Culto Eucarístico

 De tiempo inmemorial es la fecha que hay que asignar a origen del culto a la Eucaristía en esta Catedral. No hay testimonios escritos a consecuencia de los avatares sufridos por los archivos. Algunos documentos tardíos atribuyen el privilegio de la exposición continua a un discutible Concilio celebrado en Lugo en el año 569 con motivo de las herejías priscilianistas que entonces pululaban en España.

 En los testamentos de Odoario, aunque de redacción tardía, se habla de un altar dedicado al Salvador, y de otro a la Virgen que es la titular del Templo. Podría ser un testimonio de que ya en el siglo VIII había un culto especial a la Eucaristía.

Doña Urraca, madre de Alfonso el Emperador, en un diploma fechado en 18 de mayo de 1112, estampa esta frase: cuius (la Virgen) reliquiarum decus in Lucensi mirabiliter venerantur civitate magna celebratione divinatis ibidem divinitus inspirata.

 Hay en la Catedral un testimonio pétreo, del siglo XII, que sin duda alude a la tradición fuertemente eucarística de este templo. Es el pinjante con el que remata la vesica piscis en que se halla enmarcado el hermoso Pantocrátor que preside el tímpano bilobulado de la puerta norte. Las figuras de las Apóstoles rodean al Salvador, y por encima del conjunto se descifra esta leyenda: DISCIPULUS DOMINI PLACIDE DANS MEMBRA QUIETI DUM CUBAT IN CENA CELESTIA VIDIT AMENA.

 No sólo el escudo de la ciudad sino también el del Reino de Galicia está formado en su parte más noble y principal por un cáliz con una hostia superpuesta. Nótese que este escudo de armas se remonta al siglo XIII, cuando estaba en apogeo el culto y la peregrinación a Compostela.

 En 1619 el Obispo Don Alonso López Gallo dice que en el archivo episcopal ha visto datos que acreditan que la exposición se remonta a tiempo de los suevos.

 La exposición continua en la forma actual data del siglo XVII. Anteriormente, y por lo menos desde el año 1534 en que aparece fechado el retablo de Cornelio de holanda (ahora instalado en los testeros del crucero) el Santísimo, según el Obispo de Braga, Don Rodrigo de Acuña, se veía de tal maneira metido no Sagrario, que possa ser visto e adorado de quen entrar na Igreja e para este fin saon as portas do Sagrario de cristal. Era un hueco circular de doce centímetros de diámetro. Estuvo en uso hasta 1636.

 En el últimamente citado año Don Diego Castejón y Fonseca, gobernador del Arzobispado de Toledo y Obispo que había sido de Lugo durante breve tiempo, envió una custodia (de tipo procesional) que se asegura ser obra del famoso orfebre Juan de Arfe y Villafañe, cuya descripción hace el P. Risco en el tomo 41 de la España Sagrada así: es como de cinco palmos en figura de templete, y se reduce a dos cuerpos, el primero de orden dórico con doce columnas y el segundo del jónico cono ocho. Sobre el piso de ambos corren alrededor dos graciosas galerías y a todo da cima una airosa cúpula en que descansa la cruz.

 Todavía se conserva. en 1772 fue sustituída por la que donó el Arzobispo de Zaragoza, que también lo había sido de Lugo, don Juan Sáenz de Buruaga. El pie, en el que campea el escudo de este Prelado, está formado por un conjunto de tres figuras humanas como retorciéndose (parecen simbolizar las herejías sacramentarias), sobre las que se yergue una airosa figura de mujer con los ojos vendados (símbolo de la fe), y que con su brazo derecho ayuda a sostener sobre su cabeza un cáliz, encima del cual descansa el ostentorio. Éste, obra del artista Ramírez de Arellano, data de 1860, pues el anterior fue sacrílegamente robado en la noche del 8 al 9 de diciembre de 1854.

 Siempre se preocupó el Cabildo de procurarse medios con que sostener decorosamente el culto al Santísimo. Consigue de Felipe IV en 1665 la concesión de una pensión perpétua de 200 ducados anuales sobre las rentas del Arzobispado de Compostela, concesión confirmada por bula del Papa Clemente IV en 1669, y que se cobró regularmente hasta la desamortización del siglo pasado.

 Asimismo obtuvo de Felipe V en 1735 una renta de 400 pesos anuales sustrayéndolos de las vacantes de los obispados del Perú y Nueva España. Este donativo fue confirmado por su hijo Fernando VI en 1754.

 En 1666 se plantea el asunto de la penuria económica ante la Junta del Reino de Galicia, que en su reunión del viernes 23 de febrero de 1669 acuerda conceder 30.000 ducados repartidos entre las ciudades que entonces componían este reino, y que producirían 1500 de renta anual para el alumbrado del Santísimo. En la correspondiente escritura se estipulaba que tal renta había de ser presentada al Ofertorio de la Misa de Domingo de la infraoctava del Corpus por alguno de los Regidores más antiguos del Reino, o de la ciudad de Lugo en su nombre, y que la Catedral celebrase en dicho día Misa y procesión solemne por la exaltación de la fe, salud de sus majestades, y buenos hechos y prosperidad del Reino. Creemos se ha venido cumpliendo ininterrumpidamente con más o menos solemnidad incluso en tiempos difíciles para las manifestaciones externas de culto.

 Muchas cosas y hechos podríamos enumerar que reflejan la piedad eucarística de este pueblo. Hay una, sin embargo, que las resume todas: la visita al Santísimo Sacramento. Sólo Él sabe del número y calidad de la audiencias que amorosamente concede a través de todo el año, y las que todavía pacientemente espera sin protocolo alguno de todo género de personas y a cualquier hora del día o de la noche.