Ritual de la Ordenación

Es la parte central de la ceremonia 

1. Comienza la Ordenación del Obispo estando todos de pie y cantando el canta el himno Veni, creador.

 

2. Después el Obispo ordenante principal y los otros Obispos ordenantes se acercan, si es necesario, a las sedes preparadas para la Ordenación.

 

PRESENTACIÓN DEL ELEGIDO

 

3. El elegido es acompañado por sus presbíteros asistentes hasta el Obispo ordenante principal, a quien hace una reverencia.

 

4. Uno de los presbíteros asistentes se dirige al Obispo ordenante principal con estas palabras:

Reverendísimo Padre, la Iglesia de Lugo pide

que ordenes Obispo al presbítero Alfonso Carrasco Rouco.

 

El Obispo ordenante principal pregunta:

¿Tenéis el mandato apostólico?

y él responde:

Lo tenemos.

El Obispo ordenante principal:

Léase.

Y se lee ahora el mandato, estando todos sentados. Se muestra al colegio de consultores, estando presente el Canciller de la Curia quien levantará acta de ello. Terminada su lectura, todos prestan su asentimiento a la elección del Obispo, cantando.

 

HOMILÍA

 

PROMESA DEL ELEGIDO

 

5. Después de la homilía, solamente el Obispo electo se pone de pie ante el Obispo ordenante principal, quien lo interroga con estas palabras:

 

La antigua regla de los Santos Padres establece que quien ha sido elegido para el Orden Episcopal sea, ante el pueblo, previamente examinado sobre su fe y sobre su futuro ministerio.

Por tanto, querido hermano: ¿Quieres consagrarte, hasta la muerte, al ministerio episcopal que hemos heredado de los Apóstoles, y que por la imposición

de nuestras manos te va a ser confiado con la gracia del Espíritu Santo?

 

El elegido responde:

Sí, quiero.

El Obispo ordenante principal:

¿Quieres anunciar con fidelidad y constancia el Evangelio de Jesucristo?

El elegido:

– Sí, quiero.

El Obispo ordenante principal:

¿Quieres conservar íntegro y puro el depósito de la fe, tal como fue recibido de los Apóstoles y conservado en la Iglesia y en todo lugar?

El elegido:

– Sí, quiero.

El Obispo ordenante principal:

¿Quieres edificar la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y permanecer en su unidad con el Orden de los Obispos, bajo la autoridad del sucesor de Pedro?

El elegido:

– Sí, quiero.

El Obispo ordenante principal:

¿Quieres obedecer fielmente al sucesor de Pedro?

El elegido:

– Sí, quiero.

El Obispo ordenante principal:

Con amor de padre, ayudado de tus presbíteros y diáconos, ¿quieres cuidar del pueblo santo de Dios y dirigirlo por el camino de la salvación?

El elegido:

– Sí, quiero.

El Obispo ordenante principal:

Con los pobres, con los inmigrantes, con todos los necesitados ¿quieres ser siempre bondadoso y comprensivo?

El elegido:

– Sí, quiero.

El Obispo ordenante principal:

Como buen pastor, ¿quieres buscar las ovejas dispersas y conducirlas al aprisco del Señor?

El elegido:

– Sí, quiero.

El Obispo ordenante principal:

¿Quieres rogar continuamente a Dios todopoderoso por el pueblo santo y  cumplir de manera irreprochable las funciones del sumo sacerdocio?

El elegido:

– Sí, quiero, con la ayuda de Dios.

El Obispo ordenante principal:

          Dios, que comenzó en ti la obra buena, él mismo la lleve a término.

6. Seguidamente todos los Obispos se quitan la mitra y se levantan. El Obispo ordenante principal, de pie, con las manos juntas y de cara al pueblo, hace la siguiente invitación:

Oremos irmáns, para que polo ben da Santa Igrexa,

o Deus de todo poder e bondade, derrame sobre este elixido

 a abundancia da súa gracia.

7. El elegido se postra en el suelo mientras se cantan las letanías, respondiendo todos; se hace estando todos de rodillas. Eltos diácono dice:

Poñámonos de xeonllos.

El cantor y la asamblea: Entonan las letanías de los santos.

 

8. Concluido el canto de las letanías, el Obispo ordenante principal, en pie y con las manos extendidas, dice:

Escucha, Señor, nuestra oración,

para que al derramar sobre este siervo tuyo

la plenitud de la gracia sacerdotal,

descienda sobre él la fuerza de tu bendición.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos:

Amén.

El diácono dice:

Podéis levantaros.

Y todos se levantan.

 

 

IMPOSICIÓN DE MANOS Y PLEGARIA DE ORDENACIÓN

 

9. El Obispo electo se levanta, se acerca al Obispo ordenante principal, que sigue en pie delante de la sede y con mitra, y se arrodilla ante él.

 

10. El Obispo ordenante principal impone en silencio las manos sobre la cabeza del elegido. A continuación, acercándose sucesivamente, lo hacen los demás Obispos también en silencio.

11. Seguidamente, el Obispo ordenante principal recibe de un diácono el libro de los Evangelios y lo impone abierto sobre la cabeza del elegido; dos diáconos, a derecha e izquierda del elegido, sostienen el libro de los Evangelios sobre la cabeza de aquél, hasta que finaliza la Plegaria de Ordenación.

12. Con el elegido de rodillas ante él, el Obispo ordenante principal, sin mitra, y con los demás Obispos ordenantes a su lado, también sin mitra, pronuncia, con las manos extendidas, la Plegaria de Ordenación:

 

Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,

Padre de misericordia y Dios de todo consuelo,

que habitas en el cielo

y te fijas en los humildes;

que lo conoces todo antes de que exista.

Tú estableciste normas en tu Iglesia

con tu palabra bienhechora.

Desde el principio tú predestinaste

un linaje justo de Abrahán;

nombraste príncipes y sacerdotes

y no dejaste sin ministros tu santuario.

Desde el principio del mundo te agrada

ser glorificado por tus elegidos.

 

Esta parte de la oración es dicha por todos los Obispos ordenantes, con las manos juntas y en voz baja para que se oiga claramente la del Obispo ordenante principal:

 

INFUNDE AHORA SOBRE ESTE TU ELEGIDO

LA FUERZA QUE DE TI PROCEDE:

EL ESPÍRITU DE GOBIERNO

QUE DISTE A TU AMADO HIJO JESUCRISTO,

Y ÉL, A SU VEZ, COMUNICÓ A LOS SANTOS APÓSTOLES,

QUIENES ESTABLECIERON LA IGLESIA

COMO SANTUARIO TUYO

EN CADA LUGAR,

PARA GLORIA Y ALABANZA INCESANTE DE TU NOMBRE.

 

Prosigue solamente el Obispo ordenante principal:

 

Padre santo, tú que conoces los corazones,

concede a este servidor tuyo,

a quien elegiste para el episcopado,

que sea un buen pastor de tu santa grey

y ejercite ante ti el sumo sacerdocio

sirviéndote sin tacha día y noche;

que atraiga tu favor sobre tu pueblo

y ofrezca los dones de tu santa Iglesia;

que por la fuerza del Espíritu

que recibe como sumo sacerdote

y según tu mandato,

tenga el poder de perdonar pecados;

que distribuya los ministerios

y los oficios según tu voluntad,

y desate todo vínculo conforme al poder

que diste a los Apóstoles;

que por la mansedumbre y la pureza de corazón

te sea grata su vida como sacrificio de suave olor,

por medio de tu Hijo Jesucristo,

con el Espíritu, en la santa Iglesia,

ahora y por los siglos de los siglos.

R. Amén.

 

13. Concluida la Plegaria de Ordenación, los diáconos retiran el libro de los Evangelios que sostenían sobre la cabeza del ordenado; uno de ellos continúa con el libro hasta el momento de entregarlo al ordenado. Se sientan todos. El Obispo ordenante principal y los demás Obispos ordenantes se ponen la mitra.

 

 

UNCIÓN DE LA CABEZA Y ENTREGA

DEL LIBRO DE LOS EVANGELIOS Y DE LAS INSIGNIAS.

 

UNCIÓN DE LA CABEZA

 

14. El Obispo ordenante principal se pone el gremial, recibe de un diácono el santo crisma y unge la cabeza del ordenado, que está arrodillado ante él, diciendo:

Dios, que te ha hecho partícipe

del sumo sacerdocio de Cristo,

derrame sobre ti el bálsamo de la unción,

y con sus bendiciones te haga abundar en frutos.

 

Después el Obispo ordenante principal se lava las manos.

 

ENTREGA DEL LIBRO DE LOS EVANGELIOS

 

15. El Obispo ordenante principal, recibiendo de un diácono el libro de los Evangelios, se lo entrega al ordenado diciendo:

Recibe el Evangelio,

y proclama la palabra de Dios

con deseo de instruir y con toda paciencia.

El diácono toma nuevamente el libro de los Evangelios y lo deposita en su lugar.

 

ANILLO

16. El Obispo ordenante principal pone el anillo en el dedo anular de la mano derecha del

ordenado, diciendo:

Recibe este anillo, signo de fidelidad,

y permanece fiel a la Iglesia, Esposa santa de Dios.

 

MITRA

17. Seguidamente, el Obispo ordenante principal pone la mitra al ordenado, diciendo:

Recibe la mitra,

brille en ti el resplandor de la santidad,

para que, cuando aparezca el Príncipe de los pastores,

merezcas recibir la corona de gloria

que no se marchita.

 

BÁCULO

18. Y, finalmente, entrega al ordenado el báculo pastoral, diciendo:

Recibe el báculo,

signo del ministerio pastoral,

y cuida de todo el rebaño

que el Espíritu Santo te ha encargado guardar,

como pastor de la Iglesia de Dios.

 

TOMA DE POSESIÓN DE LA CÁTEDRA

 

19. Se levantan todos. El Obispo ordenante principal invita al nuevo Obispo a sentarse en la

cátedra, sentándose el mismo Obispo ordenante principal a su derecha.

 

 

ACOGIDA EN EL COLEGIO EPISCOPAL

 

20. Finalmente, el ordenado, dejando el báculo, se levanta y va recibiendo del Obispo ordenante principal y de todos los Obispos un beso.

21. Mientras tanto, y hasta finalizar el rito, se canta el Salmo 95.

22. Prosigue la Misa al modo acostumbrado. No se dice el Símbolo de la fe. Se omite la oración universal.