Palabras del Obispo de Ourense en la Ofrenda a Jesús Sacramentado

  En su intervención Mons. Quinteiro Fiuza ha recogido la ofrenda del Delegado Regio: “los sentimientos e inquietudes, las esperanzas y las súplicas de nuestra querida ciudad de Ourense. A ellas se unen las de todos los hombres y mujeres de esta tierra gallega que educados en la fe de nuestros antepasados elevan sus miradas confiadas a la Eucaristía”, que “es la fuente y el culmen de la vida cristiana”.

    El Obispo de Ourense ha hecho referencia a la “tarea de los creyentes en Cristo: conformarnos con él y crear de este modo un mundo nuevo. Un mundo cuya ley esencial es el amor”. “(…) la invitación de Cristo a amar a los demás, como él nos ha amado a nosotros, nos propone a todos esta misma medida. Es entonces cuando nos damos cuenta de que Dios, concediéndonos su misericordia, espera que seamos testigos de la misericordia en el mundo de hoy”.     

   En otro momento de su intervención señaló que “Ante  la humanidad se abren nuevas perspectivas de desarrollo y, al mismo tiempo, peligros hasta ahora inéditos. Por encima de todo ha de preocuparnos el que el hombre se arrogue el derecho del Creador de interferir en el misterio de la vida humana y el que en nuestra sociedad sean cada vez mayores los peligros que atentan abiertamente contra la familia.” Siguió diciendo el Obispo de Ourense, que por ello “la Iglesia no puede dejar que se apague la luz del Evangelio” (…) “Es necesario difundir el mensaje de Cristo a todos, especialmente a aquellos que intentan silenciar la voz de Dios en el corazón de los hombres”.

 

 

   En clara alusión a la situación de crisis en la que estamos inmersos Mons. Quinteiro dijo que “Hay muchas heridas sangrantes en nuestros hermanos que necesitan urgentemente ser atendidas y no hay tiempo que perder en sofisticadas y deletéreas elucubraciones metodológicas. Hace falta esa mirada de amor para darnos cuenta de que el hermano que está a nuestro lado, con la pérdida de su trabajo, de su casa, de la posibilidad de mantener dignamente a su familia y de dar instrucción a sus hijos”(…) Hace falta la creatividad de la caridad para ayudar a un niño no atendido material y espiritualmente; para no volver la espalda a los jóvenes arrastrados por el mundo de las más dispares dependencias; para dar consejo, consuelo y ayuda espiritual y moral” (…)”Por desgracia, hay muchas personas en nuestra tierra a las que ya les falta el pan de cada día. Pero son muchas más las que están viendo estrecharse el horizonte de sus expectativas más elementales. Estoy pensando en nuestros hombres del campo y de la mar, en tantos obreros que han perdido su trabajo y en esa multitud de nuestros pequeños empresarios que ven naufragar sus proyectos en la impotencia”.

           

   Por todo ello, el Mons Quinteiro terminó su homilía manifestando que: “La civilización del amor no sólo hace real la ayuda al hermano necesitado, sino que articula una manera de entender la vida en la que son posibles los proyectos que todos anhelamos y el mundo de hoy necesita. El hombre unidimensional no sólo destruye la dignidad de la persona humana, sino que hace inviable el proyecto de una sociedad abierta y creativa”.