Comunicado sobre la parroquia del Sagrado Corazón

La parroquia del Sagrado Corazón lleva un tiempo viviendo las consecuencias dolorosas de la división, no sólo internamente, sino también de forma pública.

Sí originalmente las decisiones de una parte de los fieles estaban motivadas por el amor a sus sacerdotes, D. Guillermo Méndez y D. Miguel Fernández, movilizaciones posteriores se basaron en una desinformación grande, no exenta de falsedades.

A pesar de cuanto se ha comentado y difundido, incluso a través de los medios de comunicación, dichos sacerdotes, que con D. José Otero ejercían allí su ministerio, no fueron desplazados de la parroquia. Se intentó constantemente salvaguardar la estrecha relación existente entre D. Guillermo y D. Miguel, lo que se tuvo en cuenta en todas las determinaciones que se tomaron.

Gracias a la venida a nuestra Diócesis de un nuevo sacerdote, D. Augusto César Da Silva Silva, pudo encomendárseles en equipo la atención de otras parroquias cercanas, junto con la del Sagrado Corazón.

La presencia de cada uno en las parroquias, en primer lugar en la del Sagrado Corazón, y la distribución de las diferentes tareas pastorales quedaron al criterio y responsabilidad de los sacerdotes del equipo.

El rechazo a la presencia de Don Augusto por ser miembro del «Camino neocatecumenal» ha adquirido formas públicas y tonos -por ejemplo en la denominación de «sectario» o en la exclusión radical de la vida de la comunidad cristiana- que no respetan la comunión necesaria con la Iglesia universal y niegan evidentemente la pluralidad en ella. Pues es claro que ningún movimiento o espiritualidad puede imponerse como única posibilidad en la vida de una parroquia.

Don Augusto ha mostrado desde el principio una actitud sacerdotal ejemplar y el deseo de servir a la Iglesia diocesana y a la comunidad del Sagrado Corazón de modo muy generoso. Debido a las expresiones constantes de rechazo y desprecio sufridas en la parroquia, manifestó su incomodidad y a la vez el deseo de servir a la Iglesia en cualquier otro lugar donde pueda ser útil. Trataremos de respetar su decisión. Y queremos manifestarle públicamente el agradecimiento por su testimonio de amor y de servicio desinteresado a la Iglesia y a nuestro Señor.

En la Iglesia todos los caminos y los modos de proceder deben estar movidos por un mínimo de caridad verdadera. Sin ello no es posible construir comunidad cristiana alguna. Por otra parte, no son tampoco aceptables ni hacen bien alguno a los fieles las presiones e injerencias derivadas de las diversas formas de poder político, que buscan coartar la libertad de la Iglesia.

Todos debemos recordar que la comunidad cristiana está unida esencialmente por la misma fe en Jesucristo y por la comunión sacramental con Él, que se expresa en la unidad de los hermanos en la Iglesia diocesana y universal, representadas por el Obispo y el Papa. Que la experiencia hecha tras haber seguido otros caminos, que conducen a la división, nos ayude a todos a cuidar con mayor verdad y vigilancia el tesoro de fe y de comunión que nos une.