AL INICIO DEL AÑO JUBILAR SACERDOTAL

Querido hermano,

 Está a punto de cumplirse el segundo mes de este Año Jubilar Sacerdotal, convocado por S.S. Benedicto XVI en el 150º aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, el Cura de Ars.

 En el segundo número de nuestro Boletín encontrarás el texto con el que el Papa acompañó el inicio del Año Jubilar, así como otras dos alocuciones suyas significativas a este respecto. Es una invitación a leerlos con calma. No sólo Benedicto XVI, sino por su medio la Iglesia universal misma, manifiesta con esta iniciativa la importancia primerísima que tienen los sacerdotes, su presencia, su vida y misión, para la existencia de la Iglesia. Pienso que el Espíritu Santo viene así al encuentro también de nuestras necesidades más íntimas.

 Aprovechemos, por tanto, las gracias e indulgencias de este jubileo. Verás en el Decreto que se publica las grandes facilidades que se nos ofrecen a los presbíteros para lucrar la indulgencia plenaria en este Año. Acojamos con gozo esta oportunidad que nos brinda la misericordia de Dios para expiar nuestras faltas, en particular con respecto a nuestro ministerio, y las de nuestros hermanos sacerdotes difuntos.

 En el Decreto diocesano se indica luego el modo en que los fieles pueden también ganar la indulgencia plenaria. Hemos optado, según la tradición de nuestra Diócesis, por unirla a la celebración de un acto eucarístico en jueves.

 Tomad esta propuesta como una buena ocasión pastoral. En primer lugar, porque hace posible que nuestros fieles se acerquen al misterio de la reconciliación y de la misericordia, a través de la confesión, la indulgencia y la renovación del amor eucarístico, sin el cual la Iglesia no puede vivir.

 La celebración de estos actos, en segundo lugar, es una invitación a los propios fieles a manifestar y a crecer en su valoración del sacerdote, en el afecto real por su persona, a través de la oración por aquellos que ejercen su ministerio en la propia parroquia, por los que lo ejercieron con anterioridad, también por los ya difuntos, y, al mismo tiempo, por las vocaciones sacerdotales necesarias para el futuro.

 Todo ello será un bien para nosotros mismos, los presbíteros. En particular, puede ser un medio importante para que crezca la unidad profunda, vivida en el afecto, entre los fieles y sus sacerdotes.

 Procuraremos hacerte llegar en breve algún tipo de subsidio litúrgico, que facilite la celebración de estos actos.

 Quiero invitarte, en fin, a vivir intensamente este Año Sacerdotal. Con la meditación sobre nuestra propia vocación en medio de la Iglesia y al servicio de la salvación de todos los hombres, con la petición de perdón y de misericordia, con la búsqueda de una verdadera fraternidad en la fe don nuestros fieles. Es el deseo de la Iglesia y, por su medio, del Señor. Y es también nuestra primera urgencia personal y pastoral.

 Que la Virgen María, Reina de los Apóstoles y Madre de los sacerdotes, sostenga siempre el “sí” que hemos dado un día de corazón, y nos acompañe siempre en el camino de este Año Jubilar.

 

Lugo, 14 de agosto de 2009