Monseñor Alfonso Carrasco Rouco, nuevo Obispo de Lugo

        Ordenación

          La Catedral y la ciudad de Lugo vivieron un momento histórico la mañana del día 9 de febrero. La ordenación episcopal de Mons. Alfonso Carrasco Rouco como Obispo de Lugo congregó a autoridades civiles y militares, obispos de toda la geografía española, a fieles de Lugo, amigos y familiares del nuevo obispo, sacerdotes de las diócesis de Lugo, Mondoñedo y Madrid y cientos de personas que se desplazaron desde Vilalba, su tierra natal y Madrid, en donde ejerció la docencia como profesor y decano de la Facultad de Teología San Dámaso.

        Los actos se iniciaron a la 9 de la mañana cuando el nuevo obispo, procedente de Vilalba, hace una parada en la Iglesia parroquial de Rábade, la primera parroquia de la Diócesis de Lugo en su trayecto hasta Lugo. Allí, acompañado por el párroco del lugar, Francisco García Campo y otros sacerdotes del Arciprestazgo, ora ante el altar. Llegado a Lugo, repite este gesto en la parroquia de Santiago a Nova, como símbolo de la acogida en la ciudad. Finalizada la oración, a las diez de la mañana se encaminó hacia en obispado en compañía del Administrador diocesano hasta la fecha, Gonzalo Fraga Vázquez y la comitiva episcopal. En estos momentos en el obispado se están recibiendo ya a los primeros invitados: familia, autoridades y obispos. El administrador diocesano les da la bienvenida y los acoge en el palacio episcopal.

         Mientras tanto los miembros de la organización de la ceremonia religiosa van situando a la gente que acude a la Catedral en los lugares que tienen reservados. La familia y las autoridades se colocaron en el coro y en el crucero de la parte norte de la basílica lucense. En torno a la girola, crucero sur y nave derecha se situaron los sacerdotes concelebrantes. Y en la parte de atrás de ésta última, capilla de Buen Jesús y toda la nave izquierda estuvieron abarrotadas por la presencia de los fieles. Para que todos ellos pudiesen seguir la ceremonia sin dificultades, se habilitaron también las capillas de San Froilán y del Pilar, así como el atrio exterior, donde, a través de pantallas de video, todos los asistentes pudieron seguir la ceremonia. En total se colocaron 14 pantallas por todo el recinto. Los seminaristas llenaron la Capilla de la Virgen de los ojos Grandes.

         A las 11.30 sale del obispado y se dirigió a la Catedral. En este trayecto estuvo acompañado por dos sacerdotes asistentes, el Administrador Diocesano, el Card. Arzobispo de Madrid, el Arzobispo Metropolitano, el Nuncio da S. Santidad en España, el Presidente da Conferencia Episcopal, el obispo de Ratisbona y dos canónigos. En la Catedral, en la puerta principal, fue recibido por el Presidente del Cabildo y demás canónigos.

        La ceremonia de ordenación, presidida por al Cardenal – Arzobispo de Madrid, comenzó a las 12.00 y se prolongó hasta las 14.30h. DEspués de la invocación al Espíritu Santo, pidiendo que descienda sobre el elegido dos presbíteros presentaron al ordenado. El obispo ordenante le preguntó, según el ritual, si tenían el mandato apostólico del Papa. Con este acto se pone de manifiesto como el obispo está vinculado por una parte al pueblo y, por otra, debe estar en comunión con todos los obispos del mundo, particularmente a través de su vinculación con el Romano Pontífice.

        Después de la homilía el obispo presidente le preguntó si quería consagrarse al ministerio episcopal, anunciar con fidelidad y constancia el Evangelio, conservar el depósito de la fe, edificar la Iglesia, obedecer fielmente el Papa, cuidar del pueblo de Dios y de dirigirlo por el camino de la salvación, ser bondadoso y comprensivo con los pobres, los inmigrantes y los necesitados…

        A continuación se cantanron las letanías de los santos, mientras el ordenado se postraba en el suelo. Finalizado este rito, el obispo ordenante principal le impuso en silencio las manos sobre la cabeza del elegido. Los demás obispos repitieron ese gesto, que significa una transmisión de poder y la comunicación del Espíritu.

        Después de la oración de la ordenación, que expresa las líneas principales de la función episcopal, el ordenante colocó el libro de los Evangelios sobre la cabeza del obispo electo, indicando que una de sus tareas es la de anunciar la Palabra de Cristo.

        Los ritos complementarios estuvieron constituidos por la unción con el Santo Crisma sobre la cabeza del obispo electo como significado del don del Espíritu. Se le hizo entrega también del libro de los Evangelios, como signo de su misterio profético, de anillo, como esposo de la Iglesia y signo de fidelidad con ella, de la mitra, signo del esplendor de la santidad de su ministerio y del báculo, signo del ministerio pastoral.

        Puestos todos en pie, el ordenante invitó al nuevo obispo a que ocupe su cátedra (toma de posesión). A partir de este momento el nuevo obispo continuó presidiendo él la celebración de la Eucaristía.

       Concluida la oración de después de la comunión el nuevo obispo recorrió la catedral bendiciendo la todos y regresó a la cátedra para dirigir unas palabras los asistentes e impartir la bendición final.