Virgen de los Ojos Grandes

 Su capilla, florón del barroco gallego y obra de Casas Nóvoa, el autor de la fachada del Obradoiro Compostelana, cierra, a manera de clave, el arco que en torno de la Mayor de la Catedral, forman la girola y capillas absidales. Puso su primera piedra, el 7-12-1726, el Obispo Santa María Salazar.

 Se celebra su fiesta el 15 de agosto, aunque la imagen famosa no representa la Asunción. Es Nuestra Señora la Madre, y, con más propiedad, la Virgen de la Leche, pues representa a la Virgen Madre en momentos inmediatamente posteriores al de dar su pecho virginal a su Hijo Divino. Se llamó también Santa María la Grande, la Mayor, Nuestra Señora de las Victorias. Y el pueblo fiel la llamó con gran acierto Nuestra Señora de los Ojos Grandes. Se discute la antigüedad de esta imagen. Lo que no puede discutirse es su valor artístico como estatua bellísima. Tiene la vista de sus grandes ojos como perdida en el espacio, no mirando a nada y mirándolo todo con sus grandes ojos de maternal misericordia. La capilla, y en el centro de la misma, el trono de gloria en que está la imagen, son bellísimos, obra inspirada de los mejores artistas compostelanos en la primera mitad del siglo XVIII: Fernando Casas (arquitecto), Ferro Caaveiro (aparejador), Felipe Romay (escultor), y García Bouzas (pintor decorador). A. García Conde.

 Una tradición asegura que, inspirado ante esta imagen, compuso San Pedro de Mezonzo la Salve Regina. Evidentemente tuvo que ser la imagen anterior, pues ésta, como mucho, podrá ser del siglo XII, y el citado Santo es del X. El pueblo de Lugo le profesa sincera y constante veneración. Coronada canónicamente el 15-8-1904.

 

   
   

Santo del Día

  • En tiempo de persecución de Decio, una joven de 21 años, natural de Ravena, llamada Fusca deseaba abrazar el cristianismo. Habló de ello a Maura, su nodriza, quien la animó y le propuso convertirse también al cristianismo. Buscaron a un sacerdote llamado Hermoloro, quien les administró el bautismo. Cuando se entero de lo sucedido, el padre de Fusca montó en cólera e intentó –por diversos medios- devolver a su hija a las prácticas de la idolatría. Pero como no pudo doblegar su voluntad, la denunció al gobernador Quintiliano. Este envió a sus secuaces para detener a Fusca y a su nodriza, pero a la vista de un ángel que estaba al lado de la joven, los esbirros no se atrevieron a ejecutar las órdenes. Fue necesario que las dos cristianas acudieran voluntariamente al tribunal para declarar que crían en Jesucristo. Fueron cruelmente flageladas y luego muertas.
   
   
© Diócesis de Lugo. Todos los derechos reservados