Con el Miércoles de Ceniza la Iglesia inicia los cuarenta días de Cuaresma, un tiempo de conversión y preparación para celebrar los misterios centrales de la fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Semana Santa.
En Lugo, el obispo Mons. Alfonso Carrasco Rouco presidirá la celebración en la catedral a las 20 horas.
Un tiempo de conversión y escucha
La Cuaresma es el tiempo litúrgico que precede a la Pascua. Durante estos cuarenta días, la Iglesia invita a los fieles a:
- Escuchar con mayor profundidad la Palabra de Dios
- Renovar las promesas bautismales
- Reconciliarse con Dios y con los hermanos
- Intensificar la oración, el ayuno y la limosna
En su mensaje para esta Cuaresma el Papa León XIV recuerda que este camino no es un simple cumplimiento exterior, sino una oportunidad para volver a poner a Dios en el centro de la vida. El Santo Padre subraya especialmente la importancia de la escucha: escuchar la Palabra, escuchar a los demás y aprender a reconocer la voz de Dios en medio del ruido cotidiano.
Asimismo, invita a vivir el ayuno no solo como privación material, sino como un ejercicio que transforma el corazón: ayunar de la indiferencia, de las palabras que hieren y de todo aquello que impide la comunión. La Cuaresma —señala— es un tiempo propicio para dejarse renovar y convertirse en constructores de esperanza y reconciliación.
El signo de la ceniza
El inicio de este camino cuaresmal está marcado por el austero gesto de la imposición de la ceniza. Este signo, heredado de la antigua tradición penitencial de la Iglesia, expresa el reconocimiento de nuestra fragilidad y nuestra necesidad de la misericordia de Dios.
Lejos de ser un gesto meramente externo, la ceniza manifiesta la actitud del corazón arrepentido que desea emprender un camino sincero de conversión.
Significado espiritual
La ceniza recuerda al cristiano su origen y destino: “Dios modeló al hombre del polvo del suelo” (Gn 2,7); “Eres polvo y al polvo volverás” (Gn 3,19)
La ceniza es un sacramental, es decir, un signo sagrado instituido por la Iglesia para preparar a los fieles a recibir los frutos de los sacramentos y santificar las circunstancias de la vida cotidiana (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1677).
Tradicionalmente, se obtiene de la quema de las palmas y ramos bendecidos en el Domingo de Ramos del año anterior, uniendo así el inicio de la Cuaresma con la celebración de la Pascua.
María José Campo
