CARTAS PASTORALES: Timoteo y Tito

CARTAS PASTORALES: Timoteo y Tito


          Se llaman pastorales porque están dirigidas a dos grandes pastores, colaboradores de Pablo, y porque se ocupan de la función y normas de los pastores, es decir, de aquellos que mantienen la unidad y la fe dentro de una iglesia particular, que empieza a estructurarse.  Las cartas pertenecen a la época final del siglo I. Posiblemente son de un discípulo que, después de la muerte de Pablo, le hace hablar en las nuevas situaciones que se habían creado en las comunidades.

          Problemas como la el de los falsos doctores que practicaban y enseñaban doctrinas de carácter judaizante gnóstico, que debían suponer un grave peligro, dada la insistencia con que las cartas las mencionan, provocan la aparición de estas cartas. No aparece el fervor y el entusiasmo de los creyentes del tiempo de Pablo, sino que los cristianos se han vuelto mediocres y conformistas. Se sentía también la necesidad de unos dirigentes de iglesias locales que asegurasen el depósito de la fe que Timoteo y Tito habían recibido de Pablo.

            Su importancia radica en que mantienen viva la herencia de Pablo, dado que había corrientes que querían una especie de vuelta al judaísmo; defienden el carácter genuino del Evangelio, para que no se diluyese en una especie de intimismo esotérico y sectario, que evadía los problemas del mundo, en busca de pura interioridad espiritual, y con una visión dualista del mundo (maniqueísmo); nos dan las pautas sobre la organización de la Iglesia, con las funciones de los varios ministerios; dan unas reglas de vida para la fe de la comunidad: la fe verdadera es la que enseñaron los apóstoles, y fue transmitida en los inicios; los ministros deben mantener intacto el depósito de la fe recibido por los apóstoles; los creyentes crecerán en la fe, no pronunciando discursos inútiles, sino guardando la unidad con los apóstoles y poniendo en práctica la bondad que Cristo enseñó.


Principios doctrinales:


            Cristo,
en quien se hace visible el plan salvífico de Dios, es el único mediador universal. El nuevo nacimiento que comporta el bautismo no es debido a nuestras obras, sino a la bondad de Dios.


            La Iglesia
aparece como el nuevo pueblo de Dios, purificado por el sacrificio de Cristo, como la casa del Dios vivo, como la gran familia de Dios, como el fundamento y la columna de la verdad. Tiene la misión de enseñar y conservar el depósito recibido. Los ministros, que reciben el ministerio por la imposición de las manos tienen la misión de enseñar y el poder de jurisdicción.


           La salvación por Cristo lleva consigo unas exigencias
: ante todo la fe, esperanza y la caridad, fundamento de toda vida cristiana. Además oración y espíritu de lucha; obediencia, paciencia y mansedumbre, pureza, fidelidad a la sana doctrina y práctica de las buenas obras.


            Virtudes humanas
: sobriedad, laboriosidad, amabilidad, hospitalidad, honradez.


Cartas a Timoteo

            Timoteo era hijo de una judía y de un griego. Fue el discípulo predilecto de Pablo. Pablo en esta carta aparece como el Pastor que transmite normas que asegurasen la continuidad de las Iglesias fundadas por él. Las cartas no tienen un esquema fijo. Se trata de una serie de consejos y recomendaciones para que sea fiel a su misión de pastor.

            La primera carta hace referencia a la organización de la comunidad, las formas de combatir los errores y la vida cristiana de los fieles. En la segunda, Pablo, desde la cárcel, le da consejos pastorales a Timoteo: que se mantenga fiel al ministerio y que conserve la sana doctrina. Todo ello en un estilo cordial, sencillo, ardiente y, por momentos, apasionado. Son como un testamento de Pablo, antes de morir.



Carta a Tito

            Tito era griego un joven griego, no circunciso. Lo había llevado Pablo en su viaje a Jerusalén, donde deseaba obtener la aprobación de los Apóstoles para la libertad de los gentiles frente a la ley de Moisés. Parece que Pablo le encomendó la Iglesia de Creta, y se supone que está al frente de ella cuando le escribe la carta.


            En esta carta  habla de la organización de la Iglesia, de la lucha contra los errores de los falsos maestros; de la vida cristiana de los fieles, con consejos para ancianos, jóvenes y esclavos. Contiene también exhortaciones a la obediencia y la caridad.

            Los puntos doctrinales se centran en la muerte sacrificial de Cristo y su manifestación gloriosa al final de los tiempos; el amor de Dios a los hombres y su voluntad salvífica universal; la renovación por el Espíritu a través del bautismo y la acción transformadora de la gracia que nos constituye herederos de la vida eterna.

   
   

 

   

Santo del Día

  • Hermana de San Benito, se consagró a Dios desde su más tierna edad. Mientras su hermano residió en Monte Casino, ella se hallaba en Plombariola, fundando y gobernando un monasterio. Tenía la costumbre de visitar a San Benito una vez al año y como no estaba permitido que entrar al monasterio, él salía a su encuentro para llevarla a una casa de confianza, donde los hermanos pasaban la velada orando, cantando himnos de alabanza a Dios y discutiendo asuntos espirituales. Sobre la última visita, San Gregorio hace una notable descripción, en la cual, la santa presintiendo que no volvería ver más a su hermano, le rogó que no partiera esa noche sino al día siguiente, pero San Benito se sintió incapaz de romper las reglas de su monasterio. Entonces, Santa Escolástica apeló a Dios con una ferviente oración para que interviniera en su ayuda, y acto seguido, estalló una fuerte tormenta que impidió que su hermano regresara al monasterio. Los dos santos pasaron la noche hablando de las cosas santas y de asuntos espirituales. Tres días después, la santa murió, y su hermano que se encontraba absorto en la oración tuvo la visión del alma de su hermana ascendiendo al cielo en forma de paloma.
  • Mártir con catorce años. Así se resume la vida de José Luis Sánchez del Río, quien según ha anunciado el cardenal Juan Sandoval Iñiguez, arzobispo de Guadalajara, beatificado junto a otros doce mártires en esa ciudad el 20 de noviembre por disposición del Papa Benedicto XVI. Nacido en Sahuayo, Michoacán, el 28 de marzo de 1913, hijo de Macario Sánchez y de María del Río, José Luis fue asesinado el 10 de febrero de 1928, durante la persecución religiosa de México por pertenecer a «los cristeros», grupo numeroso de católicos mexicanos levantados en contra la opresión del régimen de Plutarco Elías Calles. Un año antes de su martirio, José Luis se había unido a las fuerzas «cristeras» del general Prudencio Mendoza, enclavadas en el pueblo de Cotija, Michoacán. El martirio fue presenciado por dos niños, uno de siete años y el otro de nueve años, que después se convertirían en fundadores de congregaciones religiosas. Uno de ellos es el padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, nacido en Cotija, quien en el libro entrevista «Mi Vida es Cristo» revela el papel decisivo que tendría para su vocación el testimonio de José Luis, de quien era amigo. «Fue capturado por las fuerzas del gobierno, que quisieron dar a la población civil que apoyaba a los cristeros un castigo ejemplar», recuerda el fundador que entonces tenía siete años. «Le pidieron que renegara de su fe en Cristo, so pena de muerte. José no aceptó la apostasía. Su madre estaba traspasada por la pena y la angustia, pero animaba a su hijo», añade. «Entonces le cortaron la piel de las plantas de los pies y le obligaron a caminar por el pueblo, rumbo al cementerio --recuerda--. Él lloraba y gemía de dolor, pero no cedía. De vez en cuando se detenían y decían: "Si gritas 'Muera Cristo Rey'" te perdonamos la vida. "Di 'Muera Cristo Rey'". Pero él respondía: "Viva Cristo Rey"». «Ya en el cementerio, antes de disparar sobre él, le pidieron por última vez si quería renegar de su fe. No lo hizo y lo mataron ahí mismo. Murió gritando como muchos otros mártires mexicanos "¡Viva Cristo Rey!"». «Estas son imágenes imborrables de mi memoria y de la memoria del pueblo mexicano, aunque no se hable muchas veces de ellas en la historia oficial», concluye el padre Maciel. Otro testigo de los hechos fue el niño de nueve años Enrique Amezcua Medina, fundador de la Confraternidad Sacerdotal de los Operarios del Reino de Cristo, con casas de formación tanto en México como en España y presencia en varios países del mundo. En la biografía de la Confraternidad que él mismo fundara, el padre Amezcua narra su encuentro --que siempre consideró providencial-- con José Luis. Según comenta en ese testimonial, haberse cruzado con el niño mártir de Sahuayo --a quien le pidió seguirlo en su camino, pero que, viéndolo tan pequeño le dijo: «Tú harás cosas que yo no podré llegar a hacer»--, determinó su entrada al sacerdocio. Más tarde, al seminario de formación de los Operarios en Salvatierra, Guanajuato lo bautizó como Seminario de Cristo Rey y su internado se llamó «José Luis», en honor a la memoria de este futuro beato mexicano. Los restos mortales de José Luis descansan en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en su pueblo natal.
  • El Cardenal Stepinac, fue la Cabeza de la Iglesia Croata desde 1934 hasta su muerte en 1960. A partir de 1945 imperó el régimen comunista bajo las órdenes del Mariscal Tito, quien lo enjuició y torturó sin éxito para doblegar su voluntad. Alojzije Stepinac nació el 8 de mayo de 1898 un pequeño pueblo de Croacia llamado Krasic. Sus padres, campesinos humildes, lo educan en la verdad y en el amor a la vida. Cuando era aún joven, Alojzije, decide consagrar su vida al servicio de Dios. Los tiempos no eran fáciles. Europa había pasado la primera Guerra Mundial y todos conocían el hambre, la desolación y la pérdida de los valores fundamentales. El 26 de octubre de 1930, a los 32 años de edad, fue ordenado sacerdote en Roma. tan solo 4 años después, es consagrado Arzobispo, con derecho a la sucesión para la ciudad de Zagreb. Así se convirtió en el Arzobispo más joven de toda la Iglesia en el mundo. Ese cargo lo asumió por mérito propio. Tenía 36 años pero se destacaba por defender los derechos de todos los que sufrían, sin importarle su religión, su bandera, o color de piel. También se destacó como defensor de su patria, atacada por todos los frentes y todos los sectores. Durante la cruenta Segunda Guerra Mundial, protegió a los perseguidos y necesitados, levantando la voz cuando había una injusticia, sin preocuparle las consecuencias. En 1945, ya terminada la Guerra Mundial, su nación fue incorporada por la fuerza a Yugoslavia, aboliendo todos los derechos humanos y obligándolos a renunciar a sus creencias. Comenzó así una nueva batalla para el joven Arzobispo, que veía torturar a sus sacerdotes, maltratar a sus hermanos y destruir las escuelas católicas. Para dominar a este pueblo Croata, fiel a su religión, el Mariscal Tito, le propone a Stepinac, que gozaba de gran prestigio, que se separe de Roma y forme una nueva iglesia. Le pide que forme la "Iglesia Nacional", dependiente de la autoridad comunista, dándole poderes y riquezas. No pudieron doblegarlo ni callarlo. Entonces lo acusaron de ser colaborador nazi y lo sometieron a un polémico juicio en el que se demostró su inocencia, pero con leyes creadas especialmente para este proceso lo condenaron a 16 años de trabajo forzado. La respuesta de Stepinac fue: "Yo sé cual es mi deber. Con la Gracia Divina lo cumpliré hasta el final, sin odio contra nadie, pero también sin miedo a nadie". La prensa mundial condenó a los jueces y al gobierno. ¿Cómo demostrar que es culpable aquel que merece el elogio universal? Después se supo de varios testigos que fueron encontrados torturados y muertos. Entonces presionaron a su madre para hacerlo callar, la torturaron y la confinaron a un campo de concentración. Uno de los hermanos del Arzobispo corrió similar suerte. El 29 de noviembre de 1951, el Papa Pío XII lo ordenó Cardenal estando preso en la cárcel. Como seguía defendiendo a su patria y a los derechos de los pobres, y como no lo podían ejecutar, lo sometieron a una muerte lenta y dolorosa. Instalaron unos aparatos de rayos x para radiarlo todas las noches junto a su celda y lo debilitaron hasta provocarle una muerte dolorosa. Siguiendo el modelo de Cristo, soportó sin odio todo su martirio, ofreciendo su dolor por su pueblo. Murió el 10 de febrero de 1960. Sus últimas palabras fueron “Fiat voluntas tua”. El 3 de octubre de 1998, el Papa Juan Pablo II lo proclamó beato de la Iglesia Católica. En su homilía, el Papa aseguró que en su beatificación “reconocemos la victoria del Evangelio de Jesucristo sobre las ideologías totalitarias; la victoria de los derechos de Dios y de la conciencia sobre la violencia y las vejaciones; la victoria del perdón y de la reconciliación sobre el odio y la venganza”.
   
   
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