Acto de acción de gracias por la renovación de la Indulgencia plenaria cotidiana y perpetua


Mons. Alfonso Carrasco: “Es un privilegio extraordinario otorgado por la Santa Sede a nuestra Catedral Basílica de Lugo en honor al culto solemne que se rinde en nuestro Altar Mayor al Santísimo Sacramento”.

La catedral de Lugo acogió, esta tarde, un acto de acción de gracias por la renovación de la concesión de la Indulgencia plenaria cotidiana y perpetua.

El grupo de Música Antiga 1500 interpretó varias Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio y otras piezas eucarísticas medievales y barrocas.

A continuación, y tras la lectura del documento de la Penitenciaría Apostólica de la renovación de la Indulgencia, tuvo lugar la celebración de la Eucaristía presidida por el Obispo de Lugo, Mons. Alfonso Carrasco y concelebrada por el Obispo de Ourense, Mons. Lemos Montanet, el Vicario General de Mondoñedo –Ferrol, Antonio Basanta, el obispo emérito de Astorga, Camilo Lorenzo, así como el cabildo catedralicio.

Mons. Alfonso Carrasco Rouco, después de agradecer la presencia de autoridades civiles y militares y demás asistentes, en su homilía expresó la satisfacción por la renovación de “el don de la “indulgencia plenaria” concedida a quienes la pidan aquí cualquier día con sincero corazón”.

“En este gesto, por medio de la Iglesia y del Sucesor de Pedro (el Papa Francisco), el Señor nos ofrece el abrazo de su misericordia. (…)Cuando, siguiendo las indicaciones de la Penitenciaría apostólica, nos acerquemos a adorar la Presencia eucarística de nuestro Señor Jesús, siempre expuesta en nuestro Altar Mayor, a la luz de esta “gran perdonanza” que ahora se nos ofrece, podremos sentir, como María, que el Señor verdaderamente hace proezas con su brazo”.

En su intervención también señaló que “no encuentra al Señor (…) quien se le acerca soberbio, rico y poderoso, el que no lo necesita porque ha fiado su vida ya a otros recursos, a otras riquezas, a otros poderes”. Por eso recalcó: “ Pidamos al Señor no caer en esta tentación, tan antigua como Adán, pero muy contemporánea en un mundo en que, a menudo, se pone el orgullo muy conscientemente en sí mismo, en el poder, la técnica y la riqueza, que permitirían dominar todas las cosas, hacerse y bastarse a sí mismos”.

Mons. Carrasco finalizó su homilía diciendo que “el Señor enaltece a los humildes y a los hambrientos los colma de bienes. Su amor nos enaltece definitivamente, y de este amor indefectible lo esperamos todo, reconciliación, indulgencia, vida nueva y eterna”.

Tras la eucaristía se celebró la tradicional procesión del  Jueves Eucarístico por el claustro de la catedral, acompañado del tañido de campañas por tratarse de un acontecimiento extraordinario.