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La Iglesia en 12 semanas: “Educar en virtudes”


La iniciativa La Iglesia en 12 semanas 2026, que busca acercar a la sociedad la vida y la misión de la Iglesia en España, centra su tercera semana en la educación bajo el lema “Educar en virtudes”.

Se trata de una propuesta que va más allá de la transmisión de conocimientos, apostando por una formación integral que ayude a construir personas íntegras, capaces de vivir de manera coherente y contribuir a una sociedad más justa, solidaria y verdaderamente humana.

Entre las claves de esta semana se destaca una educación que enseña a la persona a ser persona, que promueve una vida plena y feliz, que fortalece la vida comunitaria y que ayuda a orientar la conducta según la razón y la fe.

En este contexto, el obispo de Lugo y presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, Mons. Alfonso Carrasco, subraya la importancia de una educación abierta a todas las dimensiones de la realidad: “Es necesario que nuestra escuela mantenga la apertura de la razón a todas las dimensiones, que no la cierre ante el problema de las convicciones, las creencias, las filosofías, las teologías, la religión de cada uno, que ayude al niño a formarse una capacidad de comprensión inteligente en todo esto. Es muy importante.”

Asimismo, recuerda que las convicciones profundas influyen de manera decisiva en la vida de las personas: “Lo más importante es que tú seas capaz de razonar inteligentemente sobre estas perspectivas que no son poco importantes […] las convicciones fundamentales que tienes sobre el ser, sobre el mundo, sobre el prójimo, sobre la justicia, sobre la verdad […] te va a influir toda la vida.”

El obispo insiste también en la necesidad de una educación verdaderamente integral, que tenga en cuenta todas las dimensiones de la persona: “Mucho de la realidad tiene que ver con nosotros mismos, con nuestra persona […] cómo sabemos relacionarnos con la naturaleza, con las demás personas, con nosotros mismos y con Dios.”

En esta línea, advierte del riesgo de una educación centrada únicamente en conocimientos técnicos: “Podemos tener una escuela tan excelente que hasta sabemos hacer una bomba atómica […] pero ¿no habría que educar también a la persona que tiene el dedo en el botón? Al final, lo que se educa son personas.”

La propuesta de educar en virtudes se presenta así como un camino imprescindible para formar personas libres, con criterio, capaces de comprender la realidad y de construir una sociedad más humana.