Carta Pastoral con motivo de la solemnidad del Corpus Christi

Queridos hermanos,

El próximo domingo 23 de junio celebraremos de nuevo llenos de alegría la gran fiesta del Corpus Christi. En este día expresaremos públicamente lo íntimo de nuestra fe en Jesucristo, a quien hemos recibido de corazón como verdadero Señor, de quien hemos aceptado la comunión de su Cuerpo y de su Sangre, cuya victoria alcanzada en la cruz y la resurrección dura para siempre. Y, al mismo tiempo, honrando a Jesús Sacramentado, recordaremos que la caridad es el principio y el camino de una vida plenamente humana; pues la vemos realizada en Él, que se ha entregado por nosotros, y participamos de ella, entrando en comunión con Él y dejándonos conducir por su Espíritu de amor.

El día de Corpus es el día de la Caridad, que llenó el Corazón del Señor y ha de llenar el nuestro, y renovar el mundo. No podríamos profesar nuestra fe en el misterio de la Eucaristía, dar testimonio solemne de ella en la fiesta del Corpus, y no reconocer a Jesús presente en el hermano y en el pobre. Celebramos este día el misterio de la caridad más real, la contemplamos en el Santísimo y alimentamos con ella nuestra vida; no podemos contradecirla, negarla ante el hermano necesitado.

También cuando este año, el domingo de la octava de Corpus, se festeje en nuestra Catedral el 350 aniversario de la Ofrenda del Reino de Galicia al Santísimo Sacramento, estaremos celebrando este misterio de Caridad, la realidad de este Amor perenne, de la Comunión ofrecida como fundamento de nuestro existir, de nuestros valores más íntimos, de nuestra esperanza en esta tierra. Proclamaremos nuestra certeza de una vida sin miedo a la muerte, que atraviesa los siglos vencedora de la mentira y la injusticia; que nos hace esperar por nuestros seres queridos, por nuestros hermanos, no sólo 350 años, sino por toda la eternidad.

El culto eucarístico ha sustentado desde siempre la vida de nuestras parroquias y pueblos, y constituyó como un lugar, una escuela de caridad, de convivencia y de cercanía fraterna. Ante la Eucaristía sabemos que somos conocidos, que somos amados por el Señor, y que tenemos todos una misión en el mundo que sólo se cumple en la caridad. Jesús Sacramentado llama constantemente a cada uno a desarrollar y poner en acción sus talentos, a no paralizar la caridad, dándole forma según exija la realidad de la vida.

Con ocasión del aniversario de la Ofrenda y contemplando así también el inevitable paso del tiempo, quisiera recordar en particular en esta fiesta de Corpus a los ancianos y a todos aquellos que están enfermos –en el cuerpo y en el alma–, a los que sienten con mayor urgencia la necesidad de esperanza. En efecto, “a todos y a cada uno se dirige el llamamiento del Señor: también los enfermos son enviados como obreros a su viña. El peso que oprime los miembros del cuerpo y menoscaba la serenidad del alma, lejos de retraerles del trabajar en la viña, los llama a vivir su vocación humana y cristiana y a participar en el crecimiento del Reino de Dios con nuevas modalidades, incluso más valiosas” (San Juan Pablo II, ChL 53).

Para la fe verdadera ninguna vida es insignificante, como indica la campaña de Caritas diciendo a cada uno: “Pon en marcha tu compromiso para mejorar el mundo”. Cáritas, que es la Iglesia en su servicio de diaconía, nos recuerda que tenemos una misión encomendada por el Señor, que será un bien para nuestros hermanos, nuestra sociedad y la “casa común” en que vivimos, y que todos somos necesarios.

La celebración del Corpus Christi, que nos ayuda a mantener viva la memoria del Amor del Señor, a guardar la fe y la esperanza en su Nombre, nos enseña al mismo tiempo a reconocer el valor único de cada persona humana, hecha a imagen y semejanza de Dios, a no despreciar a ninguna, a tratarla con mayor amor cuánto más necesitada se encuentre.

Contemplemos al Santísimo estos días no sólo en el bullicio de la fiesta, sino también en el silencio del corazón. De este modo aprenderemos a escuchar la palabra del Señor y la voz de los hermanos, podremos adorarlo a Él y buscar el mejor modo de amar al prójimo.

Que la celebración y la solemne procesión de este año sea ante todo una acción de gracias a Dios por el don inmenso del Cuerpo de su Hijo, por Jesús Sacramentado. Pidámosle que renueve nuestra fe, que dirija nuestro corazón en su caridad; y encomendémosle con confianza el bien de nuestros seres queridos y de nuestro pueblo.

¡Que este día de Corpus el Señor bendiga a cada uno, a nuestras casas y familias!

¡Feliz fiesta de Corpus Christi!

+ Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo