La Confesión en el Año Sacerdotal

 

Formación Permanente

 Sacerdotes y laicos de la Diócesis acudieron a la Casa Diocesana para participar en una jornada de Formación Permanente sobre el sacramento de la confesión en el Año Sacerdotal. El ponente fue José Manuel Villar Suárez, Rector del Santuario de Los Milagros, en Ourense.

 El ponente partió de la experiencia de las comunidades parroquiales y de la propia experiencia personal de hombres y mujeres que se sienten infelices bajo el peso de la culpa. La Iglesia tiene que anunciar la conversión y la reconciliación.  Recalcó también la preocupación pastoral que todos los sacerdotes deben de tener sobre lo que le afecta a la persona: problemas sociales y económicos, además de la atención espiritual propia de su ministerio. La Iglesia tiene mucho que decir en este campo, pues considera que la vivencia de la conversión es positiva para el hombre moderno en la sociedad actual.

 Por este motivo, es misión de la Iglesia -continuó el ponente- hablar de culpa y pecado como realidades presentes en la vida de las personas, realidades que hay que encauzar, reorientar, para que el ser humano mantenga su equilibrio emocional. Culpa y pecado es algo, pues, que los sacerdotes tienen que tratar en sus homilías y en la relación con los fieles. Y todo ello dejando claro en el discurso y ante la sociedad que no se trata de decir que todo está mal, sino de manifestar que la conversión a Dios tiene implicaciones positivas en las personas, complementando su desarrollo personal y social, psíquico y emocional.

 La conversión es vista desde la óptica cristiana como una renuncia a una preocupación por si mismo y una apertura a Dios y a los hombres. De este modo se unen los fundamentos antropológicos de la penitencia a los fundamentos teológicos: Dios se revela como misericordia; sale al encuentro del hombre en su debilidad, le acoge y persona y posibilita así la salvación, la salud de la persona.

 Una vez reconocida y confesada la culpa, la penitencia es el medio que ayuda a conseguir estos frutos de la conversión. Permite el cambio de vida y la apertura a Dios y a los demás. Desde este momento se hace una opción por Jesús y se compromete a ver la vida desde los valores del Evangelio y a esforzarse en llevarlos la práctica en los ambientes en los que se desarrolla su vida diaria. La Iglesia, los sacramentos, son mediaciones fundamentales para llevar a cabo el camino de conversión y recibir la gracia del perdón.

 En la segunda parte de la jornada, y ya para finalizar, el ponente hizo distintas reflexiones sobre la unidad y diversidad de las formas de penitencia, la confesión individual, celebración de la penitencia, absolución general, el misterio del pecado y la relación entre penitencia y eucaristía.