Con el Amor y la Misericordia de Dios seremos libres

Estamos celebrando el Jubileo extraordinario de la Misericordia, convocado por nuestro Papa Francisco.Las celebraciones y procesiones, nuestras devociones de esta Semana Santa, pueden ayudarnos a recordar -o a descubrir- que la vivencia de la misericordia está en el centro de toda nuestra existencia cristiana, que no se trata en absoluto de algo sólo sentimental o secundario dentro de las luchas y tareas de la vida.

El Hijo de Dios ha entrado em nuestra historia, se ha hecho hombre, ha nacido de la Virgen María. Y, como quien ama hasta el final, quiso quedarse con nosotros, llegando hasta la cruz y la resurrección, para asegurar nuestra vida, nuestra victoria sobre el mal, la injusticia y la muerte.

Con Jesús, el Señor, desaparece la oscuridad interior, el no saber para qué vivir, para qué sufrir o sacrificarse. Desaparece el miedo, porque Su amor es fiel. Él se compadece de nuestras miserias y, en primer lugar, de nuestra infidelidad, de la ambigüedad y falsedad del corazón, del pecado cometido; sabe perdonar.

Esta verdad, que celebramos en todos los actos de esta Semana, que contemplamos en nuestros pasos y procesiones, nos acompaña y sostiene a lo largo del año, especialmente a través de los sacramentos de la reconciliación y de la Eucaristía

No renegar de esta verdad profunda, de Jesucristo, a quien honramos estos días en su Pasión y Resurrección, es una opción fundamental que determina la manera de vivir de cada uno. Conociendo el Amor y la Misericordia de Dios, seremos libres en cualquier circunstancia, porque nadie podrá arrebatarnos al que es la paz de nuestro corazón.

Y tendremos un criterio de juicio nuevo y propio, que recordamos especialmente en la Semana Santa y que puede transformar el mundo: amar como Él nos ha amado.

+ Alfonso Carrasco Rouco.

Obispo de Lugo