El Coro Catedralicio

El recinto cultual religioso


 Desde la más remota antigüedad en los edificios dedicados al culto a la divinidad hubo espacios, más o menos delimitados,  dedicados o reservados a los diversos grupos o estamentos sociales como:

  1. El de los, llamémosles, funcionarios, profesionales o actores principales de la función cultual propiamente dicha;
  2. El de los auxiliares de tal actividad;
  3. El de los   simples fieles o pueblo llano que se limita a participar en la  acción sin intervención específica activa en el acto.

 Ciñéndonos al cristianismo, y a su origen inmediato en el   pueblo de Israel, nos encontramos con que, según los libros de la  Sagrada Escritura, ya en el templo de Jerusalén, tanto en el levantado por Salomón como en los que posteriormente le sucedieron, hubo varios recintos o compartimentos destinados a diversos  usos o funciones específicas según la conveniencia o necesidad  de la actividad generalmente programada de antemano.

 
Evolución espacial

 A medida que la religión cristiana se fue diseminando y arraigando cada día con más intensidad y expansión dentro del    Imperio romano, se fueron levantando recintos específicos, más o  menos espaciosos, de mejor o peor fábrica, de nueva planta o acomodando edificios preexistentes, en los que, si no mediante elementos de porte más o menos suntuoso, con estructuras elementa   les mínimas, se establecieron compartimentos destinados a los diversos usos y grupos sociales, adaptados a las circunstancias imperantes en el momento.

 

El presbiterio y la nave

          Tales espacios se concretaron, fundamentalmente, en los dos que, como estructura esencial de nuestras iglesias, se vienen de  nominando presbiterio y nave.

            El presbiterio, también llamado capilla mayor, es el lugar reservado a los que podríamos llamar funcionarios activos del culto: obispo, sacerdotes y ministros inferiores, que son los que intervienen profesionalmente en la celebración eucarística.

       La nave, como denominación general, es el resto de la iglesia,  destinada a estancia de los fieles sin participación específica  o protagonismo activo en el acto cultual.

          
 
La schola cantorum

 A medida que fueron evolucionando los ritos de la celebración, se fueron introduciendo elementos secundarios y adjetivos,  valga la palabra, al acto cultual.

 Surgió, entre otros, el coro o conjunto de recursos musicales  para solemnizar y dar más empaque a ciertas celebraciones, cuya categoría se fue estableciendo paulatinamente por razones diversas de que sería muy prolijo dar aquí la explicación competente.

 Especialmente en las iglesias de mayor categoría, concretamente en las episcopales o catedralicias, es decir, en aquellas cuyo máximo responsable directo era el obispo, e incluso en las abaciales una vez que se consolidó y organizó el estamento monacal,  tuvo relevante actuación la schola cantorum, que, aunque en un principio se situó junto al estamento clerical en el presbiterio, muy  pronto pasó a ocupar un espacio reservado entre éste y la nave.

El coro

 Esto es lo que dio origen al coro, como recinto específico en las iglesias mayores. Acaso en un principio, y quizás hasta que surgen los grandes edificios catedralicios y monacales, ocupaba,  sin solución de continuidad, el espacio que se necesitase inmediato al presbiterio.

  Pero pronto, y acaso al estabilizarse la celebración del oficio coral en diversas horas del día y de la noche tanto en las catedrales como en las abadías, se constata la conveniencia de adaptar un espacio de la nave frente al presbiterio, como recinto  específico y determinado, para que los clérigos y monjes pudieran  salmodiar las alabanzas divinas, a lo que seguramente, sobre todo  en días no festivos o de precepto, no acudía el pueblo fiel.

 Incluso hay una razón, creo que por humana no menos valiosa,  consistente en que, sobre todo en la época invernal, para proteger  se de las adversidades climáticas, les convenía tener un recinto  relativamente acomodado que evitara en lo posible las corrientes de aire, y en el que, además, colocaban estratégicamente algunos braseros con lo que lograban un ambiente más acogedor, o, si se quiere  menos desagradable.

     

El coro en la catedral de Lugo


 Carecemos de información sobre la distribución de espacios  en nuestro antiguo edificio catedralicio, tanto antes como después  de la actuación del gran Odoario en el siglo VIII. Cuando en 1.129 se comienza la nueva obra de la actual iglesia no parece estuviera prevista la colocación del coro con su sillería en el formato con que actualmente lo conocemos.

 Si tal previsión se hubiera dado cabe suponer que no se hubieran construido los arcos formeros que delimitan la nave central con respecto a las laterales, y en su lugar se hubieran construido muros macizos y corridos de superficie totalmente lisa.

 Esto hubiera abaratado la obra, circunstancia muy digna de tener en cuenta en Lugo, en donde no sobraban precisamente los recursos económicos.

 
El primer coro de los tiempos modernos

     Cuando en el primer tercio del siglo XVII se concierta con Moure la construcción de la actual sillería se alude, entre otros  detalles, a que debe figurar en los relieves la imagen de San Capitón, como lo estaba en la sillería vieja construida en 1.320.

    De ser cierto este dato, y no tenemos argumentos en contra  de su fiabilidad, la primera sillería coral en esta iglesia hay  que atribuirla al primer tercio del siglo XIV en el pontificado  del obispo Rodrigo Ibáñez. Al parecer era un poco más corta que  la actual en longitud, dimensión que ahora se debe a la necesidad  de llenar el espacio ocasionado por la construcción pétrea realizada para evitar el derrumbamiento de las pilastras centrales de  la iglesia.

 
La asignación de las sillas a las personas

     Por noticias que nos suministran las actas capitulares sabemos que en las sillas altas se sentaban los dignidades, los canónigos y el racionero titular, figura que existió hasta el concordato con Isabel II en 1851,y desde esa fecha también los miembros  del cuerpo de beneficiados (que no formaban parte del cabildo, lo  mismo que, hasta 1851,los dignidades que no tenían canonicato anejo).

    Y en la sillería baja se acomodaban los capellanes, los músicos (fueran clérigos o seglares) y demás personal auxiliar que por lo reglamentariamente establecido tenían obligación de asistir a los actos corales.

   La silla era fija para cada persona por el tiempo que desempeñara el cargo desde el día de la toma de posesión, y únicamente  se cambiaba por ascenso a la inmediata superior al ocurrir una vacante dentro de cada categoría, que se establecía en razón de la proximidad, a mano derecha o izquierda de la central, reservada  siempre al obispo.

    En comparación con otros coros de catedrales españolas, el  nuestro es de proporciones modestas ya que no cuenta más que con  66 silas (39 en la parte alta, y 27 en el plano bajo). Los de mayor  número son los de Zaragoza, 1 50; Toledo,126; Sevilla,117; Córdoba, 105  Burgos y Lérida,103; Málaga,101; Salamanca,99,etc.

 

Coro sí, coro no?

     Con motivo de la guerra civil de 1936 desaparecieron las sillerías corales de algunas iglesias españolas. No sé si este hecho, al tratar de reconstruírlas, habrá influido en el criterio de  suprimirlas totalmente que se impuso en algunos lugares, aduciendo  como razón el mejor aprovechamiento del espacio para las celebraciones multitudinarias que ocasionalmente tienen lugar en algunas  iglesias.

    Se han suprimido en algunas partes los coros catedralicios,  trasladando sus sillerías a otros edificios con menor celebración  cultual para su conservación como mera reliquia histórica. Tal es  el caso de la metropolitana de Compostela, que fue a parar a la iglesia monacal cisterciense de Sobrado, en la que ahora apenas se celebra culto.

    En abril de 1967 se planteó en nuestra catedral el asunto de sacar el coro y dejar despejada la nave mayor. Parece que la sugerencia provenía de la administración civil, responsable del  patrimonio histórico artístico.

    El cabildo no lo consideró conveniente, fundamentalmente por la razón de que constituye un recinto muy adecuado para satisfacer la devoción eucarística de los fieles que a cualquier hora  del día se acercan a visitar al Sacramento permanentemente expuesto desde tiempo inmemorial en la capilla mayor.

    Hay que reconocer, no obstante, que en la actualidad, por la  simplificación dada a las celebraciones litúrgicas a partir del  Concilio vaticano II (1962-1965) se ha perdido en gran parte la  razón de ser de estos recintos corales dentro de las iglesias mayores.