Lo que importa no es el dinero. Jueves de la IV semana de Cuaresma (26-3-2020)

Queridos hermanos:
El testimonio que hoy el Señor nos da en el Evangelio nos interpela profundamente : «¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?»
Nos recuerda la escena inicial que escuchamos en la primera Lectura cuando, olvidando al Dios que les había salvado, los hijos de Israel, al poco tiempo, al primer momento de descanso, de pausa, cuando les pareció que quedaba lejos lo vivido cuando Dios les había ayudado a salir de Egipto, hicieron un toro de metal para adorarlo.
Debemos de ver esto que hizo el pueblo de Israel y entenderlo en el hoy: quizás nadie haría hoy un toro de metal pero, al igual que aquel pueblo de Israel, sí adoramos al mismo metal. Nadie haría hoy un becerro de oro para adorarlo pero al oro sí lo adoraríamos.
El oro es la gloria de la que el Señor habla en el Evangelio de hoy: «No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros». Si esta «gloria de los hombres» es la que importa, si aquel que tiene más y es, por un instante, considerado el más importante en el horizonte de este mundo, no podemos creer en el Señor. Pero no porque sea difícil o porque no haya razones, motivos, obras, sino «porque vosotros no queréis, queréis y buscáis otras cosas», diría Jesús.
Nosotros hoy debemos comprender que esta tentación la seguimos teniendo: Es el dinero el que resuelve las cosas y a quien se dedica vida. Quien tiene dinero importa más a los ojos del mundo y merece mejor cuidado. Quien tiene más gloria es más importante y debemos cuidarlo de otra manera. Pero los hechos, la vida, la realidad nos dice que no, que la verdad no es así, que no somos así. Sin embargo no queremos mirar esta realidad y seguimos diciendo: «lo que importa es el dinero, el que cada uno tiene».
Los cristianos sabemos que esto no es así. Sabemos que la gloria no nos la tenemos que dar los unos a los otros porque no dependemos así los unos de los otros: nosotros cuidamos lo que podemos la vida del hermano pero no podemos salvarla, se nos escapa de las manos. La gloria verdadera nos viene de Dios: la esperanza en la vida eterna y también aquello que hace grande esta vida. Es grande lo que haces cuando sabes que amas de corazón al hermano, al que no atiendes porque sea más rico que el pobre al que debes también atender. Es grande lo que haces no porque un día te vayan a devolver el favor sino por la Verdad que hace a todos dignos, destinados a la vida y a la salvación. Afirmemos esto hoy y siempre, en todas las circunstancias de la vida.
+Alfonso