Plántale cara al hambre. Siembra – Ante la LVII campaña de Manos Unidas

Un año más, la campaña de Manos Unidas nos interpela, recordándonos que todos somos hermanos, que no podemos mirar con indiferencia cómo poblaciones enteras viven en pobreza tal que el hambre, símbolo de la injusticia, sigue poniendo en cuestión su misma existencia y el futuro de sus hijos.

 Esta iniciativa de Manos Unidas nos recuerda que nosotros disponemos de  muchos recursos, entre los que debe contarse como el primero una conciencia clara, iluminada por la luz del Evangelio y una larga experiencia cristiana.

 No podemos confiar la solución de estos inmensos problemas sin más a Estados y Organizaciones internacionales; porque, en sí, son sólo instrumentos, necesarios sin duda, en los que se expresan los pueblos. Pero las orientaciones fundamentales que los guían deben ser afirmadas constantemente, una y otra vez, por la población que los sostiene.

 No puede darse por descontado –por el simple hecho de poseer una estructura democrática, por ejemplo– la opción por la libertad, la justicia y la solidaridad, por la paz. Al contrario, como muestra la experiencia cotidiana de cada uno, es necesario el esfuerzo de defender siempre de nuevo esta opción moral, de rechazar con conciencia lúcida otras lógicas que se ofrecen constantemente como más prácticas y que justifican sólo egoísmos y olvidos del prójimo.

 Por ello es tan significativa para la sociedad y el Estado la presencia de la Iglesia, la conciencia viva del pueblo cristiano, e instrumentos concretos como el de Manos Unidas. Nuestra fe en Dios, Padre de todos, y en Jesucristo, que ilumina mentes y corazones con la verdad sobre el hombre y el amor al prójimo, es un recurso esencial, que si es cuidado, contribuye a que esté presente con eficacia en la vida el deseo de combatir el hambre y la injusticia, pudiendo determinar incluso las grandes opciones económicas y políticas.

 Hemos de sembrar, para evitar la globalización de la indiferencia, que significaría aceptar la indignidad en nuestra propia vida y la injusticia en la sociedad.

 Nuestra participación en la campaña de Manos Unidas, colaborando en proyectos concretos y necesarios, es una forma de afirmar nuestra responsabilidad personal y social, de crecer en conciencia del protagonismo que nos corresponde a cada uno. Como nos recuerda el lema de este año, es tiempo de plantar cara, de sembrar; no permitamos que se difumine nuestro rostro y nuestro corazón.

 No temamos que disminuyan por eso nuestros recursos para atender a los que nos son más cercanos; al revés, aumentará así nuestra sensibilidad e inteligencia, nuestra capacidad de responder con solidaridad a las pobrezas que provoca de muchas maneras la crisis que vivimos.

Que nuestra aportación, de tiempo, de trabajo y de dinero, sirva para renovar nuestra fe, para permitir que determine mejor nuestra comprensión de las cosas, nuestros criterios de acción, nuestro compromiso social.

 Que responder a la llamada de Manos Unidas, saliendo al encuentro de quien nos necesita, nos haga crecer en sentido del Evangelio, en aprecio por la pertenencia al Pueblo de Dios y en amor activo e inteligente al prójimo.

+Alfonso Carrasco Rouco