Cada año, alrededor de 30.000 peregrinos cruzan las puertas de la Catedral de Lugo. Muy pocos saben que, desde el primer paso, recorren un itinerario cargado de simbolismo que hunde sus raíces en los primeros siglos del cristianismo.
Llegan desde Oviedo por el Camino Primitivo o comienzan aquí su peregrinación hacia Santiago. Algunos buscan un momento de silencio; otros entran para sellar la credencial o admirar el templo. Muchos se detienen ante el Santísimo Sacramento, expuesto permanentemente en el Altar Mayor.
Pero casi ninguno repara en un detalle que lleva siglos esperándolos.
Desde el mismo instante en que cruzan la puerta principal, comienzan un recorrido cuyo significado ha permanecido vivo desde los primeros siglos del cristianismo.
Un templo que también habla
Las iglesias antiguas no se construían únicamente para albergar la celebración litúrgica. Su propia arquitectura también transmitía un mensaje.
La inmensa mayoría fueron levantadas siguiendo una misma orientación: la entrada principal se sitúa hacia occidente y el altar mira hacia oriente, el lugar por donde nace el sol.
No era una decisión práctica ni una simple cuestión arquitectónica. Era una forma de expresar la fe.
Para los primeros cristianos, el amanecer simbolizaba a Cristo resucitado, la luz que vence a las tinieblas. Entrar por occidente y avanzar hacia el altar significaba, simbólicamente, dejar atrás la oscuridad para caminar hacia la luz.

Las piedras también anunciaban el Evangelio.
Un camino que sigue recorriéndose hoy
Cada verano, miles de peregrinos vuelven a hacer ese mismo recorrido en la Catedral de Lugo, aunque la mayoría lo desconozca.
Lo hacen mientras avanzan hacia el Altar Mayor, donde el Santísimo Sacramento permanece expuesto de forma permanente, un privilegio único que distingue a la Catedral lucense.
Sin saberlo, sus pasos reproducen un itinerario pensado hace siglos para recordar que toda peregrinación exterior invita también a un camino interior.
La próxima vez que entres…
La próxima vez que cruces la puerta de la Catedral de Lugo, detente un instante.
Antes de levantar la vista hacia las bóvedas o admirar los retablos, fíjate simplemente en la dirección que recorres.
Quizá descubras que el Camino no termina al llegar a la Catedral. La propia Catedral sigue señalando el Camino.

Para saber más
Este artículo divulgativo se inspira en el estudio «El porqué de la orientación de las iglesias», del sacerdote e investigador Jaime Delgado Gómez, publicado en 2006 en la revista LVCENSIA, editada por la Biblioteca del Seminario Diocesano de Lugo.
María José Campo





