2 de febrero. Jornada mundial de la vida consagrada

VEN Y SÍGUEME

Vida consagrada y nueva evangelización

 Un año más celebraremos este día 2 de febrero, festividad de la Presentación del Señor en el Templo, la Jornada mundial de la Vida Consagrada, con el recuerdo de la reciente Jornada Mundial de la Juventud en Madrid y en el horizonte del próximo Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.

  Nos encontraremos a las 20h. en nuestra Catedral lucense para celebrar unidos la Santa Misa, y así obedecer a la palabra del Señor: ven y sígueme. La raíz de nuestro ser consagrados está en Su presencia y en la llamada a la comunión con Él, a seguirlo en su camino hasta la cruz. Lo hacemos acogiendo el don de su Cuerpo y de su Sangre, en el estuportante tal manifestación de la singularidad incomparable de su amor, de su Persona, de su misión en favor nuestro. Su resurrección enraizará en nuestro corazón de discípulos para siempre la certeza de la verdad definitiva de su obra y de sus palabras, de su entrega y de su permanencia con nosotros hasta el fin de los tiempos.

  Él se consagró al Padre, desde el inicio y hasta la plenitud de la obediencia en la cruz; de modo que toda su existencia se convirtió en testimonio dado al Padre, al Amor de Dios que lo envía para que el mundo se salve por Él.

 Cualquier miembro de un instituto de vida consagrada es, pues, signo e instrumento precioso, como un sacramento para el encuentro del hombre con Dios, también en nuestro tiempo.

  El testimonio del amor, dado luego según el carisma de cada uno, abrirá los caminos del corazón en el prójimo y hará presente el Evangelio del Reino en los diferentes lugares y circunstancias.

 Hemos de fiarnos verdaderamente del carisma recibido y de la misión propuesta. Es la forma histórica de nuestra vocación por el Señor, de nuestra pertenencia a Él; y de nuestra respuesta en la radicalidad de un amor obediente, casto y pobre. Sabemos que Él ha iniciado esta historia con nosotros y tiene poder para llevarla a término. Él nos acompaña y así, en esta obediencia, dando testimonio de nuestro seguimiento a su voluntad, cumpliremos nuestra misión evangelizadora siempre de nuevo, sin que lo impida el cansancio y ni siquiera nuestras propias debilidades. Su gracia nos basta, día a día. Nuestros hermanos, y el mundo de hoy, esperan y necesitan el testimonio de la vida consagrada, de la alegría, la certeza y el amor de quien ha conocido al Señor y le ha entregado su corazón, de quien ha sido escogido, amado y enviado por Él.

  Que nuestra comunión en la Iglesia, cuya fuente y cima están en la celebración de la santísima Eucaristía presidida por el Obispo diocesano junto con sus sacerdotes, sea roca y defensa de la vocación, del camino personal y de la misión de cada uno en medio del mundo.

 Que la Santísima Virgen María, que presentó y confió al niño Jesús al Padre, sea nuestra madre e intercesora; que nos lleve igualmente en sus brazos unidos a la entrega y la consagración del Hijo al Padre, iniciada en el Templo, culminada en la cruz y fuente de resurrección y vida para siempre.

Lugo, 25 de enero de 2012

+ Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo