Carta Pastoral Domund 2009

 

La Palabra de Dios, luz para los pueblos

Domund 2009

 

Queridos hermanos,

Este domingo 18 de octubre celebramos un año más la Jornada del Domund, y haremos una gran colecta a favor de las obras misionales de la Iglesia universal.

Antes de su Ascensión, el Señor pidió a sus discípulos que llevasen la luz del Evangelio a todas las naciones, hasta los confines del mundo. Nos dio con ello participación en la obra ciertamente más decisiva para el destino de los pueblos y de las personas. Ya que, iluminados por la Palabra de Dios, conociendo mejor la verdad sobre nuestra situación como hombres en el mundo, acogiendo con gozo el amor y la misericordia del Padre, y la gracia que refuerza y anima corazones e inteligencias, será posible a las personas y a las naciones llevar a buen puerto su camino histórico. Será posible lo que la experiencia de cada día parece mostrar como algo imposible en la práctica. Se podrán dejar atrás enemistades, guerra y corrupción, dar a la propia vida una forma buena, animada por aquella esperanza de salvación que permite a quien sería débil y pequeño no hundirse en las dificultades, afrontar el mundo viviendo en la verdad y mantener siempre un amor paciente e inquebrantable.

La salvación de las personas, la forma de su vida y la de los pueblos, necesita la luz de la Palabra de Dios, necesita a Jesucristo, que ninguna ideología o ninguna figura humana puede sustituir, por poderosas que sean o parezcan.

Celebrar el Domund, participar de la misión ad gentes, es esencial para nuestro propio ser cristianos. Para que nuestra fe tenga el aliento universal sin el cual muere; pues no podemos creer de corazón en nada que no sea verdadero para todo hombre, que no nos lleve a abrazar todas las dimensiones de la vida y del mundo. Y porque en la misión nuestro amor vive el gozo de la entrega a nuestros hermanos, del servicio concreto a los más necesitados, y experimenta la unidad y la comunión más allá de todos los muros que separan a los hombres. La participación en la misión despierta en nosotros, de modo nuevo, la certeza de que Jesús es el Señor, el Salvador del mundo.

No podemos dejar de recordar hoy y dar gracias a Dios por tantos misioneros y misioneras, hermanos nuestros, que dedican su vida al anuncio del Evangelio incluso “en situaciones de persecución, con formas de opresión que van desde la discriminación social hasta la cárcel, la tortura y la muerte” (Benedicto XVI, Mensaje para la jornada mundial de las misiones, 29-06-2009). Muchos son incluso seres queridos y conocidos, familiares y amigos, miembros de nuestra Iglesia. Nunca les agradeceremos bastante su testimonio de fe y de amor, dado en medio y a favor de los hombres, en la obediencia filial al Padre.

Que en esta jornada del Domund el Señor aumente en nosotros, por su Espíritu, la alegría profunda de la fe y la pasión por comunicarla; el gozo ante las maravillas que cumple en nuestros misioneros y misioneras, y el deseo de estar a su lado, con nuestro testimonio diario en medio del mundo, con nuestros medios espirituales y materiales, y, si Dios quiere, con la entrega de nuestra propia persona en la vocación misional.

Este es el don más grande que hemos de pedir al Señor, por intercesión de la Virgen María, de la que nos ha nacido la Palabra hecha carne, Jesús, luz que alumbra a las naciones y gloria de su pueblo, gloria y esperanza nuestra.

 

+ Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo