Entrega de la «ofrenda diocesana» a Cáritas

Entrega de la Ofrenda a Cáritas
El Obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco Rouco, entregó a Cáritas la colecta recaudada durante los actos del Corpus en la Catedral y en las parroquias de la Diócesis. Con motivo de la reanudación del culto en el Altar Mayor de la Catedral, después de su restauración, toda la diócesis de Lugo, a través de sus arciprestazgos, ha querido hacer una “ofrenda al Santísimo Sacramento” en la persona de los más necesitados. Por ello la recaudación de estos días se entregó a Cáritas diocesana de Lugo, para atender las necesidades que cada día se le presentan a las puertas de esta institución.La cantidad recaudada a través de las colectas en la seo lucense y en las parroquias supera los 14.000 €.

Una Ofrenda en la Caridad. En honor de Jesús Sacramentado, en el Altar Mayor de la S.I.C. Basílica de Lugo y en la persona de sus hermanos necesitados (Resumen)

 Con ocasión de la renovación del culto eucarístico propio de nuestra Capilla Mayor, tras los trabajos de restauración, toda la Diócesis a través de sus parroquias y arciprestazgos, ha querido hacer una “Ofrenda al Santísimo Sacramento” en la persona de sus hermanos más necesitados.

 El Señor, cuya presencia eucarística adoramos en nuestra Catedral Basílica, se encuentra también en el prójimo, en cada persona que sufre necesidad. Por eso, nada más adecuado que unir la restauración del culto a la Eucaristía con la ofrenda al Señor Jesús en sus hermanos más pequeños. Ambas son una única ofrenda. Apelar así a la caridad no significa reducirse a afrontar una pequeña parte de los problemas reales y quedarse al margen de las urgencias que habitan nuestra sociedad en tan profunda crisis. La caridad es, en realidad, el principio de acción adecuado a cada hombre en todos los aspectos de su existencia en el mundo, y no simplemente un complemento de benevolencia para el caso de quienes van quedando marginados. No conseguimos realizar la justicia y la solidaridad cuando no tenemos como punto de partida la caridad. La realización práctica de la justicia, de modo que determine realmente las formas de la convivencia, no puede conseguirse por la fuerza o la imposición, sino que exige una conciencia educada a amar la verdad, junto con la fortaleza para no traicionarla por razones de conveniencia.

 En cambio, a la luz de la caridad, particularmente visible en Cáritas, puede recuperarse y florecer el sentido de la justicia, intrínseco al hombre. Y, cuando esto es el caso de todo un pueblo, la solidaridad y la justicia pueden encontrar formas estables, que determinen la vida común, económica y política.Sin el fortalecimiento del sentido de la justicia y de la solidaridad, que vienen de la caridad, será difícil dejar atrás el peligroso terreno en que se han adentrado nuestra vida pública y nuestra economía. Tanto en el ámbito político, como en el específicamente económico, es imprescindible poder librarse de la mentira y del establecimiento del egoísmo como único criterio de acción. El dinero y el poder, como tales, no pueden ser la última razón y la justificación de toda acción; no pueden ser “divinizados”, sin que eso destruya a los hombres y a los pueblos, como muestra también la actual crisis económica.

 Es importante recordar que es posible vivir de otra manera, comprendiendo al hombre y a la sociedad de modo más acorde a su dignidad, haciendo experiencia de caridad y de justicia, conservando el sentido de la esperanza y de la solidaridad.Esta positividad, representada por Cáritas, es ofrecida por todo un pueblo que vive según esta fe. Por ello, podría decirse que la comunidad cristiana es ella misma el signo y el instrumento mayor de esta caridad, que se expresa no sólo en palabras, sino en la manera de construir toda la vida.La presencia entre nosotros de esta “caridad”, que humaniza al hombre, proviene de nuestro Señor Jesucristo, que la enraizó para siempre en medio de la historia, viviéndola hasta la entrega de sí, venciendo todas las formas en que es rechazada y negada en el mundo –todo mal–, y comunicándola a sus discípulos para siempre.

 La exposición del Santísimo en nuestra Catedral es nuestra declaración pública, aquí en Lugo, de esta fe en el Dios que es Amor, que nos ha hecho a su imagen y semejanza, no masa de individuos solos y enemigos entre si, sino personas libres, esencialmente relacionadas, cargadas de esperanza y llamadas a vivir en comunión.

Lugo, 18 de junio de 2012  

+  Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo