PASTORAL DE CORPUS CHRISTI – DÍA DE LA CARIDAD

Queridos hermanos,

El próximo domingo, 6 de junio, la Iglesia nos invita a celebrar de nuevo la gran festividad del Corpus Christi. En este día hacemos memoria solemne de Jesús, el Señor, que entregó su Cuerpo y su Sangre en la Cruz para nuestra salvación y que se nos dio en alimento, sin merecimiento algún por nuestra parte. Ante este misterio de la fe, resonará de nuevo, de modo especial, la alegría que cantaba el pregón pascual: ¡oh feliz culpa que nos mereció tal redentor!

Nuestro Señor quiso que esta donación de su Cuerpo y de su Sangre fuese realidad permanente en el sacramento de la Eucaristía, de forma que ninguno de nosotros viva solo y sin esperanza en el mundo, sino unidos en comunión con Él, hasta llegar a nuestra verdadera plenitud en Dios.

Cristo se queda con nosotros para incorporarnos a Él, y para que formemos con Él su Cuerpo Místico, la Iglesia, llamada a ser sacramento de salvación para la humanidad. Participamos así su misión, siendo testigos vivos de su obra de misericordia y de regeneración de la humanidad; porque el Señor quiere mostrar en nosotros, a pesar de nuestras debilidades, la grandeza de su salvación, capaz de rescatar a todos y a cada uno.

En este año Cáritas nos propone a todos como lema: "Si no te convence ESTA SOCIEDAD MERCANTIL, ofrece sin pedir nada a cambio", dentro de la campaña permanente en torno a: "Una sociedad con valores es una sociedad con futuro".

De hecho, el futuro de nuestra sociedad -de nuestras vidas- depende de qué es lo que más amamos, de dónde ponemos nuestros afectos principales, de llegar a saber apreciar la verdad, el sacrificio y la gratuidad. Menos no es digno del hombre ni construiría una convivencia justa.

Nosotros, ante el santísimo sacramento de la Eucaristía, comprendemos que la gratuidad radical de Áquel que nos amó hace posible nuestra vida. Descubrimos así que propio del hombre es ser construido y construir con amor y gratuidad. Que así florece nuestra dignidad y la capacidad de trabajar haciendo el bien día a día, sin rendirse ante las dificultades. Y aprendemos también nosotros lo que es amar, dar sin pedir nada a cambio.

Por eso sabemos también que el puro ser "mercantil" no puede definir nuestro mundo y la sociedad en que vivimos, ni se puede construir una vida buscando el lucro por encima de todo. Es más, vemos hoy que la economía misma no puede sobrevivir sin unas relaciones humanas mínimamente verdaderas, sin hombres dignos de confianza.

Aunque a nuestro alrededor veamos frecuentemente entronizado el consumismo o intereses egoístas de cualquier tipo, y menospreciadas las personas, nosotros tenemos que guardar en el corazón nuestra fe, la alegría por el amor del Señor presente en la Eucaristía, y procurar seguir su mandamiento nuevo con generosidad.

Nuestra forma personal de vida surge del estar en comunión con Jesús. Alimentarnos con el Pan vivo bajado del cielo nos hará siempre crecer en nuestra nueva condición de hijos de Dios y en la conciencia de la dignidad de nuestro prójimo, y nos llevará a amarlo con gratuidad, para construir nuestra sociedad como una verdadera familia de hermanos que tienen un mismo Padre.

Que la presencia pacífica y luminosa en la santísima Eucaristía de nuestro Señor, que adoramos en las diversas procesiones en este día, nos dé a todos nuevo aliento en nuestro caminar y haga fructificar generosos proyectos de donación en favor de la sociedad y de todos los necesitados. Que el alimento del Cuerpo de Cristo nos sostenga en las dificultades, en los sufrimientos y enfermedades, y delante de la muerte misma sea para nosotros viático de vida eterna.

Y que Dios bendiga en esta gran fiesta nuestras familias, parroquias y ciudades, y nos conceda a todos la alegría de una unidad verdadera en la fe y en el amor.

+ Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo