Homilía de Mons. Manuel Sánchez Monge en el día de la Ofrenda

OFRENDA ANTIGUO REINO DE GALICIA

 


Saludo al Sr. Oferente, al Sr. Arzobispo Metropolitano y a los demás hermanos obispos en Galicia y Astorga, a las autoridades políticas, académicas y militares presentes en esta celebración.

 

Queridos hermanos sacerdotes, consagrados y fieles laicos:

 

  1. Dadles vosotros de comer

 Ante los problemas que a primera vista nos superan, nosotros como los apóstoles, pretendemos no implicarnos. Le decimos a Jesús: ‘Despide a la gente’ para que busquen alojamiento y comida.

 Pero Jesús nos responde sorprendentemente: ‘Dadles vosotros de comer’. Ante los problemas del mundo Jesús no se despreocupa. Se implica y nos implica porque no vive para sí mismo, sino que más bien se desvive por los demás. Cuando ve Jesús que la gente está agotada no les despide para que cada uno se las arregle como pueda, sino que se implica en el problema y ofrece una respuesta liberadora. Si cada uno es capaz de compartir lo poco que tiene –aunque resulte insignificante: ¡qué son cinco panes y dos peces para dar de comer a cinco milhombres!-, el Señor se encargará de que haya para todos y… sobre. El Reinado de Dios es de sobreabundancia y no de escasez. La multiplicación de los panes y los peces es un milagro que se repite mucho más frecuentemente de lo que la gente cree. Siempre que nosotros nos dispongamos a compartir lo poco que somos y tenemos, el Señor por la fe y la fuerza del Espíritu, se encargará de que se resuelvan todos los problemas, aun los más difíciles.

 

Coma dicia O Sr. Oferente: Asistimos insensibeis á marxinación e abandono das maiorías desfavorecidas do planeta, dos que sofren, dos que non teñen alimento que levar á boca ou menciñas para curar as súas doenzas, mentres vemos como se ocupan países e se promoven guerras que deixan pingües beneficios na industria armamentística, como se extenden as redes do narcotráfico ou como destruímos os recursos naturais nunha carreira suicida sustentada na codicia.

 Todo isto solo se resuelve, como O mesmo Sr. Alcalde mindoniense remata de dicirnos, desde a tolerancia e o repecto á diferencia, desde a actitude solidaria de quen cre posibel outro mundo e a construcción dun modelo social máis xusto e equitativo.

 
 

  1. Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros

 Pero Jesús no se contenta con dar a la gente alimento que perece. El está dispuesto a darse a sí mismo como comida y bebida de salvación. Como respuesta a las crisis del mundo, – nun mundo interdependente, galiza  e os galegos e galegas tamen sofren as consecuencias dunha crise global e sistémica que agudiza as contradiccións e desigualdades, que cómpre resolver e non anestesiar-, Jesús no se instala en la queja y en la denuncia sino que ofrece el acto de amor más grande, el sacrificio de sí mismo por amor. Pero el sacrificio no será de holocausto, sino de comunión para que sirva de alimento y medicina a la humanidad deprimida.

 Este gesto de entregarse en el pan partido y en la sangre derramada no es algo absolutamente insólito, siendo como es algo misterioso y maravilloso. Está en la línea de la encarnación. Si por amor el Hijo de Dios se hizo carne, ahora por amor se hace Pan para alimentar y divinizar al hombre. Si por amor se quedó con nosotros, ahora por amor entra dentro de nosotros por medio de la comunión. Cristo es pura generosidad, nos lo dio todo y se dio del todo.

 

  1. Haced esto en memoria mía

 “Haced esto en memoria mía”. Es el encargo que Jesús da a los suyos, pero especialmente a los apóstoles y a sus sucesores. Sin sacerdote, no ha Eucaristía. Y sin Eucaristía no hay Iglesia. Es bueno que lo recordemos de un modo especial al disponernos a clausurar el ‘Año Sacerdotal’. ¿Cómo podrán celebrar la Eucaristía muchas de nuestras comunidades dentro de cinco o diez años? Necesitamos sacerdotes. Y los necesitamos con urgencia. Sacerdotes que no sólo repitan las palabras y los gestos de Jesús, sino que los vivan y ayuden a vivirlos. Porque, en definitiva, como acaba de afirmar Benedicto XVI en la audiencia general del 26 de mayo, “para ser pastores según el corazón de Dios debe haber un profundo enraízamiento en la amistad viva con Cristo, no sólo de la inteligencia, sino también de la libertad y la voluntad, una conciencia clara de la identidad recibida en la ordenación sacerdotal, una disposición incondicional para dirigir el rebaño confiado donde el Señor quiere, y no en la dirección que, aparentemente, parece más conveniente o más fácil. Esto requiere, en primer lugar, la disponibilidad constante y progresiva para dejar que Cristo mismo gobierne la existencia sacerdotal de los presbíteros”.

 Celebrar el memorial de Jesús es algo más que un recuerdo, es actualización del misterio. El amor le llevó a Jesús a partirse y entregarse por nosotros, asumir el Espíritu de Jesús nos ha de llevar a hacernos pan partido para nuestros hermanos.

 

  1. Presencia eucarística

 La Eucaristía es una invención del amor. Al amor siempre se le ocurren cosas. El amor se las arregla para salvar distancias, porque todo amor exige presencia. Recordamos los versos de san Juan de la Cruz: “Descubre tu presencia / y máteme tu vista y tu hermosura; / mira que la dolencia / de amor, que no se cura / sino con la presencia y la figura”. Danos, Señor, ojos nuevos para verte vivo y vivificante en la Eucaristía. Y danos un corazón agradecido para acogerte con nuestro pobre, pero sincero, amor. Fortalece nuestra amistad contigo para que podamos amar eficazmente a nuestros hermanos.

 “Serás amado cuando puedas manifestar tus defectos delante de alguien sabiendo que no los utilizará en tu contra”, ha escrito Cesare Pavese. Los cristianos, sin embargo, podemos decir: “Serás amado hasta el extremo cuando puedas manifestar tus pecados delante de alguien sabiendo que está dispuesto a cargar sobre sí la responsabilidad de lo que tú hiciste y que nunca utilizará esto en tu contra” (Ángel Corrochano)

 Adoremos la presencia del Señor en esta bella Ciudad del Sacramento. Veneremos de tal modo los misterios del Cuerpo y de la Sangre de Cristo que experimentemos constantemente los frutos de su Redención. Que Nuestra Señora de los Ojos grandes nos lo consiga de su Hijo.