir un momento de oración.
María José Campo













