La iglesia de La Milagrosa de Lugo acogerá el domingo 25 de enero la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia, patrona del pueblo dominicano. La Eucaristía será a las 18:30 horas, presidida por el obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco, y concluirá con una merienda compartida como signo de fraternidad.
La celebración cumple este año veinte años de historia en la parroquia, dos décadas marcadas por la fe, la gratitud y el encuentro. Para la comunidad dominicana, esta advocación mariana no es solo una tradición cultural, sino una expresión profunda de su identidad cristiana. “Es nuestra fe y nuestra patrona; a través de ella afianzamos nuestra creencia católica”, explican desde la comunidad.
Nuestra Señora de la Altagracia, patrona de la República Dominicana, acompaña a los dominicanos también en su experiencia migratoria. “Es una fe que llevamos siempre con nosotros y que nos une, estemos donde estemos”, señalan. En torno a esta devoción, la comunidad encuentra un punto de apoyo espiritual que fortalece la pertenencia a la Iglesia y el vínculo con sus raíces.
El origen de la celebración en Lugo está ligado a un testimonio concreto de esperanza. Hace veinte años, una Eucaristía celebrada para pedir la intercesión de la Virgen por la salud de una niña enferma marcó el inicio de esta tradición. La mejoría de la menor fue vivida como un motivo de acción de gracias, dando lugar a una cita anual que la comunidad mantiene con fidelidad.
La fiesta se vive también como un espacio de encuentro y convivencia, en el que la oración se prolonga en la mesa compartida. “Para nosotros es muy importante reunirnos, compartir y fortalecer la unión, porque esta devoción la recibimos de nuestros ancestros”, explican los representantes de las asociaciones dominicanas en Lugo.
En la organización participan activamente la Asociación Dominicana Gallega en Lugo y ALDA (Asociación Lucense de Dominicanos y Amigos), cuyo objetivo es acompañar a los migrantes, favorecer su integración y ofrecer espacios de apoyo y convivencia. “La unión es clave para aportar algo positivo a la sociedad y sentirnos parte de ella”, destacan.
La comunidad dominicana expresa asimismo un profundo agradecimiento a la parroquia de La Milagrosa y a su párroco, José Antonio Ferreiro, por la acogida constante y la cercanía pastoral. “Sin su apoyo no podríamos celebrar cada año esta fiesta; nos aporta unión y nos hace sentir Iglesia”, afirman.
Con esta celebración, la parroquia de La Milagrosa invita a toda la comunidad diocesana a participar en una jornada de oración, fe compartida y encuentro, reflejo de una Iglesia que acoge, integra y camina unida en la diversidad.
María José Campo





