Carta pastoral del obispo de Lugo – Domund 2010

 

 

 

Queremos ver a Jesús

Obispo de Lugo 

La celebración de la Jornada Mundial de las Misiones este 24 de octubre, con su colecta extraordinaria, nos ofrece a todos la ocasión de renovar el compromiso de anunciar el Evangelio y nos invita a dar a nuestra actividad y a nuestra vida un aliento misionero.

Sabemos que el deseo de encontrarse con el prójimo y comunicarle la fe profunda que guia nuestra vida, nace sólo del amor, que supera toda lejanía y extrañeidad, y hace mirar a todos y a cada uno como a hermanos, de la misma carne y de la misma sangre, hijos del mismo Padre y destinados a la misma plenitud de vida en Dios.

Y este amor, que supera las fronteras y limitaciones, que mueve al hombre más allá de la pura defensa de los propios intereses y lo hace capaz de entrega y sacrificio, hasta dar la vida como testimonian tantos misioneros y misioneras que admiramos, brota del Señor, lo podemos conocer ante Jesús, el Hijo de Dios, que nos amó hasta dar su vida por nosotros. Conociendo el amor de Dios, podemos amar también nosotros al prójimo, como Cristo nos ha amado.

De ahí el lema de la Jornada de este año: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21), queremos encontrarnos con Aquel cuya humanidad vive sólo del Amor y es capaz de iluminar la vida y salvar el mundo.

La celebración del Domund nos invita, pues, a todos a cuidar nuestra vida cristiana, a permanecer cercanos siempre a la Eucaristía, presencia máxima de Jesucristo y del Amor en el mundo, a participar en su celebración y a dar tiempo a su adoración, a escuchar siempre la Palabra del Señor, el Evangelio que resuena cada día y cada domingo en su Iglesia.

Esta cercanía personal al Señor se manifestará en el amor que mueve nuestra existencia. Podemos decir incluso: si me falta el aliento misionero, si me falta esta caridad que vence distancias y convierte en hermano al ajeno, debo volver con Jesús, en la comunión de la Iglesia.

La Jornada Mundial de las Misiones nos invita, pues, a renovar la dinámica más honda de la fe, de nuestro corazón. Por ello, consciente de que es un gran bien en primer lugar para todos nosotros, con palabras de nuestro Papa Benedicto XVI “renuevo a todos la invitación a la oración y, a pesar de las dificultades económicas, al compromiso de la ayuda fraterna y concreta para sostener a las jóvenes Iglesias” en las tierras de misión más lejanas.

Con ello expresaremos también nuestro reconocimiento y cariño profundo a los misioneros y misioneras entregadas al anuncio del Evangelio, de la llegada del Reino de Dios. Muchos han salido de nuestras comunidades y son nuestro orgullo. Que con ellos sepamos abrirnos todos a la cooperación misionera entre las Iglesias y hacer resonar en el corazón de cada persona el anuncio del Evangelio, para que sea fuente de libertad, paz y fraternidad entre gentes de diferentes orígenes y mentalidades, también en nuestros pueblos y ciudades.

Que la Virgen María, por cuya respuesta generosa y de cuyo seno brilló para siempre en el mundo el Amor de Dios,  interceda ante su Hijo por todos nosotros, para que aliente siempre en nuestros corazones su Espíritu de caridad y recompense abundantemente todas las oraciones, sacrificios y donativos entregados por cada uno a favor de las obras misionales de la Iglesia.

 

Lugo, a 19 de octubre de 2010 

 

+  Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo