La fe de un pueblo

Para ayudarnos a comprender y vivir mejor esta forma de “piedad popular” que es la celebración de nuestra Semana Santa, puede ser útil escuchar de nuevo al Papa Francisco, que, a este respecto, insiste en recordarnos que el Evangelio ha de encarnarse siempre en un pueblo y en una tierra, en una cultura; de hecho, en muchas tierras y en muchas culturas. Porque la cultura no se reduce a folklore; sino que abarca la totalidad de la vida de un pueblo, su forma de relacionarse con todas las cosas, con los hombres y con Dios. La dinámica propia de la Encarnación es la inculturación en el Pueblo de Dios en un tiempo y en un lugar determinado.

Subraya así Francisco, en continuidad con el Vaticano II, el protagonismo del Pueblo de Dios, de la experiencia vivida de todos sus miembros, de una fe abierta al mundo entero y a todas las culturas.

En este horizonte hemos de entender también nosotros esa gran expresión de “religiosidad” popular que es la tradición lucense de la Semana Santa. No se trata simplemente de un conjunto de ejercicios piadosos, complementarios a los grandes gestos litúrgicos de realización de la fe, sino de una forma de vivir el propio ser cristiano en todas sus dimensiones, privadas y públicas, y de manifestar el propio amor por el Evangelio.

Valoremos, pues, las celebraciones de nuestra Semana Santa como la expresión vital de un Pueblo con una identidad precisa y concreta, que no se celebra a sí mismo, sino que tiene en su centro y en su corazón al Señor Jesús y la fe en Él, cuyos pasos en el camino de la Pasión honra, medita y pone ante los ojos de toda nuestra ciudad: su entrega en la Última Cena, su sacrificio en la cruz, la Caridad de su Corazón, acompañado siempre por la Santísima Virgen María, su Madre, unida a Él también en los mayores dolores, la soledad y la angustia, hasta el día de la Resurrección gloriosa.

El conjunto de actos y procesiones que nos proponen estos días nuestras Cofradías tiene un gran valor. Son gestos cargados de fuerza misionera, que significan una presencia propositiva de la fe, de la experiencia y de la cultura cristiana en nuestra ciudad.

Que el Señor les premie su obra a todos los que nos han transmitido la vida de la Iglesia y, en particular, a aquellos que hacen posible esta expresión de nuestra “piedad popular” lucense. Y a nosotros nos dé saber vivir en la fe una Semana Santa más, unidos como Pueblo de Dios, para que nuestra presencia sea en nuestra tierra manifestación visible y palpable de vida buena, de una humanidad que la fidelidad al Evangelio renueva permanentemente en todas sus dimensiones: inteligencia, sensibilidad y corazón.

Alfonso Carrasco Rouco,

Obispo de Lugo