La fe que dio forma al «Paisaje del Agua»

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Las iglesias, capillas y antiguos monasterios de la Ribeira Sacra no son elementos añadidos al paisaje. Son testimonios de la fe de las comunidades que, durante siglos, contribuyeron a darle forma. Este recorrido permite descubrir algunos de los principales templos de la Diócesis de Lugo incluidos en la candidatura a Patrimonio Mundial.

La Ribeira Sacra no se entiende únicamente contemplando los cañones del Miño y del Sil, los viñedos que descienden por sus laderas o los caminos que recorren el territorio. Para comprender este paisaje es necesario descubrir también las huellas que dejaron quienes lo habitaron durante siglos.

Durante más de mil años, la fe dejó su impronta en estas riberas. Las primeras comunidades monásticas encontraron junto a los ríos un lugar para la oración y el trabajo. Más tarde, las parroquias ayudaron a organizar la vida de las aldeas y a articular un territorio difícil, marcado por las pendientes y la dispersión de sus poblaciones.

La candidatura Ribeira Sacra. Paisaje del Agua, propuesta por España para su incorporación a la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, reconoce esa relación continuada entre la naturaleza y la acción humana. Dentro de este relato, el patrimonio religioso de la Diócesis de Lugo ocupa un lugar esencial.

Una red que explica el territorio

Las iglesias y capillas incluidas en el ámbito de la candidatura se distribuyen por los municipios de Chantada, Carballedo, Pantón, O Saviñao, Sober y Ribas de Sil.

No son construcciones aisladas. Juntas forman una red que permite recorrer siglos de historia y comprender cómo las comunidades fueron habitando y transformando estas tierras. En ellas se conservan algunos de los ejemplos más importantes del románico gallego, pinturas murales, retablos, imágenes y testimonios de las primeras comunidades cristianas.

Pero su importancia va más allá de su valor artístico. Estos templos muestran la relación de las poblaciones de la Ribeira Sacra con el agua, los caminos, los lugares de cultivo y las formas de organización de la vida comunitaria.

Santa María de Temes: las primeras huellas

Uno de los testimonios más antiguos se encuentra en Santa María de Temes, en Carballedo. La iglesia conserva elementos vinculados a la primera cristianización de Galicia y constituye un ejemplo excepcional de la temprana presencia de la fe en este territorio.

Entre sus piezas más singulares se encuentra un extraordinario testimonio paleocristiano de mármol, fechado en el siglo IV y relacionado con las rutas de comunicación que seguían el curso de los ríos. Temes permite mirar hacia los primeros siglos del cristianismo y recuerda que el agua no fue únicamente un elemento natural: los ríos también sirvieron como vías por las que viajaron personas, mercancías, ideas y creencias.

El románico junto al Miño y al Sil

Santo Estevo de Ribas de Miño y San Paio de Diomondi se encuentran entre las grandes referencias del románico gallego. Su monumentalidad, la riqueza de su escultura y su presencia sobre el territorio muestran que fueron concebidas para formar parte del paisaje.

Santo Estevo domina una de las laderas del Miño. San Paio de Diomondi se levanta junto a una antigua vía de comunicación que continúa siendo recorrida actualmente por los peregrinos del Camino de Invierno. Ambas iglesias hablan de un territorio conectado y organizado en torno a sus comunidades cristianas.

En la ribera del Sil se encuentra San Vicente de Pombeiro, heredera de un antiguo establecimiento monástico. Su arquitectura y su emplazamiento permiten comprender con especial claridad la relación entre vida religiosa, poblamiento y naturaleza.

Santa María de Pesqueiras representa otro capítulo de esa historia. Vinculada a una comunidad monástica femenina, se encuentra rodeada por los bancales y las laderas del Miño. Su presencia recuerda el papel que también desempeñaron las mujeres en la tradición monástica de la Ribeira Sacra.

Santo Estevo de Atán: el origen de una historia

Santo Estevo de Atán ocupa un lugar especial dentro del relato de la candidatura. El enclave está estrechamente relacionado con los orígenes del movimiento monástico que transformó las riberas del Miño y del Sil desde la Edad Media.

Su importancia no reside únicamente en los elementos arquitectónicos conservados. Atán permite acercarse a la espiritualidad que llevó a hombres y mujeres a buscar en estos lugares apartados un espacio dedicado a la oración, el trabajo y la vida comunitaria.

Aquellas comunidades no se limitaron a ocupar el paisaje. Contribuyeron a organizarlo, cultivarlo y dotarlo de caminos, lugares de acogida y centros en torno a los cuales fue creciendo la vida de la población.

Los muros también hablan

El patrimonio de la Diócesis de Lugo en la Ribeira Sacra no se limita a la arquitectura románica. Algunas iglesias conservan importantes conjuntos de pintura mural que permiten conocer cómo se transmitía la fe en una sociedad en la que muchas personas no sabían leer.

Entre ellas destaca Santa María de Nogueira de Miño, que reúne uno de los conjuntos pictóricos más sobresalientes de Galicia. Sus muros conservan escenas realizadas en diferentes momentos, entre el final de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna.

Estas pinturas no fueron creadas únicamente para decorar el templo. Sus imágenes enseñaban, narraban la historia de la salvación y ayudaban a comprender las principales verdades de la fe. Siglos después, continúan permitiéndonos conocer las devociones, preocupaciones y formas de mirar de quienes vivieron en estas riberas.

Una iglesia salvada de las aguas

Santo Estevo de Chouzán ofrece uno de los ejemplos más singulares de la relación entre el patrimonio religioso y la transformación contemporánea del paisaje.

La construcción de los embalses durante el siglo XX cambió profundamente el curso de los ríos y obligó a trasladar íntegramente la iglesia para evitar que quedase cubierta por las aguas. El templo fue desmontado piedra a piedra y reconstruido en un emplazamiento más elevado.

Su historia constituye un temprano ejemplo de protección patrimonial y recuerda que el Paisaje del Agua no es una realidad inmóvil. Ha continuado transformándose y planteando nuevos desafíos para las comunidades que lo habitan.

Iglesias que continúan vivas

Cada uno de estos templos posee un importante valor histórico y artístico. Sin embargo, su verdadero significado aparece cuando se contemplan como parte de un mismo conjunto.

No son una colección de monumentos dispersos ni simples elementos decorativos dentro de un paisaje. Muchos continúan siendo iglesias abiertas al culto, lugares de celebración, encuentro y memoria para sus comunidades parroquiales.

En ellos se celebraron bautizos, bodas, funerales y fiestas durante generaciones. A su alrededor se organizaron las aldeas y se tejieron vínculos comunitarios que todavía permanecen. Su conservación no consiste solamente en proteger piedras, pinturas o retablos, sino en preservar una parte esencial de la memoria y de la identidad del territorio.

La Diócesis de Lugo desarrolla desde hace años distintas actuaciones dirigidas al estudio, conservación y apertura de este patrimonio. Este trabajo permite que los propios vecinos y quienes visitan la Ribeira Sacra puedan descubrir unos bienes que forman parte de la historia cultural y espiritual de Galicia.

Más de mil años acompañando a los ríos

La candidatura de la Ribeira Sacra representa una oportunidad para reconocer internacionalmente un territorio transformado por la relación entre el agua y las comunidades humanas.

Las personas construyeron bancales para cultivar las laderas, abrieron caminos, levantaron aldeas y aprendieron a vivir junto a los ríos. También construyeron iglesias, fundaron monasterios y llenaron sus muros de imágenes destinadas a expresar y transmitir la fe.

Por eso, los templos de la Diócesis de Lugo no pueden entenderse como elementos secundarios de la candidatura. Son verdaderos hitos que ayudan a leer el territorio. Desde hace más de mil años acompañan el curso del Miño y del Sil y recuerdan que la fe fue una de las fuerzas que dieron forma al paisaje que hoy aspira a ser reconocido como Patrimonio Mundial.

Artículo elaborado a partir de un texto de Brais Cela Álvarez (Departamento de Patrimonio Histórico-Artístico de la diócesis de Lugo).

 

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