Pastoral del Corpus 2016

El último Domingo del mes de mayo celebramos la gran Fiesta del Corpus Christi, en el corazón del Año Jubilar de la Misericordia, que comenzó el pasado 8 de diciembre y se clausurará el próximo 20 de Noviembre, festividad de “Cristo Rey del Universo”. La convocatoria de este ano jubilar en la Bula Misericordiae Vultusnos hacía volver la mirada al Señor Jesús:

Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra”.

“Confesar con fe firme el misterio de la fe”, honrar de corazón la presencia de Jesús Sacramentado nos invita a confiar y celebrar su misericordia, en la que se fundamenta nuestra existencia y que orienta nuestro obrar.

La procesión del Corpus es una manifestación solemne de esta certeza nuestra por  las calles de nuestros pueblos y ciudades: no podemos construir nuestra convivencia sobre la base del egoísmo, de la lucha por el poder y por el dinero. Conocer la Misericordia, que Cristo trae definitivamente al mundo, renueva la vida de cada uno y es el principio de una cultura diversa, deseosa de justicia y atenta al prójimo, cercana a todo necesitado.

De hecho, la misericordia, con todas sus obras, a las que nos invita con insistencia el Papa Francisco, está presente desde siempre en nuestro pueblo cristiano, en la práctica cotidiana de los miembros de la Iglesia de muchas maneras. Porque la misericordia genera una nueva manera de ser, una experiencia humana movida por la esperanza y la caridad ante todos los desafíos de la vida, aunque sus obras se realicen generalmente de modo silencioso, según las palabras evangélicas de que “tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda” (Mt. 6, 3).

También de modo silencioso, pero elocuente, nos sigue hablando este “sacramento” del Corpus Christi. En el pan consagrado se nos ofrece toda la misericordia del Señor, que hace suyas nuestras necesidades y miserias, y nos aporta remedio: por la Eucaristía nos une a Él, nos hace participar de su vida y de su amor, a nosotros que estamos necesitados de verdad y de justicia, de dejar atrás el pecado y la mentira, que deseamos liberar nuestra vida de la soledad y el abandono, de la destrucción y de la muerte.

En esta fiesta del Corpus, una vez más, alegrémonos por este don inmenso del amor de Dios, acojámoslo de corazón para que nos cure y de forma a nuestra vida. Así podremos ser discípulos suyos y aprenderemos a vivir según la misericordia, a estar al lado especialmente de los hermanos necesitados, de los heridos por la mentira, la violencia o la injusticia.

A ello nos invita el Papa Francisco en este Año Jubilar: “Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta de si vivimos o no como discípulos suyos.” (Bula Misericordiae vultus, 15).

Tiene, pues, mucho sentido que realicemos una colecta especial a favor de Caritas en este día de Corpus. Es un gesto que nos invita a unir la oración con la acción, a actuar con los criterios de la fe –que ha creído en la misericordia de Dios– no sólo en nuestras casas, sino también ante los desafíos de la vida social y política, en la vida privada y en la pública. Esta es realmente una posibilidad cotidiana, a la que todos estamos llamados, como nos recuerda el lema de la campaña de este año: “Practica la justicia, deja tu huella”.

Jesús Sacramentado, presente en la Santísima Eucaristía, despierta de nuevo nuestra esperanza ante la vida, y nos llama a ser protagonistas de nuestra historia personal y social, en la construcción de una sociedad más justa. Que este año nos haga especialmente conscientes de la prioridad de la misericordia, de la urgencia de sus obras, y del protagonismo de cada uno, de nuestra responsabilidad para que en la sociedad se reconozca la dignidad de todos, empezando por los más pobres y excluidos.

Que esta fiesta del Corpus sea un día particular de gracia para nosotros y nuestras familias, que nos haga sentir confortados y sostenidos por la fuerza de la misericordia del Señor. Confiemos en su Amor y alabémoslo siempre. Él puede hacer de nuestras personas y nuestras vidas instrumento suyo para bien de nuestros hermanos.

¡Feliz fiesta de Corpus Christi!

 

 

+ Alfonso Carrasco Rouco

 

Obispo de Lugo