Unas 2.000 personas despiden al que fue durante 27 años obispo de Lugo

FuneralUn sonoro aplauso recibió la salida del féretro del Palacio Episcopal 

 Ramudo

Un sonoro aplauso de los cientos de personas que se congregaron en la Plaza de Santa María y el tañido de las campanas de la Catedral, en silencio durante muchos años, acompañaron la salida del féretro que transportaba los restos mortales del que fue durante 27 años obispo de la Diócesis de Lugo, Fray José Gómez. A la puerta del Palacio Episcopal, en cuya fachada ondeaba a media asta la bandera vaticana con un crespón negro y el escudo de Galicia, lo esperaba la comitiva fúnebre, presidida por el arzobispo y cardenal de Sevilla, Carlos Amigo, compañero de estudios del difunto prelado y, al igual que él, de la orden Franciscana.

Seis jóvenes presbíteros, ordenados por el propio prelado, transportaron a hombros el féretro hasta la puerta principal de la Catedral, a pocos metros de la residencia episcopal. Diez obispos y más de 300 sacerdotes acompañaron el cortejo fúnebre, en el que también se encontraba el arzobispo de Santiago de Compostela, Julián Barrio Barrio.

A las puertas del templo, fueron los arciprestes los que se hicieron cargo del féretro y lo trasladaron por la nave izquierda de la Catedral, seguidos por los obispos, hasta el altar mayor, mientras que los sacerdotes accedían al interior por la derecha de la "vía sacra". Los familiares y las autoridades presentes fueron acomodadas en el coro para seguir el funeral.

La Diócesis colocó 600 sillas en las naves laterales de la Catedral y, aunque el trascoro tiene capacidad para acoger a otras mil personas, el templo se quedó demasiado pequeño para albergar a los cientos de fieles que quisieron despedir a Fray José Gómez, por lo que muchos tuvieron que seguir la ceremonia desde el exterior. Aunque se pensó en habilitar pantallas fuera de la basílica, la previsión de lluvias para la jornada hizo que esa idea fuese descartada, con lo que sólo se instalaron seis en el interior de la propia basílica.

Los oficios fúnebres fueron presididos por Carlos Amigo, que recordó su especial vinculación con Fray José Gómez, compañero de estudios y de orden religiosa, y con su familia, sus sobrinos y hermanos. También tuvo palabras cariñosas para el que fue durante muchos años su secretario particular, Mario Vázquez Carballo, de que quien dijo fue "consuelo, apoyo y ayuda" para el difunto prelado.

El cardenal recordó que para los cristianos la muerte no es el final del camino, sino un tránsito obligatorio hacia otra vida, porque "el mejor de los padres, Jesucristo, no puede permitir, de ninguna manera, que mueran sus hijos". También destacó que "Fray José era franciscano y se le notaba bastante". Por ello, los que "le conocíamos de cerca sabemos que solamente quería ser enterrado en un lugar: en el corazón de las personas que lo han conocido. Allí es donde quiere permanecer", afirmó.

Al final del funeral, el deán de la Catedral, Luciano Armas, hizo una semblanza de Fray José Gómez, al que definió como un "amante de su tierra, un gallego de corazón universal, bilingüe sin complejos, compañero e, incluso, compadre de sus sacerdotes y fieles". Dijo del prelado que era "un pastor celoso, maestro perspicaz, estudioso constante y predicador infatigable", que "gastó su vida en una intensa actividad pastoral, en una amplia y cuidada obra asistencial y en el impulso de la catequésis y formación constante del clero".

Los restos mortales del administrador apostólico de la Diócesis fueron trasladados a la capilla de San Froilán, dentro de la Catedral, por un grupo de compañeros de curso. En ese mismo lugar, fueron depositados, por expreso deseo suyo, después de una ceremonia íntima conocida como el "último adiós".

A primera hora de la tarde, la bandera vaticana seguía ondeando a media asta en la fachada del Palacio Episcopal, con un crespón negro que recuerda la pérdida de un hombre que fue definido por muchos como "un obispo del pueblo".

CapillaAmplia representación de la Iglesia y la sociedad civil

Al funeral de exequias de Fray José Gómez asistió una amplia representación de la Iglesia Católica Española, encabezada por el propio cardenal Amigo. Entre los asistentes figuraban los obispos de Mondoñedo-Ferrol, Manuel Sánchez Monge; Ourense, Luis Quinteiro; Tui-Vigo, José Diéguez; Jaca-Huesca, Jesús Sánz Montes; Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez, y Astorga, Camilo Lorenzo Iglesias, así como los obispos eméritos de Tenerife, Oviedo y Tui-Vigo, el auxiliar de Oviedo, Raúl Berzosa, y el arzobispo de Santiago de Compostela, Julián Barrio.

En los actos fúnebres, también participaron el obispo electo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco, que llegó a la capital lucense esta misma mañana, y el director de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo.

Representaron al Gobierno gallego el conselleiro de Presidencia, José Luis Méndez Romeu, y la de Educación, la lucense Laura Sánchez Piñón. También estaba prevista la presencia del presidente de la Real Academia Galega, José Ramón Barreiro; el vicerrector de coordinación del campus de Lugo, Carlos Herrero, y del presidente y del director de Caixa Galicia, Mauro Varela y José Luis Méndez, respectivamente.

Con respecto a las autoridades locales, asistieron a las exequias el subdelegado del Gobierno, Jesús Otero, y el presidente de la Diputación de Lugo, José Ramón Gómez Besteiro, así como del alcalde y la Corporación Municipal de la capital lucense.