La plaza de Santa María acogió este domingo la solemne celebración del Corpus Christi, presidida por el obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco, y concelebrada por sacerdotes de la diócesis. Numerosos fieles participaron en esta festividad, una de las celebraciones eucarísticas más importantes del calendario litúrgico.
Durante su homilía, el obispo recordó que la Eucaristía es el fundamento de la unidad de los cristianos y el signo visible de la presencia de Cristo en medio de su pueblo. «Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo», afirmó, subrayando que los creyentes no transforman a Cristo en sí mismos, sino que son transformados por Él.
Mons. Carrasco destacó que la comunión con Cristo crea una fraternidad real que supera cualquier división humana y convierte a la Iglesia en un signo de unidad, caridad y esperanza para el mundo. «Estamos llamados a ser unidad visible que sea caridad, también visible, creativa; que busque las formas mejores y responda verdaderamente a los problemas de nuestros hermanos», señaló.

En el contexto de los primeros meses del pontificado de León XIV, el obispo quiso expresar también la comunión de la Iglesia lucense con el Santo Padre, recordando que la Iglesia es un pueblo fraterno, unido y universal que encuentra en el sucesor de Pedro un signo visible de comunión.
Al finalizar la Eucaristía, la custodia con el Santísimo Sacramento recorrió las calles del casco histórico de Lugo en procesión.

La celebración tuvo además un marcado carácter patrimonial. Para esta solemnidad volvieron a utilizarse dos cálices de plata del último tercio del siglo XVIII, procedentes de un taller cordobés y conservados habitualmente en el Museo Diocesano Catedralicio. Junto a ellos, presidió la celebración la custodia atribuida al orfebre compostelano Jacobo Pecul, una de las piezas más significativas del patrimonio eucarístico de la Catedral de Lugo.
La celebración contó además con una destacada participación musical. El Orfeón Lucense, la Banda Filarmónica de Lugo y el Coro del Hospital contribuyeron a solemnizar la liturgia con sus interpretaciones, enriqueciendo una celebración que unió oración, arte y tradición en torno al misterio de la Eucaristía.

La diócesis celebró así una jornada de fe y adoración en torno al Santísimo Sacramento, renovando una tradición profundamente arraigada en una ciudad que conserva el privilegio único de la exposición permanente de la Eucaristía en el Altar Mayor de su catedral.
María José Campo






















































